¿Es tu caso?

Entre las muchas cartas que recibo, dice Wallraff[i], hay numerosas de gente que narra su experiencia psiquiátrica. Dicen que les han tratado mal, se les ha querido destruir, que les han herido. Las más de las veces me veo superado y les remito a abogados, les indico direcciones de médicos u organizaciones de pacientes confiando así prestarles ayuda.

Una de ellas hablaba de Goddelau. Sólo el nombre me hizo revivir una experiencia propia lejana, ya casi olvidada. Goddelau y mi experiencia psiquiátrica, ocurrió hace ya más de 40 años. En 1967 hice que me internaran en una clínica de Riedstadt-Goddelau, en el land de Hessen (Alemania) como supuesto alcohólico, de mi tiempo en ese “manicomio” versó uno de Mis 13 reportajes indeseados ya publicados.

La carta provenía de Reiner Feldmann. En el trabajo le habían exprimido hasta la entretela (ausgelagt an Leib und Seele) y buscó en Goddelau ayuda y amparo. Se sentía descorazonado como empleado de una empresa de seguros, y como otros muchos empleados ante la presión y exigencia en su trabajo y, por otra parte, la amenaza de despido comenzó a padecer depresiones y síntomas de falta de autoestima.

Cuando Reiner Feldmann comenzó a trabajar en 1981 en seguros Allianz tenía 31 años, permaneciendo allí de por vida, casi 30 años. Este hombre robusto y fornido, de pelo canoso y barba recortada, fue un sindicalista activo. Narra con voz queda y reflexiva el inicio de sus problemas. “A comienzos de los noventa el trabajo fue poco a poco derivando hacia el ordenador, dice. Paralelamente se fue fusionando  el trabajo técnico con el administrativo. Mediante esta nueva reorganización mi trabajo como encargado técnico se multiplicó y condensó considerablemente”, es como denominan ellos el trabajo antes realizado por dos y ahora por un solo trabajador.

En el 2005  la multinacional Allianz tuvo unos beneficios anuales de cuatro mil millones  y medio de euros. Pero la dirección vislumbró que aún podían obtener unos 500 millones de euros más reduciendo un 16% el personal. Trabajadores veteranos (concepto que aparece en el plan de reducción) a ser posible deben prejubilarse   o ser apartados de la profesión escalonadamente mediante la reducción de la jornada laboral o por cese anticipado.

“No era lo suficientemente rápido con el ordenador”, dice Reiner Feldmann. “Antes dictaba yo, ahora trabajaba delante del ordenador con dos mujeres jóvenes en el mismo cuarto, y mientras yo escribía una carta ellas escribían tres”. “Los jefes le instan a que se prejubile. Él acepta, a pesar de la sustanciosa merma de sueldo que le supone. La reducción de jornada y el cese anticipado laboral debe comenzar

Este cincuentayochoañero en mayo de 2008: dos años y medio de trabajo a pleno rendimiento por menor sueldo y luego dos años y medio facultativos con el mismo salario reducido para luego, finalmente, recibir la pensión recortada.

Antes los candidatos a la jubilación obtenían trato privilegiado en el seguro, afirma Reiner Feldmann. “Conmigo ocurrió al contrario. Tuve la impresión como si el director del departamento quisiera extraerme todo el jugo en los dos años y medio que me quedaban. Y como la situación  del personal fue empeorando tuve que ir asumiendo trabajos extras”.

Insomnio, problemas estomacales, mareos, malestar general…, Feldmann comienza a padecer estos síntomas. Pero aguanta. Una circular interna del sustituto de su jefe de departamento de entonces, que circula entre el personal, describe la dramática situación por la que se atraviesa. Se habla en ella del “gran desasosiego de los compañeros y de los intentos por  buscar ayuda mediante  la “contratación de ayuda temporal y el aumento de horas laborales en los trabajadores de jornada reducida”. Razón para tales medidas: “Habrían aumentado las quejas de nuestros clientes y de los siniestrados” por la tardanza en la tramitación de sus solicitudes.

