La crisis de Crimea

VILAWEB

La crisis de Crimea ¿es el retorno de la guerra fría?

Diez preguntas y respuestas sobre una crisis que ha puesto repentinamente en alerta al mundo

1 – ¿Qué es Crimea?

La república autónoma de Crimea es un territorio de 26.200 km², un poco más grande que el País Valenciano, y cerca de dos millones de habitantes. Forma parte de Ucrania desde 1954 y antes siempre había sido parte de Rusia. La ciudad de Sebastopol es la mayor base naval rusa en el sur y continúa funcionando gracias a un acuerdo con las autoridades de Ucrania. Sebastopol, sin embargo, no forma parte de la república autónoma de Crimea.

2 – ¿Cuáles son sus habitantes?

La mayoría de los habitantes de Crimea son rusos. Según el último censo lo son el 58% de los habitantes, pero hay que tener en cuenta que los ucranianos sólo representan el 24% de la población. Y esto por la presencia de un 12% de tártaros de Crimea, los pobladores autóctonos de la zona y otras nacionalidades. La presencia rusa es particularmente importante en las ciudades y en las zonas donde están las bases militares.

Los tártaros de Crimea son musulmanes de habla turca, establecidos de siempre en Crimea pero que sufrieron en 1944 una de las deportaciones en masa más crueles de las ordenadas por Stalin. Acusados de querer colaborar con los nazis fueron enviados todos al Asia central.

3 – ¿Cuál es la relación de los habitantes de Crimea con las autoridades de Ucrania?

Siempre ha sido complicada. Cuando era parte de Rusia Crimea tenía un estatuto de república autónoma, que perdió al ser incorporada a Ucrania. Después de la independencia de Ucrania negoció un estatuto de autonomía, que está en vigor pero que no satisface los partis locales. Este mismo mes harán un referéndum para decidir si quieren más autonomía.

En Crimea, como toda la parte oriental de Ucrania la población tiene un sentimiento pro-ruso bien visible y considera a Rusia su garantía ante los problemas que puedan tener con la administración ucraniana.

4 – ¿Qué argumento han usado desde Crimea para pedir la intervención rusa?

En la antigua URSS todavía está muy vivo el recuerdo de la segunda guerra mundial y la lucha contra el nazismo. El hecho de que entre las nuevas autoridades de Kiiv haya militantes de partidos de la extrema derecha y que se hayan tomado algunas medidas como legalizar los grupos nazis o abolir la ley a favor de la lengua rusa ha provocado una gran reacción en contra. Las autoridades de la república autónoma han hecho, por ello, un llamamiento al gobierno ruso que éste ha aceptado enseguida.

5 – ¿Rusia ha enviado tropas o ya las tenía?

Esta es una de las claves de la situación actual. Rusia tenía tropas en la base naval de Sebastopol y en otras bases menores situadas en todo el territorio. De momento los militares rusos que están en la calle pertenecen a estas unidades. Pero hay noticias de unidades nuevas entrando por la frontera, especialmente en helicóptero. Rusia afirma que su papel es ‘estabilizador’ y que no se puede considerar una invasión ya que están en función del tratado internacional sobre las bases.

Ucrania en cambio afirma que el hecho de que estas tropas hayan abandonado los cuarteles y tomen posiciones en las principales ciudades es una violación del tratado entre los dos países.

6 – ¿Ucrania puede responder con sus propias tropas?

Podría. Pero parece poco probable. El conflicto ha escalado muy rápido en términos diplomáticos pero el paso a un enfrentamiento armado sería muy delicado para todas las partes. El ejército de Ucrania tiene unidades en Crimea, que podrían enfrentarse a las unidades rusas, pero esto abriría la puerta al despliegue del ejército ruso, seguramente no sólo en Crimea.

7 – ¿Por qué esta situación se da en Crimea y no en las otras zonas rusófonas de Ucrania?

Porque Crimea es una república autónoma y las otras zonas no, lo que hace que sea más razonable proclamar la independencia de Crimea, porque ya existe como una entidad autónoma. En el pasado una de las formas que ha tenido Rusia de influir en los países vecinos exsoviéticos ha sido a base de apoyar zonas autónomas que han proclamado la independencia. Es el caso del Transdniester en Moldavia y de Abjazia y Osetia en Georgia. Es muy probable que Crimea proclame la independencia y sea reconocida por Rusia como ha ocurrido en los otros tres casos. Aunque la mayoría de los estados del mundo no los reconocen estos estados pro-rusos son unos instrumentos muy valiosos para la política de Moscú.

