La España que no se reconoce

Mikel_Sorauren

El Pueblo que olvida su Historia, está condenado a repetirla. Los españoles son poco conscientes de tal reflexión, por lo que se han visto obligados a exaltar la heroicidad de los suyos, cuando no han podido celebrar su victoria, desde Rocroy a Cuba y en el mismo Annual. Sus intelectuales y poetas han llorado a la Mater dolorosa como un paliativo de las frustraciones que han sentido ante el desastre de un Imperio que quiso imponerse al universo y dominar al Sol, junto a la incapacidad de los propios españoles para conseguir el acuerdo nacional, frustrado por la división enconada de grupos sociales y opciones políticas.

La responsabilidad correspondía a la malevolencia e inquina de franceses e ingleses, al final también a los norteamericanos…,  quienes habían arrebatado de modo artero lo que España descubrió, conquisto y “civilizó”. El problema interior… ¡Ay, qué revoltosos somos los españoles, aunque sepamos cerrar filas ante el enemigo exterior!

No deja de ser edulcorada esta visión. Ese melifluo dolor de tantos intelectuales -patético en Unamuno- que pretende ocultar la verdadera causa del problema. España hecha de imposición y autoritarismo. El hombre forjado en la dureza de la lucha contra el moro. En realidad un conquistador que no ve otra perspectiva que el espolio del sometido. Pareció tenerlo fácil cuando fue fuerte para la rapiña. Pronto, sin embargo, encontró competidores más racionales. Éstos y los Pueblos sometidos pusieron a España en su sitio. La España dominadora de ayer, quedó en la miseria y se reafirmó en su razón, despreciando lo que ignoraba. Ignoró a los que conquistó, tras convulsionar su identidad y frenar violentamente la evolución de sus sociedades y culturas. Ignoró a sus competidores en la conquista y espolio, más diligentes frente a la prepotencia inútil del carácter español. Así España se vio privada de su Imperio, porque nunca aceptó otra solución que la imposición sobre otros.

España mantuvo siempre el tipo, prevalida de su fuerza. Se vio obligada, no obstante, a renunciar a su proyecto de hegemonía católica en Europa. No admitió nunca el acuerdo y la renuncia, ya desde Felipe II ante Holanda e Inglaterra. Olivares –reivindicado hoy por sus planteamientos de Unidad nacional y pretensiones de hegemonía- se dio de bruces con el fracaso  ante Francia y una Europa que se resistía al Catolicismo  -castrador de conciencias- bajo supervisión española. Todavía quedaba el Imperio extraeuropeo. En su conservación y explotación fijó España su existencia. Ni los europeos, ni los americanos sometidos se conformaron. A la larga fracasaría el proyecto. Los europeos  querían el mercado; los americanos la independencia y la gestión de sus riquezas.

España se contempló desnuda, cuando se vio privada de un Imperio que mantenía al conjunto del Estado. Parte de las élites modificaron el viejo discurso que se apoyaba en el autoritarismo y religión, para cubrirlo con el oropel de la libertad que llegaba de Europa ¡Pura apariencia sin conseguir ocultar el carácter impositivo de quien tenía el poder –Narváez o Espartero- en tanto las transformaciones socio-económicas avanzaban con lentitud. España pretendió mostrarse poderosa y agredió a sus viejas colonias; Cartagena de Indias, El Callao, el Méjico de Juárez. Incluso se enredó en otros escenarios; el Marruecos del histórico expansionismo de Reyes Católicos y austrias, cuando no intervino como segundón en Extremo Oriente. España sin embargo se encontraba en otra época frente a las potencias europeas que rediseñaron sus viejos Imperios ¡Peor todavía! Las nuevas potencias le arrebataron los restos del Imperio en el Caribe y Filipinas y es que ¡Estaba fuera de lugar!

¡Nunca España tomó la iniciativa para el acuerdo! ¡Nunca consideró los intereses de los habitantes de los territorios sometidos! A éstos no quedaba sino el escarmiento ejemplar, caso de que se rebelasen, o la victoria sobre España. Flandes,  Inglaterra, como dos siglos más tarde los territorios imperiales de América impusieron su razón por la fuerza. España únicamente reconoció al adversario cuando éste tuvo capacidad de imponer sus condiciones. Cuando España encajó la derrota, quiso curar sus heridas con el bálsamo del heroísmo. Pero la tozuda realidad se mostró diáfana en toda su crudeza, sin que de nada sirviera la preferencia de la honra a los barcos. Es cierto que en el siglo XX los dirigentes del Estado español han evitado la derrota militar a la hora de abandonar los territorios africanos. La derrota, sí. El conflicto, no. No se puede olvidar, no obstante, las masacres de Annual y Monte Arruit. El espectro de éstas ha sido definitivo en la decisión de abandonar Guinea y el Sahara.

Los españoles actuales no son conscientes de que en otras épocas España,  en tanto que Nación, ha sido el Imperio. La misma Constitución gaditana declara que España es el conjunto de los territorios imperiales, enumerados uno a uno, sea de América, África o Asia. La realidad de la independencia se impuso, pero únicamente por la fuerza de los hechos. La constitución gaditana recoge igualmente que las Naciones navarra, catalana y otras son España. Vemos que España mantiene su carácter. La actual constitución declara enfáticamente en su segundo artículo la indisoluble unidad de la Nación española. Conocida es la presión ejercida por el Ejército de Franco en la redacción de citado artículo. En un momento de debilidad del centralismo, identificado en exceso como patrimonio franquista, los impulsores políticos de la Transición no tuvieron reparos en dejarse presionar. En el momento presente el conflicto se encuentra establecido entre la sociedad española y las naciones navarra y catalana. El ejército es consciente de que no es precisa su iniciativa, porque las organizaciones políticas y sociedad española asumen con decisión este planteamiento, al igual que otros del ideario franquista.