Lo que conlleva una mayor tensión y tirantez en el trabajo, a lo que hay que sumar problemas con los hijos, con los vecinos y tensiones en el matrimonio, que pronto sobrepasan su capacidad de resistencia. Reiner Feldmann teme haberse sobrepasado en la financiación de la casa, comprada con su mujer en el 2007. A ello se une que han acogido en su casa a la madre de su mujer, que padece demencia y necesita las 24 horas atención y cuidados.

Reiner Feldmann enmudece ante la montaña de problemas a los que debe enfrentarse. Comienza a deprimirse y su mujer a preocuparse cada vez más por la suerte del marido. Su marido coge la baja, se aísla, comienza a beber, no sabe si va a ser capaz de aguantar hasta la prejubilación o si va a ser despedido antes y ser un receptor del Hartz-IV, arrastrando a toda la familia al  precipicio.

A inicios de febrero de 2008 se dirige a la clínica psiquiátrica de su región, al hospital Philipp de Riedstadt-Goddelau, una instalación espaciosa, con numerosos edificios y sita en un inmenso parque. En la primera visita a la que acuda para recibir ayuda Feldmann se da media vuelta y se marcha. “Se me asigna una cama en un cuarto lleno de inmundicia. Repleto de ropas sucias, revistas, pañuelos usados, ropa interior de otro paciente… El médico correspondiente sólo sabe encogerse de hombros y decirme que no es para tanto. Que lo importante era que en la planta no hay pacientes violentos. Me negué a quedarme a pesar de no encontrarme bien”.

Yo, dice el periodista Günter Wallraff, conozco muy bien el impulso de no aceptar  ayuda en semejantes condiciones. Cuando en 1967 conseguí que me ingresaran en Goddelau tuve que sobreponerme como nunca antes lo había hecho. Tuve realmente miedo de desaparecer en el absurdo de este centro sin dejar rastro. Todos los pacientes fueron alojados en un mismo departamento: esquizofrénicos, alcohólicos, dementes y epilépticos, aun cuando las enfermedades eran muy distintas unas de otras. Los pacientes eran una y otra vez atados con hebillas en dormitorios de gran capacidad, a pesar de que la reforma psiquiátrica de los años 70 abogaba por eliminar los grandes dormitorios masivos y por un tratamiento individualizado. Entiendo perfectamente que Reiner Feldmann optara por darse media vuelta.

Dos semanas más tarde, a finales de febrero y por consejo de su médico, Feldmann llevó a cabo su segundo intento. Apoyado por su mujer visita de nuevo la clínica. Esta vez se queda: su mujer lee el informe de recepción del 25 de febrero de 2008: Su marido sufre depresión por la exagerada “carga de trabajo”. También siente preocupación “injustificada” por la compra de la casa y su financiación; a todo ello hay que añadir la preocupación y agobio por la mudanza a la nueva casa y por la suegra, que vive con ellos, y necesita atención y cuidado por su demencia senil. Todo esto ha conllevado que a su marido no le resulte fácil ni grato el acontecer diario.

El médico acogerte, el Dr. H., que trabaja en la planta 9/4 en la que entre otros son tratados los enfermos depresivos, descubre en su “diagnóstico psíquico” a vuela pluma, sin más conversación con la esposa o con el enfermo, “manía depauperativa”. Un diagnóstico peligroso. A uno catalogado como maníaco cada uno de sus comportamientos se le atribuirá a que valora la realidad de modo erróneo y enfermizo, a una inadaptación a la realidad. Además de manía el médico constata en Reiner Feldmann también alcoholismo. “Sudo y tiemblo de miedo ante Goddelau”, dice Feldmann, y esto el médico “valora e interpreta como indicio de dependencia de alcohol”. La mujer de Feldmann asegura encarecidamente al médico, en la conversación de recepción, que “su marido no es alcohólico si bien reconoce que en las últimas semanas ha bebido en demasía. La prueba es  que desde que viven juntos en casa la ingesta ha remitido”, le dice ella.

