Un documento de Francisco Caja enviado a Albert Rivera al que ha tenido acceso el directe.cat revela el objetivo de Ciudadanos de crear tensiones sociales con la lengua y de devolver el catalán a la situación de 1978.
En mayo de 2011 el presidente de Convivencia Cívica, Francisco Caja se dirige al presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, para tranquilizarle. Meses antes se producía la primera gran manifestación del 10-J contra el fallo del Estatut y 1,5 millones de personas salían a la calle para reclamar la independencia. Caja dice a Rivera que esté tranquilo que FAES y Denaes les ayudarán a conseguir que en 2013 o en 2014 miles de padres se rebelen contra la inmersión lingüística, pero que de momento “cuesta mucho que los padres se muevan” porque ven muy violento “marcar” a sus hijos. Caja le reprocha que no busque acuerdos con “Alicia” y explica Rivera que el momento estratégico de “noquear” el catalán y “devolverlo a las masías” vendrá con el momento político y augura que entre todos devolverán el catalán a la situación de 1978, es decir, a “matarlo de hambre y desproveerlo del prestigio que ha obtenido a costa del castellano”.
La vía Ulster a través de la lengua
Caja augura que CiU y ERC se pondrán de acuerdo en la aventura “secesionista”, pero que “la aventura independentista se podrá descarrilar con facilidad desde el Estado, con o sin intervención militar”, y añade que incluso en el caso de que la secesión fuera adelante, la lengua sería una herramienta formidable “para fulminar el nuevo Estado” porque tendrían “un campo abonado para la revuelta” en el momento en que los separatistas movieran ficha por “imponer su idioma”, y asegura que aunque los de ERC pasen del tema, esto es pura estrategia. “Entonces será un arma considerable para desestabilizar” el estadito “catalán de cartón piedra”, porque se les irá la mano al querer corregir la debilidad del idioma por la falta de natalidad que tienen.
A la espera de la estallido de la mayoría castellanohablante
Caja asegura que “la mujer catalana, tan sensual ella, les ha salido estrecha a la hora de parir” y señala que será entonces “como se lo haremos pagar” y la profecía de Don Leopoldo sobre la aportación de la inmigración tomará cuerpo y la población mayoritariamente castellanohablante “estallará”. Caja argumenta que esto será así por la comodidad de la población con el castellano y la incomodidad con el catalán, que hará que la gente se rebele.
Rivera, el ‘elegido’ para rematar el trabajo que Franco no terminó
Caja continúa la misiva mostrándose convencido de que tarde o temprano el castellano volverá a “señorear” en Cataluña, y no sólo en los tribunales y en la economía, y dice a Rivera que su papel en esta “noble acometida” será decisivo y que “Ciudadanos debe ser el máximo beneficiado de la guerra de la lengua. Una guerra que ganaremos contra los que quieren imponer un idioma del pasado que, por desgracia, Franco no terminó de poner en su lugar”.
El acto del teatro Goya colofón de la catalanofobia
Caja se despide de Rivera explicando que estas “reflexiones” son para tranquilizarlo y que pronto se verán. Casi un año después, Ciudadanos, el PP, Convivencia Cívica y otras entidades españolistas pactaron el camino para acabar con la inmersión lingüística, en un acto lleno de violencia dialéctica que llenó el teatro Goya. Francisco Caja en el acto aseguró que “La inmersión lingüística es a todas luces incompatible con la democracia”, y Rivera sentenciaba que: “Hemos tenido mala suerte, los catalanohablantes y castellanohablantes, porque cuando se toma una lengua, una raza o una religión como un patrón único excluye a parte de la población”.
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