8 – La rapidez con la que Rusia ha respondido, ¿qué indica?

Rusia está intentando volver a reconstruir su antigua esfera de influencia. Y estas mismas semanas esto ha provocado problemas también con Estonia, por la demarcación de la frontera y con Lituania y Polonia por el acceso al corredor de Kaliningrado. Rusia además acusa a Polonia y a la Unión Europea de estar detrás del cambio de gobierno en Ucrania. En este sentido, pasados los Juegos Olímpicos de Sochi, se puede decir que Rusia está librando una política agresiva en todo su frente occidental.

9 – ¿Estamos ante una nueva guerra fría entre occidente y Rusia?

De alguna manera sí. La confrontación ideológica no era la única en el pasado. Rusia es una potencia que siempre ha buscado expandirse hacia Europa y ahora vuelve a sentirse lo suficientemente fuerte y consolidada como para volver a imponer su visión del mundo a las repúblicas que se hicieron independientes después de la caída de la URSS.

Si esto desembocará o no en un conflicto bélico ahora todavía es pronto para saberlo. El ejército ucraniano no tiene la talla para enfrentarse al ruso y la ayuda de los ejércitos de la OTAN, si se produjera, de hecho desencadenaría una situación aún peor que la tuvimos durante la guerra fría.

10 – Europa y Estados Unidos ¿cómo deben comportarse?

Es difícil decirlo. Por un lado no pueden consentir las amenazas de Rusia y por lo tanto deben hablar claramente de los límites que no se pueden traspasar, como ha hecho el presidente Obama. Pero al hacerlo Obama ha provocado una reacción exaltada en Moscú que de hecho ya llevado la tensión a su punto más alto.

En teoría los países occidentales tampoco deberían aceptar que Crimea se separara de Ucrania, invocando el principio de unidad territorial. Pero muy posiblemente este será el acuerdo final más razonable. Si Ucrania deja que Crimea vote volver a Rusia el conflicto quedará resuelto por una temporada. El problema para Ucrania es que esto no es ninguna garantía ya que Rusia más adelante intentaría hacer lo mismo con el resto de la Ucrania oriental.

 

http://www.foixblog.com/2014/03/01/pendientes-de-putin/

Pendientes de Putin

Lluís Foix

La pregunta más inquietante en estas horas es hasta dónde está dispuesto a llegar Vladimir Putin respecto a Ucrania y cómo puede reaccionar la OTAN a movimientos militares extranjeros en el interior del país.

No pienso en la intervención militar de octubre de 1956 en Hungría en una sangrienta llegada de tanques por orden de Nikita Kruschev. El mismo Kruschev que en su mandato cedió a Ucrania la república de Crimea. Ni él ni nadie esperaban que un día Ucrania se separaría de la Unión Soviética. Y mucho menos que la dividida población ucraniana llegara al borde de la confrontación civil para decidir si se agarraba a la Unión Europea o prefería la protección del Kremlin.

La paz es siempre muy frágil. Estamos en un momento en el que cualquier movimiento de mínimos podría provocar una tensión de alcance universal. Así empiezan las guerras.

Los pueblos hasta hace pocos años dominados y controlados por Moscú se encuentran confusos y partidos. No saben si les conviene más acercarse a Occidente o seguir con sus alianzas históricas con Rusia.

Hace unos días estuve en una rueda de prensa de Putin en Bruselas. Se le preguntó sobre Ucrania. No se pronunció con claridad. Los juegos olímpicos de Sotchi eran inminentes y no quería asustar a la opinión pública internacional. Le temblaban las piernas como a los atletas antes de empezar una prueba. Es un hombre fuerte, seguro, con toda la información a su alcance, con ganas de plantar batalla si Ucrania decide flirtear con Occidente más allá de lo tolerable.

El parlamento ruso le ha autorizado a utilizar la fuerza para defender a los rusos de Crimea. No hacía falta. Putin va a defender esa república de mayoría de rusos, que tiene la base de la flota rusa más importante del vasto territorio ruso. Putin no recurrirá a la diplomacia ni al consenso. Militar y económicamente para intervenir en el destino de Ucrania. Tiene la llave de la energía y los créditos comprometidos con una Ucrania que ahora ha derrocado a un presidente corrupto, pero que fue elegido en las urnas y, por encima de todo, que era el más firme aliado de Moscú.