A pesar de todo en cuanto su mujer abandona la clínica Feldmann hace que le trasladen a la planta de drogadictos, regresando de nuevo a los seis días al departamento de enfermos depresivos. Allí el médico de la planta, 17 días después del ingreso, ordena que se le haga una tomografía de la cabeza computadorizada en la unidad de radiología de la ciudad de Darmstadt, que en casos así coopera con la clínica. Por regla general el Instituto para valorar las placas y dictaminar el diagnóstico oficial necesita cierto tiempo. Pero en este caso ya al día siguiente el médico de planta, el Sr. H., informa a Reiner Feldmann y posteriormente a su mujer que la CT (tomografía computadorizada) muestra una clara “atrofia cerebral como consecuencia de la ingesta de alcohol y el inicio de una demencia progresiva”. “El médico de la planta me aconsejó en esta conversación, dice la mujer de Feldmann, que hiciera que le inhabilitaran, que le declararan incapaz jurídicamente”.

También esto mismo, dice Wallraff, le propusieron a mi esposa, cuando yo quise abandonar Goddelau voluntariamente. El médico quería retenerme allí, en su opinión yo padecería cierta tendencia al suicidio. Mi esposa me sacó con ayuda de un abogado amigo. ¡Qué fácil lo hubieran tenido si mis parientes hubieran querido desprenderse de mí! ¿Cuántas veces ocurre esto hoy día?

Reiner Feldmann tuvo suerte. Su mujer le apoya y no permite que se le inhabilite, al contrario se preocupa por él y le infunde coraje. Los médicos le aconsejan que no se le deje pasear solo y le hacen ver con nitidez que la demencia es incurable.

El sobresalto es inmenso y Feldmann se derrumba. Se ve el resto de su vida privado de recuerdos, viviendo con una mente en blanco. Se intensifica su angustia, que sofoca sus ganas de vivir y pierde interés en colaborar en las ofertas de trabajo y ejercicio terapéutico en la planta de depresivos.

Una noche emprende un largo paseo por el bosque. La clínica alarma a la policía. Reiner Feldmann ve el coche de la policía y consiente en que se le lleve a destino. En el informe médico se anota que el paciente estaba totalmente desorientado. Reiner Feldmann se enfada. “Dice que él, el supuesto atolondrado, fue quien condujo a la policía sin problema alguno por aquel intrincado y embarullado terrero al alojamiento. Ningún médico se preocupó de él a su regreso, y él sencillamente se fue a dormir.

Pero, debido a este hecho, el médico de planta traslada a Reiner Feldmann al departamento cerrado de los dementes (9/2). El traslado supone para Reiner un nuevo golpe. Se ve rodeado de gente mayor indefensa, confundida, desorientada, torpe. Y al poco de su ingreso en este departamento se le administran distintos medicamentos. Su mujer está muy afectada, apenas puede creer la decisión de los médicos.

Y en esta planta comienza la espeluznante cárcel personal de un hombre enfermo depresivo, ocasionado por su excesivo trabajo y por problemas privados. Reiner está convencido de que su vida  se ha acabado. La planta de los dementes, dice, uno debe imaginarse del modo siguiente: en el desayuno la mayoría de los pacientes son alimentados, algunos se pasan las horas sentados y otros paseando por la planta. Una paciente, que con frecuencia quería desvestirse, fue maniatada por el personal. Gran parte porta pañales. En las puertas cuelgan  grandes números. Muchos, que en la planta se sentían solos, de noche llamaban a sus hijos”.

Reiner Feldmann anota las circunstancias en su entorno como una pesadilla: Él se encuentra fuera de lugar. Pero teme tener que permanecer aquí sin poder salir. Aquí se encuentran los desesperados, los rendidos y, sin embargo, él era hasta hace poco un empleado de una gran multinacional de seguros. Técnico especialista y ponente de daños para casos especiales. ¿Tan rápidamente uno se vuelve demente y enfermo incurable?

Dice su mujer que únicamente a ella le transmitió esperanza una cuidadora bastante mayor de la clínica. “Me susurraba: Con toda seguridad su marido no padece demencia. Espere a que se haga evidente”. Esta cuidadora y un psicólogo fueron los únicos que encontraron tiempo para hablar con ella e intentaron comprender al paciente a fin de saber qué era lo que padecía y sentía.

Ya en el departamento de alcohólicos Reiner Feldmann fue sometido a un tratamiento medicamentoso intensísimo; durante los tres meses siguientes prosiguió en las diversas plantas del hospital tomando más de una docena de pastillas diariamente. Apenas  médico alguno habló con él, dice Feldmann, “siempre sólo pastillas”. La planta cerrada para dementes fue el culmen: “El tratamiento medicamentoso se inició sin demora, sin mi consentimiento. Un día me negué a tomar aquellas 15 pastillas”. El parte facultativo dice a este respecto: “Hoy por la mañana se observó que ha escupido los medicamentos prescritos y los ha escondido en el bolsillo. Preguntado por su comportamiento, el señor  Feldmann no ha dado una respuesta pertinente”. ¿Cuál hubiera sido pertinente? “¿No quiero dejarme envenenar por ustedes?”. Los médicos hubieran concluido: “La respuesta típica de un enfermo maníaco, paranoico, no contacta con la realidad”. Dice Wallraff: Yo mismo lo viví en su día y lo tengo anotado en mi diario: “Me siento como el típico loco que se siente como el único normal entre locos de atar”. Y alguna vez se muestra con fuerza la convicción de quizá ser uno de aquellos maniáticos que viven al margen de la realidad.

Al final Reiner Feldmann termina desconfiando incluso de su mujer, teme que quiera desentenderse  definitivamente de él en esta planta. Conozco, dice Wallraff, este sentimiento de “estar loco inducidamente”: bajo el influjo de otros enfermos el ser tratado por el personal sanitario como un  incurable hace que las fuerzas se desintegren y uno termine desmoronándose. Reiner  Feldmann aparece roto, desesperado, desesperanzado.

Resulta difícil saber hasta donde está causado esto por la fuerte ingesta de psicofármacos. En cualquier caso se conocen los efectos secundarios graves y muy graves de todas estas pastillas, que se le suministraron: tavor, haldol, quilonum, zyprexa, pipamperon, reminyl. Según estudios de USA y estimaciones  de la Sociedad Alemana de Psiquiatría Social la prescripción, a menudo muy concentrada, de antipsicóticos es una de las causas de por qué la esperanza de vida de los enfermos psíquicos es de 20 a 25 años menor que la esperanza de vida normal. Por ahora no existen trabajos de gran valor informativo sobre la importancia de los diagnósticos erróneos, pero están en marcha.

Dos semanas tras su ingreso en la estación cerrada de dementes llega la valoración oficial del estudio del CT. El servicio de radiología de Darmstadt, que ha llevado a cabo la prueba, ve el tema muy diferente a los médicos de la clínica en su diagnostico previo y explica que la tomografía computadorizada no indica ningún cambio anómalo. Por tanto: nada de demencia, ni de atrofia cerebral. En el informe facultativo del 4 de abril de 2008 se anota: “no hay atrofia cerebral”. Y “no existe indicio de demencia, déjese de darle reminyl”.

Reiner Feldmann y su mujer se enteran del diagnóstico, que cataloga la actual terapia en el hospital Philipp como un tratamiento totalmente erróneo, por casualidad. Al visitar a su marido se cruza con la médico de la planta, que le mira y le dice que no existe atrofia cerebral, que está bien. Al señor Reiner Feldmann no se le comunica nada, ni mucho menos se le ofrece disculpa por el diagnóstico erróneo ni por la terapia resultante. Por fin el 10 de abril reacciona la clínica, Feldmann es liberado del departamento cerrado de dementes y trasladado a un departamento abierto para enfermos depresivos, 14 días después de recibir el diagnóstico certero del CT de Darmstadt.

