Seguro que tú lector habrás escuchado un montón de veces los nombres de San Ignacio de Loyola, San Juan de Dios y del poeta Garcilaso de la Vega.
Los dos primeros porque, después de muertos, la Iglesia Católica los declaró santos y el tercero porque es mencionado como afamado poeta, aunque reconocerlo como poeta y publicar su obra sucedió mucho después de su muerte.
Algo común entre ellos es que los tres fueron soldados al servicio del que fue Carlos I de Castilla y V del Sacro Imperio Romano Germánico.
Los tres, estuvieron en nuestra tierra entre 1521 y 1524 sofocando el alzamiento de los partidarios a los legítimos reyes de Navarra que luchaban contra el ejército que nos invadía desde 1512.
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NOTA PREVIA
En este artículo mencionaré a Carlos I de Castilla porque desde entonces hasta la actualidad los reyes de España sólo utilizan números ordinales del reino de Castilla, tal como expliqué en otro artículo que podéis leer klikando en este enlace:
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LA BATALLA DE PAMPLONA DE 1521 E IÑIGO LOPEZ DE LOYOLA.
El soldado y capitán del ejército de Castilla Iñigo López de Loyola.
(Recordad que Bizkaia Araba y Gipuzkoa llevaban en esas fechas más de 300 años bajo Castilla)
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Íñigo López de Loyola nació en 1491 en Azpeitia, Guipúzcoa. Su padre, Don Beltrán, era el señor de Oñaz y Loyola, líder de una de las familias distinguidas de aquella provincia y perteneciente al clan de los oñacinos. Don Beltrán fue un caballero que se puso al servicio de los Reyes Católicos entre 1474 y 1476. La madre de Iñigo era Marina Sáenz de Licona y Balda.

Iñigo era el sexto entre los ocho hijos del matrimonio. Cinco de sus hermanos fueron guerreros al servicio de los reyes de Castilla y Aragón,
Cuando Iñigo cumplió los 16 años lo mandaron a servir a Arévalo (actual prov. de Ávila) en la casa de Juan Velázquez de Cuellar, que luego llegó a ser contador y administrador del reino de Castilla. Al servicio de este señor, Iñigo se hizo conocido en toda la Corte de aquel reino a causa de su guapura, prestancia y habilidad en el manejo de las armas.
Tras el fallecimiento de Juan Velázquez, que es quien lo introdujo en la Corte, la viuda de éste, María de Velasco, lo envió a servir al Duque de Nájera, Antonio Manrique de Lara. En esta época, Iñigo, arma en mano y al servicio del mencionado Duque de Nájera, peleó contra las revueltas comuneras en Gipuzkoa y en el mismo Nájera.
En 1512, las tropas castellanas invadieron el Reino de Navarra, e Iñigo, que formaba parte de las mesnadas del mencionado Duque de Nájera, fue destinado a Pamplona el año 1517.
Antonio Manrique, Duque de Nájera, desempeñó el cargo de Virrey de Castilla en Navarra entre los años 1516 y 1521.
1521. Navarra se rebela.
En 1521 el ejército castellano quedó muy menguado en Navarra a causa de tener que acudir a sofocar el último alzamiento comunero en Castilla. Los navarros de a pie aprovecharon la ocasión para expulsar a los soldados que quedaban. Era mayo de 1521. El alzamiento fue espontáneo, sin esperar siquiera a que el ejército organizado por Enrique II de Navarra y el rey de Francia pasara el Pirineo.
Hubo alzamientos en la comarca de Pamplona, Ulzama, Valdizarbe, etc. Los labradores que habían tenido que sufrir humillaciones y robos por parte de las tropas y trabajos forzados en la construcción del castillo de Santiago de Pamplona, persiguieron a la soldadesca castellana hasta desarmarlos.
Iñigo de Loyola, soldado al servicio de Castilla, fue herido en Pamplona.
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22 de mayo de 1521.
El castillo de Santiago de Pamplona, que Fernando el Falsario mandó construir donde hoy está el Palacio de Navarra, se convirtió en refugio de las menguadas tropas castellanas que hicieron valer su poder bombardeando desde allí la ciudad que se había alzado contra ellos y bombardeando también al ejército franco-navarro que los asediaba desde extramuros. Dentro del castillo de Santiago resistió Íñigo de Loyola, capitán del ejército castellano. Pero… una bala de cañón disparada por el ejército franco-navarro le destrozó las dos piernas.
Tras la rendición de la guarnición castellana fue recogido por varios leales al rey de Navarra que lo llevaron hasta Loyola para su recuperación.
En Pamplona no fue herido ningún santo, sino Iñigo, soldado de Castilla.
Iñigo López de Loyola, en aquel tiempo no era más que un militar que medró y quería seguir medrando sirviendo con las armas al más poderoso señor de aquellos tiempos: Carlos I de Castilla y V del Sacro Impero Romano-Germánico.
La vida mundana de Iñigo.
Sus biógrafos cuentan que vivió una juventud movida y mundana en la Corte de Carlos I y que se enamoró de la hermana menor del rey. Además dicen que Iñigo era un tipo “travieso en juegos y en cosa de mujeres, además de en revueltas y cosas de armas”.
Además todos sus biógrafos dan por cierto que Íñigo tuvo una hija de una distinguida dama de la Corte. Incluso hay quien escribió que tuvo sus pinitos en el toreo ecuestre y que, tras ganar el favor del monarca, Carlos I y él fueron hasta Azpeitia para disfrutar de una corrida de toros. (Iñigo era nueve años mayor que Carlos I)
El pensamiento al que llegó Iñigo durante su convalecencia:
¿De qué vale ganar el mundo si al fin pierdes el alma?
A partir de 1521, truncada su carrera militar por haber quedado lisiado para siempre, vio que se desvanecían sus posibilidades de mantenerse admirado y valorado dentro del ambiente mundano en el que tan a gusto había vivido antes.
Y así, tras leer muchas vidas de santos y un “Vita Cristi” dicen que llegó a asumir dejar a un lado su vida anterior al cañonazo, para seguir una vida más acorde con la religión.
(No dicen si se arrepintió de sus gestas guerreras, sólo de su anterior vida mundana)
A partir de ese momento comenzó la metamorfosis espiritual de Iñigo para, poco a poco, irse transformando en el Ignacio al que la Iglesia Católica hizo santo 101 años más tarde del cañonazo.
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Hay muchas biografías sobre Iñigo de Loyola en Internet que podéis hallar fácilmente.
Os invito a leer una que analiza su faceta de militar y que se titula “Iñigo de Loyola excepción o prototipo de los guipuzcoanos en la Navarra del primer tercio del siglo XVI” del historiador Luis Javier Fortún Pérez de Ciriza pinchando aquí
(El nombre de Ignacio fue tomado por nuestro personaje tras fundar la Compañía de Jesús).
La relación militar para con Navarra de los soldados de Castilla Iñigo de Loyola, Juan Ciudad y Garcilaso de la Vega.