Nadie quiere un conflicto que Europa central ni en la península del Mar Negro. Nunca nadie quiere las guerras. Pero las guerras llegan por cerillas encendidas en matorrales secos azotados por el viento. Emerge la posibilidad de una partición de la Ucrania rusa y la Ucrania occidental.

Hemos visto con qué facilidad caían las dictaduras árabes. Pero hemos comprobado también que estos movimientos populares no han conducido a sociedades estables, libres y democráticas. Hay que remarcar, sin embargo, que los pueblos tienen una capacidad infinita de resistencia y son capaces de plantar cara a quien consideren extranjero. Rusos y occidentales bajo el paraguas de la OTAN harían muy bien en pensárselo todas las veces que haga falta antes de actuar militarmente en un tercer país en Europa central. Es fácil intervenir. Lo más difícil es conseguir la aceptación de los invadidos.

 

LA VANGUARDIA

 

Las chispas prenden sin querer

 

Rafael Poch

La situación de Ucrania contiene tres elementos; Primero una revuelta popular absolutamente razonable que quiere cambiar el régimen oligárquico, burocrático y muy corrupto. Segundo, una lucha entre diversos sectores y magnates de la propia oligarquía ucraniana. Y tercero una gran influencia exterior, por un lado de los países de la OTAN y por el otro de Rusia, apadrinando a uno u otro bando.

Los tres elementos están interconectados y actúan sobre una sociedad dividida por su diferente identidad y tradición política. Si el hartazgo contra la corrupción y la oligarquía es bastante mayoritario, las consecuencias y opciones políticas que se derivan de ello dan lugar a por lo menos tres diferentes actitudes que dividen el país geográficamente, según su nivel de acercamiento o rechazo al Imperio euroatlántico o a su adversario ruso.

La revuelta popular está capitalizada por el nacionalismo radical del Oeste de Ucrania -que tiene un fuerte componente de extrema derecha- y por magnates en la órbita de Occidente. Eso explica que un escenario rupturista y violento, con manifestantes armados, ocupación e incendio de sedes gubernamentales, y un número significativo de policías entre los 80 muertos por arma de fuego de los últimos días, que habitualmente habría sido condenado como “terrorismo”, haya sido saludado como legítimo y democrático en Berlín, Bruselas y Washington. La misma circunstancia explica la insistencia de Moscú en sostener al presidente Viktor Yanukovich, un magnate corrupto al que le faltaba un año para ser derrotado en unas elecciones. Vistas las imágenes de sus residencias, personajes como Yanukovich o su fiscal general son políticamente irrecuperables.

El fuerte apoyo y aliento occidental ha sido lo que ha decidido el cambio de régimen en Kiev: rodeó de inseguridad al gobierno ucraniano que antes de ser derrocado gestionó la crisis con una torpeza mayúscula; primero reprimiendo duramente la protesta, luego haciendo concesiones extraordinarias (dimisión del gobierno, amnistía y derogación de leyes de orden público) y más tarde barajando un estado de excepción con una matanza de una veintena  de ciudadanos, cuya responsabilidad se achacan unos a otros. El resultado es un gobierno formado por favoritos de Washington y ultraderechistas que para la mayoría de los ucranianos, no es legítimo, independientemente de que estén o no dispuestos a salir a la calle para manifestarlo.

¿Cuál será la respuesta de Moscú ante esta fenomenal derrota?

Una posibilidad es devolver la jugada con los mismos métodos, en Crimea y otros lugares, allí donde la mayoría de la población no aprueba al nuevo gobierno de Kiev. Habrá que ver qué nivel de intervención tiene Moscú en estos antimaidan que cambian alcaldes y gobiernos regionales, pero hay muchos riesgos. Mediante un referéndum, Rusia podría anexionarse fácilmente Crimea, territorio histórica y militarmente importante para ella. Ni siquiera necesitaría invadir, pues le basta y sobra con movilizar a la marina rusa que tiene sus bases allá. El problema es que por ahí asoman serias consecuencias internacionales.

En 1994, Rusia, el Reino Unido y Estados Unidos, se declararon garantes de la integridad territorial de Ucrania, cuando se procedió a la retirada de las armas nucleares soviéticas que había allá. Una absorción de Crimea permitiría acusaciones de violar aquello. Rusia podrá responder que Occidente modifica las fronteras cuando quiere, como ocurrió en Kosovo y que lo que cuenta es la opinión de la población… Es el “escenario abjaso”, un trozo que ya fue desgajado de Georgia con el apoyo de su población. También son pensables intervenciones más sutiles que sirvan para advertir al gobierno de Kiev que sin moderación podría perder medio país.