Los nuevos enemigos son los vascos y los catalanes. Impresiona la avenida de afirmaciones gratuitas, faltas de credibilidad por lo absurdas, los  insultos  cuando se habla de independencia y amenazas veladas o descaradas, todas ellas emitidas por tertulianos, periodistas, políticos y militares. Vuelve la España que se burlaba de los U.S.A. en el 98 y que se reía del moro antes y después de Annual.  Ahora el enemigo es el vasco terrorista y el tacaño catalán. A veces se tiene la sensación de que las comunicaciones se encuentran cortadas. Los españoles han adoptado la estrategia del griterío con el fin de ocultar su falta de argumentos y la falsedad de sus presupuestos. Han llegado al extremo de  afirmar aberraciones, como la de que la Nación navarra no tendría capacidad de mantener su propia seguridad social, o de que los catalanes necesitan la ayuda financiera de España, a fin de hacer frente a su deuda. Los autores de estos dislates buscan convencerse a fuerza de mentir, para ser convincentes ante sus compatriotas.

¿Será  necesario recordar que la trayectoria histórica de España con relación a Navarra se ha caracterizado siempre por la reclamación permanente de dinero y más dinero? ¿No ha sido siempre así España con las naciones sometidas? No se entiende que los españoles muestren tan intenso rechazo frente a la identidad de Navarra y Cataluña y al mismo tiempo nos quieran tanto, atendiendo a los esfuerzos que hacen para mantenernos sujetos. La imagen que se tiene en España respecto a Navarra es la del privilegio por disponer de recursos de los que carecen el resto de españoles. Se supone contra toda evidencia que las administraciones navarras controlan la totalidad de los recursos fiscales generados por los diversos territorios. La realidad de los Conciertos y Convenio económico  difiere grandemente de esta opinión. El Estado español lleva más de cien años introduciendo sus manos en multiplicidad de  campos, desde los jugosos impuestos sobre combustibles a los derechos aduaneros, por no mencionar tabaco, alcohol y de lujo. En 1893 el intento del ministro español, Germán Gamazo, de intervenir en la Hacienda navarra, provocó una movilización general que llegó al punto del levantamiento en armas, nada que ver con la situación actual, en que los gobernantes que se dicen navarros colaboran  con la mejor disposición en el espolio de Navarra. Como contrapartida el Estado sostiene que paga a los navarros materias como las relaciones exteriores, defensa y, Como no, la policía ¿Qué otro tipo de inversión lleva a efecto?

Escocia no es España, Flandes no es España, Kósovo no es España ¿Qué es, finalmente España, porque, es claro, no parece pertenecer a Europa? Los españoles están obligados a asumir la imperiosa modificación de sus planteamientos y discurso. El mundo contemporáneo es el que reconoce la libertad del individuo y de los Pueblos. A nadie se le puede imponer con carácter previo a qué Pueblo quiere pertenecer. Toda colectividad tiene derecho a ser independiente –derecho de autodeterminación-. Probablemente sea esta cuestión la que mayor violencia ha suscitado a lo largo de la Historia y si por alguna razón la cultura europea ha progresado y pretende constituir un valor universal, es, precisamente, por el énfasis concedido a la libertad humana, individual y colectiva.

Los españoles están obligados a liberarse del discurso anti-libertad en que se basa su argumentación. Deben ser sinceros y reconocer explícitamente que el principio aquí recogido constituye el axioma sobre el que construir las relaciones humanas colectivas. El conjunto de razonamientos que utilizan, no es otra cosa que simple griterío de quien se siente fuerte, pero no tiene razón ¿Qué podría suceder caso de que la independencia de Navarra y Cataluña fracasase? Somos navarros y catalanes quienes tenemos la decisión, simplemente ¡Podíamos pedir la integración en otro Estado! Me pregunto si en tal caso nos rechazaría España. Es hora de dejar a un lado los absurdos… ¿Y si Carabanchel pide la independencia? A los gibraltareños parece irles muy bien su status. Algo que podrá parecer ridículo a los intelectuales españoles. La República de San Marino, localizada íntegramente en la Península Itálica y rodeada por el Estado italiano, tiene embajada en Roma y bastantes consulados por diversas ciudades ¡No sigamos por tales caminos que no son sino balones fuera!

En el terreno de la economía se acepta sin objeción el derecho, individual y colectivo, para formar parte de una sociedad anónima o decidir su abandono. En definitiva esta circunstancia constituye una secuela del principio de libertad al que nos referimos. No deja de llamar la atención que se rechace el derecho a decidir de una colectividad, cuando se acepta el de la libertad mercantil ¡Qué no se obstinen los españoles! La situación de la actual Europa exige una profunda transformación de su imaginario histórico y puntos de vista, que no dejan de ser los viejos planteamientos autoritarios  del absolutismo tradicional español, nunca marginado. Cuando Inglaterra se muestra dispuesta a lo que en España se considera una desintegración, no es por debilidad, sino por la constatación de que la realidad geopolítica ha sufrido grandes transformaciones.  Quien se resista a adaptarse a las nuevas coordenadas, terminará por quedarse con la honra -según  han dicho algunos- pero sin los barcos de la dignidad y de relaciones humanas auténticamente solidarias.

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua