La Feria de Abril y la catalanidad real

La trampa siempre es la misma:

Lo que vale para las identidades normales, es decir las que tienen un Estado detrás, pongamos las identidades española y francesa, no vale para la identidad catalana.

El colonialismo siempre funciona igual: otorga más derechos al fuerte y poderoso que al débil y subalterno, impone más deberes al débil y subalterno que al fuerte y poderoso. Es lo que ocurre, a escala identitaria, en el conflicto entre Cataluña y España, entre la catalanidad y la ‘castellano españolidad’.

Por ejemplo: las identidades “normales” –ponemos comillas porque es una normalidad hecha realidad a base de todo tipo de violencias, coerciones y brutalidades que no deberían ser normalizadas– tienen el derecho exclusivo a definirse a sí mismas. Además, tienen el derecho a definirse de forma absoluta, no muy discutible y poco o nada matizable.

En el caso de la identidad catalana, en cambio, todo el mundo tiene derecho a discutirla, a proponer una definición, a reinventársela a partir de las conveniencias, circunstancias, manías y traumas de cada uno.

Esta reinvención cotidiana de la catalanidad, además, se hace sin tener en cuenta factores objetivos de ningún tipo: las características etnonacionales que marcan identidad, la continuidad histórica, la territorialidad, el imaginario y la memoria que se han creado comunalmente a lo largo de los siglos… Estos factores objetivos, naturalmente, sí se tienen en cuenta en la identidad y la identidad.

Lo hemos vuelto a ver con el intento anual por parte del españolismo de presentar la Feria de Abril que se celebra en Cataluña como una muestra plena y normal de catalanidad.

Más aún: como una muestra ejemplar y admirable de lo que desde el españolismo (y ahora ya también desde ciertos sectores del catalanismo españolizado) se llama la ‘Cataluña real’.

Sin embargo, lo de la ‘Cataluña real’ no es más que un eufemismo ideológico, una estrategia retórica, que sirve para contraponer una Cataluña castellanizada a la que muy tendenciosamente se asocian todo tipo de conceptos y de valores positivos (plural, inclusiva, abierta) a una Cataluña demasiado catalana –todavía demasiado catalana–, a la que se asocian valores y conceptos negativos (cerrada, excluyente, empobrecedoramente homogénea y monolítica).

A pesar de lo que digan el españolismo (y los sectores más españolizados del catalanismo), sin embargo, la catalanidad no es un término vacío con el que todo el mundo puede hacer lo que le dé la gana. La catalanidad se define por una lengua, una cultura, un imaginario y una memoria, y es sólo siendo fieles a esto cuando se puede matizar, cuando se puede reinventar, cuando se puede enriquecer. Si no, si se renuncia a esa lengua, esa cultura, esa memoria y ese imaginario, la catalanidad pasa a ser otra cosa.

Por tanto, a eso no se puede llamar catalanidad. Las identidades nacionales no son un todo monolítico, se reinventan, se amplían o se matizan, sí, pero una cosa es reinventar lo que uno es (poner al día la lengua que uno habla, modernizar la cultura a través de la cual uno se expresa y vehicula lo que es) y otra cosa totalmente diferente es dejarse suplantar, sustituir lo que uno es (cambiar la lengua que uno habla por otra lengua, renunciar a la cultura propia para asumir una ajena al propio territorio y a la propia tradición).

El tema concreto de la Feria de Abril en Cataluña da lugar a imposturas espantosas, sí.

Hay españoles de izquierdas, por ejemplo, que critican a la Feria de Abril cuando se celebra en Andalucía porque la consideran rancia, clasista y representante de una ‘andalucidad’ folclórica pero que, después, la defienden entusiásticamente cuando se celebra en Cataluña, presentándola como una expresión preciosa de ‘andalucidad’ catalana que no son pocos los patriotas andalucistas que la critican sea donde sea que se celebre.

¿Cómo se entiende este cambio en la valoración de la Feria de Abril en función de si se celebra en Andalucía (valoración negativa: no debería celebrarse) o en Cataluña (valoración positiva: está muy bien que se celebre)?

Es sencillo: porque en Cataluña la Feria de Abril tiene una utilidad étnico-política, es decir, sirve al objetivo secular del nacionalismo español hegemónico, que no es otro que diluir, arrinconar e invisibilizar la identidad catalana y suplantarla por la identidad castellano-española.

Otra impostura espantosa, una muestra particularmente demencial de discurso cínico, son los que pretenden desactivar las críticas hechas al uso ideológico que se hace de la Feria de Abril en Cataluña por parte del españolismo comparando la Feria de Abril con los casales catalanes que hay en todo el mundo.

La comparación es ofensivamente improcedente: no hay ningún casal catalán que se reivindique como Argentina real, Suiza o Alemania reales, México y Venezuela reales, y tampoco ninguna comunidad catalana en el exterior tiene el apoyo de poderes militares, económicos y mediáticos para conquistar identitariamente los países de acogida.

Más allá de las imposturas espantosas y de los discursos cínicos, sin embargo, lo que importa no es la Feria de Abril por sí misma, donde como en todos los acontecimientos más o menos masivos debe haber de todo, es decir, todo tipo de gente con todo tipo de ideologías, de identidades, de actitudes vitales, de formas de ser y de hacer y de concebir y sentir a España y Cataluña.

Lo que importa, lo único que importa, es que querer hacer creer que el castellano y la Feria de Abril representan la catalanidad exactamente igual que el catalán y el Día de Sant Jordi, o que la representan más incluso, de una manera más fiel a la realidad, erosiona y debilita aún más la catalanidad, y además refuerza esa idea terrible y venenosamente colonial, catalanidad viable, tolerable, buena es la catalanidad que está total o parcialmente castellanizada.

¿La Feria de Abril representa a la Cataluña y la catalanidad reales? No. O sólo desde una concepción españolizada y una voluntad españolizadora de Cataluña y de la catalanidad.

¿No existe, pues, la ‘Cataluña real’? Claro que sí. La Cataluña real es toda aquella en la que hay catalanes, tengan el origen que tengan. Y catalanes son todos los que hablan la lengua de los catalanes, o que quieren asumirla activamente como propia, y que se autoperciben, se sienten y quieren ser catalanes, tengan al origen que tengan.

OCTUVRE