En cualquier caso, la diferencia con Georgia es que Ucrania es mucho más importante para Rusia. Una derrota de Rusia tan manifiesta en Ucrania podría tener consecuencias letales para el gobierno de Vladimir Putin. Eso quiere decir que la respuesta de Rusia, sea cual sea, es ineludible.

Así que hay un doble riesgo: de guerra civil en Ucrania, entre partidarios y adversarios del gobierno de Kiev, y de guerra fría entre Euratlántida y Rusia. A nadie, ni a la OTAN ni a Moscú, le interesa este incendio en el medio de la crisis general europea y mundial, pero las chispas pueden prender involuntariamente con gran facilidad.

 

http://www.foixblog.com/2014/02/28/ucrania-rusia-y-los-dardanelos/

Ucrania, Rusia y los Dardanelos

Lluís Foix

La civilización ha sobrevivido a las guerras. Después de millones de muertos, de revoluciones, de cambios radicales en las costumbres y en los estilos de vida, los puntos calientes, cruciales, siguen siendo más o menos los mismos. Bismarck decía que la historia es geografía.

Bizancio, Constantinopla, los Dardanelos, El Bósforo, el Mar Negro y la Anatolia han visto pasar la historia de forma periódica y constante. Homero ya nos habla de la larga y épica guerra de Troya en la Ilíada. No sabemos exactamente dónde se encontraba Troya. Pero lo conocemos hasta el más pequeño detalle porque Homero lo dejó escrito.

La conquista de Constantinopla inclinó el futuro de Oriente Medio hasta formarse el gran imperio otomano. Navegando por las aguas del Bósforo cuesta pensar cómo pudo conquistarse aquella ciudad con un barco que atravesó una montaña. La caída de Constantinopla en manos de los turcos otomanos en 1453 fue un hecho histórico que marcó el fin de la Edad Media en Europa y el ocaso del imperio romano de Oriente.

El sultanato de Constantinopla fue el centro de un imperio que se prolongó hasta la Gran Guerra de 1914. La historia ha pasado con trama por aquellas aguas, estrechos y penínsulas. Fue desde la antigua Bizancio donde se construyó un imperio que llegó desde Grecia hasta Mesopotamia.

Los choques de civilizaciones y culturas suelen pasar por los Dardanelos y atraviesan la Anatolia. Es el respiradero marítimo de Rusia, la gran masa territorial que va desde el Pacífico hasta el Dnieper, el río que atraviesa Ucrania.

Rusia salía al mar desde el Mar Negro. Sus flotas atracaban en Crimea. Cuando Pedro el Grande fundó San Petersburgo a comienzos del siglo XVIII, uno de los objetivos de aquella monumental aventura urbanística era que la flota rusa tuviera una salida por el mar del Norte. Pero los hielos cubrían el mar los meses de invierno y era imposible hacerse a la mar.

Los Dardanelos eran una vía imprescindible para que la flota rusa se hiciera al mar desde el sur. Aquel estrecho presenció decenas de miles de muertos en Gallípoli. Los aliados perdieron barcos, soldados y prestigio. Winston Churchill era primer lord del Almirantazgo y cargó con las responsabilidades de aquella catástrofe.

Constantinopla fue codiciada por Hitler en la última guerra mundial. No lo consiguió. Stalin enviaba de vacaciones a las playas de Crimea a sus protegidos para, en muchos casos, purgarlos y eliminarlos en algún gulag siberiano.

No estaba previsto que Ucrania fuera independiente. Y mucho menos que Kruschev, ucraniano, regalara la península de Crimea a Ucrania. La flota rusa está atracada en la ciudad de Sebastopol. Crimea tiene una mayoría de población rusa que habla el ruso y se fía más de Moscú que de Kiev.

Lo que está ocurriendo en Ucrania no es sólo un conflicto interno. Se libra una batalla de fondo entre Rusia y Europa, entre Occidente y el mundo eslavo. Los movimientos políticos para influir sobre Ucrania son más importantes para el Kremlin que para Europa. Cualquier alteración de fronteras o de influencias puede convertirse en un conflicto de grandes dimensiones.

 

Revolución en Ucrania

Manuel Castells

La Vanguardia

Sucedió de nuevo. En un país gobernado mediante elecciones más o menos democráticas sin que las instituciones políticas permitan otra expresión ciudadana que la de esperar a la próxima elección, cuando el autoritarismo y corrupción del presidente y su partido se pasan de la raya, la gente se organiza en internet y en la calle, ocupa lugares simbólicos, como la plaza Maidán de Kíev, y mantiene su protesta pese a la violencia que se abate sobre la acampada. Al final, el Gobierno se desploma, el presidente huye, se libera a los líderes opositores, se disuelve a los perros de presa antidisturbios, se organiza un gobierno de transición y se convocan elecciones para el 25 de mayo. Mientras, los manifestantes siguen en la plaza Maidán por si acaso, con el apoyo de Timoshenko, la carismática y controvertida líder que se postula como presidenta. Pero el triunfo de la revolución abre un proceso más que cerrarlo. Un proceso de consecuencias imprevisibles.

Las causas del levantamiento popular son múltiples. Una crisis económica interminable, agravada por la corrupción desmedida de la clase política. Autoritarismo y arrogancia de los dirigentes, en particular del presidente Yanukóvich y su camarilla. Manipulación de la justicia contra cualquier opositor.

Pero las causas más profundas de la crisis ucraniana resultan de un conflicto identitario. Aunque la mayor parte de la población es étnicamente ucraniana, definida por la lengua, la asociación histórica de Ucrania con Rusia, en particular durante el periodo soviético, conlleva que un 20% de la población es cultural y lingüísticamente rusa, con otras minorías (cosacos, judíos, tártaros, moldavos, chechenos) también presentes en este mosaico étnico-histórico. Aun siendo una minoría los rusos están concentrados en el este y sur del país, en donde controlan la mayoría de gobiernos regionales y de donde es originario Yanukóvich (de Donetsk). La tensión que hoy estalla entre prorrusos y nacionalistas ucranianos tiene dos momentos álgidos. Por un lado, el verano del 2012 cuando Yanukóvich decretó la protección de las minorías lingüísticas disponiendo que en todo territorio con 10% de la población de lengua no ucraniana, su propia lengua sería cooficial. Dicha política lingüística desencadenó la protesta de los nacionalistas ucranianos, afirmando su identidad frente a la influencia tradicional de Rusia. Uno de los primeros actos del Parlamento de Kíev tras la revolución fue anular dicho decreto. La minoría rusa lo resiente como una provocación y una declaración de intenciones sobre la ucranización forzosa de toda la población (desrusificación para los nacionalistas).

Y lo que motivó la explosión popular en Kíev que llevó a la revolución fue la protesta contra la decisión de Yanukóvich el pasado noviembre de reforzar los tratados comerciales y de cooperación con Rusia en detrimento de una posible asociación con la UE. Como en otros países de Europa del Este, la mayoría de la población busca cobijo en la UE como forma de contrarrestar la influencia rusa. La alianza de Yanukóvich con Putin fue rechazada por la oposición, mayoritaria en Kíev, y desencadenó la violenta protesta del ultranacionalismo radical de partidos como Svoboda.

El enfrentamiento entre el oeste nacionalista ucraniano y el este-sur prorruso es particularmente dramático en Crimea, en donde la gran mayoría de la población es rusa. De hecho, la pertenencia de Crimea a Ucrania es un accidente histórico. Una región tradicionalmente rusa, fue traspasada a Ucrania en 1954, por el entonces líder soviético Jruschov, ucraniano de origen, en la noche en que celebraba el día nacional de Ucrania con abundante vodka. En el proceso de desmembramiento de la URSS, Rusia se aseguró la concesión de la base naval de Sebastopol, sede histórica de la flota rusa del mar Negro, a cambio de compensación económica, mediante un tratado prorrogado hace unos meses hasta el 2040. Pero la complejidad identitaria de Crimea no se reduce al enfrentamiento entre ucranianos y rusos. También es tierra de tártaros, que en el conflicto actual se sitúan frente a los rusos para preservar su autonomía al interior de Crimea. Pero frente a ucranianos y tártaros se sitúan cosacos y judíos recelosos de un nacionalismo ucraniano frecuentemente antisemita y que colaboró con los nazis en los campos de exterminio. Resulta, además, que Crimea tiene una importancia fundamental para Ucrania, por ser la región económicamente más productiva. En particular por la fertilidad de su tierra negra, granero potencial para China que proyecta fuertes inversiones en Crimea, alquilando tierra y construyendo dos modernas terminales para la exportación de grano.

El triunfo de la revolución nacionalista en Kíev ha soliviantado los ánimos entre los distintos grupos étnicos en Crimea, donde se producen violentos enfrentamientos en este momento, con milicias ocupando sedes del gobierno regional. Puede ser el detonante de un movimiento separatista en Crimea que se extienda a las regiones del este. A ello se añade el interés geopolítico de Rusia que no tolera la puesta en cuestión de la permanencia de su base naval en Sebastopol. En prevención de posibles incidentes, la Marina rusa ha puesto en alerta a las unidades terrestres que protegen a la flota y tanques se mueven hacia Simferopol. Putin ha ordenado maniobras militares de gran envergadura en la frontera con el consiguiente sobresalto de la OTAN y la UE.

Que la sangre no llegue al río dependerá de la moderación con que opere el nuevo gobierno provisional de Kíev. En principio es un gobierno dominado por el partido nacionalista moderado de Timoshenko, con ministros del sector liberal proeuropeo de Maidán, ministros de Svoboda (extrema derecha), algún representante del partido de Yanukóvich y técnicos y académicos independientes. Pero la dinámica del enfrentamiento étnico-identitario en las calles de Crimea puede fácilmente desbordar los cálculos de los políticos de Kíev, desencadenando un proceso separatista y una crisis geopolítica entre Rusia y Occidente.

Moralejas: las instituciones no son inmutables. Y la cuestión identitaria sigue siendo central en la sociedad y en la política.

 

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Vicent Partal

Ucrania, Rusia y nosotros

Deberíamos acostumbrarnos a ver qué pasa en el mundo con una visión catalana. El domingo el discurso de Viviane Reding puso de relieve que el Principado había cambiado de nivel: ya no es visto como una región española, sino como un Estado potencial. Y seguro que el caso de la comisaria luxemburguesa no es el único.

Concretamente, propongo una mirada propia sobre los hechos de Ucrania, que posiblemente son los más importantes que han pasado en Europa desde el cambio de siglo. Tácitamente, Ucrania había caído en la banda rusa, en la esfera de influencia rusa, pero se ha rebelado y quiere ser Europa. ¿Qué repercusión puede tener esto sobre la Unión Europea y sobre el proceso de independencia catalán?

Es demasiado pronto para saber qué pasará, pero las primeras señales indican que Ucrania pedirá el acercamiento a la Unión Europea y un acercamiento rápido. Esto es muy difícil en términos digamos técnicos, pero muy urgente en términos políticos. Europa no puede digerir Ucrania así como así, pero tampoco la puede dejar en la estacada. Muy probablemente asistiremos a alguna escenificación de algún preacuerdo rápido, en el que Alemania tiene un gran interés. Y si esto ocurre seguramente Rusia reaccionará de una manera agresiva.

La Rusia de Putin ya se ha quitado todo el timidez y se esfuerza por volver a ganar espacio geográfico de influencia. No son solamente los hechos de Ucrania. Rusia y Estonia se pelean estos días por la delimitación de su frontera y el Kremlin hace presión sobre Lituania y Polonia por el acceso libre a Kaliningrado. Rusia se vuelve a sentir fuerte y quiere ejercer su poder. Si la Unión Europea no cede, tenemos un conflicto asegurado en el terreno de juego ucraniano.

¿Y cómo nos afecta esto a nosotros? De diversas maneras, no siempre positivas. Rusia podría utilizar el caso catalán como contrapartida. Si la Unión Europea complica la vida a Ucrania, Rusia puede responder en Escocia y Cataluña. Sin embargo, no perdamos de vista que Rusia no es nunca un aliado fiable, y menos presentable. Involucrarnos como peones de un conflicto mayor aparentemente sería realzar nuestro caso, pero en la práctica nos llevaría a una situación muy difícil. Si Rusia nos usa cínicamente, como suele ocurrir.

Pero si esquivamos esto el proceso de independencia puede resultar favorecido con la crisis ucraniana por dos causas. La primera: estaría muy mal justificar que mientras se hace un esfuerzo enorme para incorporar Ucrania, Cataluña y Escocia fuesen expulsadas de la Unión Europea. Y la segunda es una variante estratégica aceptable de la contrapartida rusa: aunque nosotros no dijéramos nada, si la situación entre Rusia y la Unión Europea se hiciera tensa Bruselas ya se cuidaría muy mucho que no quedáramos fuera, simplemente para prevenir que un territorio tan central como el nuestro cayera bajo la esfera de influencia de Moscú. Posibilidad -que todo sea dicho- debería preocuparnos sobre todo a nosotros, que ya vivimos con la mafia rusa demasiado presente en nuestras calles.