Por lo que volvía a la vida y renacía en él la esperanza. El parte facultativo anota un día después: “Ayer mostró el señor Feldmann formas de comportamiento totalmente sorprendentes y nuevas. Sentado en la sala de estar hizo gimnasia con una cinta de goma, participó correctamente en la solución de crucigramas, sus gestos fueron expresivos, se interesó por su entorno”. Tras seis semanas Feldmann es dado de alta.

Cuatro meses después el antes paciente constata ante su Seguro de Enfermedad, ante el hospital Philipp y su responsable, el Instituto de Previsión de Hessen, que él, merced a un fallo en el diagnóstico –interpretación equivocada de la imagen del CT- ha sido tratado erróneamente durante semanas con medicamentos nocivos de importancia y encerrado en  una planta. Y exige indemnización por los daños padecidos por valor de 7.500€, cantidad ya conseguida por otros pacientes con diagnósticos erróneos parecidos.

Reiner Feldmann reclama indemnización ante la Fiscalía general del Estado en Frankfort a inicios de marzo. Cinco semanas después es rechazada. De la fundamentación del rechazo se deduce lo detenidamente que el fiscal superior ha leído el informe facultativo: “En la planta 9/4, escribe el funcionario, se llevó a cabo una tomografía computadorizada con el resultado de atrofia cerebral”. La investigación llevada a cabo  no en el hospital Philipp sino en el servicio de radiología de Darmstadt dio como resultado expreso que no se daba tal atrofia cerebral.

Reiner Feldmann, por razones de coste, renunció a seguir una disputa jurídica. Al estigmatizado de nuevo por la Fiscalía le queda todavía recorrer el camino emprendido a finales de 2009 ante la Oficina dictaminadora y el centro de arbitraje del Colegio Médico de Hessen. El Colegio Médico solicita a la clínica que se pronuncie, hay intercambio de correspondencia y un tira y afloja de ambas partes. Tras  más o menos 9 meses Reiner Feldmann  registra su primer pequeño éxito. En julio de 2010 la dirección médica del hospital Philipp, después de que Reiner le aclara a dirección que me ha informado a mí, Günter Wallraff, sobre el caso: “Estimado señor Feldmann, tras nueva revisión crítica de nuestros informes médicos se constata que “el diagnóstico formulado de una dependencia alcohólica a inicios de su estancia no se puede mantener con  definitiva seguridad. Por lo que lo siento si la mención de este diagnóstico provisional le ha acarreado disgusto”. No hay reacción por parte de la clínica a mi ruego de que se posicione ante el caso. Fuera de este escrito lapidario no se obtiene otra respuesta.

No se asume responsabilidad por el error. Los diagnósticos erróneos con las correspondientes consecuencias equivocadas del tratamiento no se han admitido en el hospital Philipp, esto se convierte en salmodia de clínica ante la Oficina de peritaje y arbitraje del Colegio de Médicos de Hessen. Allí se sigue batallando contra la solicitud de Reiner Feldmann. La clínica se aferra  a que Reiner Feldmann es y sigue siendo –independientemente del escrito del director de la clínica- un alcohólico demente. En la postura del médico responsable de planta, el doctor H., frente al Colegio de Médicos se dice que Feldmann fue trasladado con toda justeza a la planta de  gerontología psiquiátrica.

La Comisión de peritaje y arbitraje está enmarcada en el Colegio de Médicos, en la Asociación profesional de médicos, es decir, en sentido lato es parte en la disputa y controversia, concretamente de la médica.

No es por tanto un procedimiento que garantice neutralidad y objetividad. De ahí que las Asociaciones de pacientes soliciten un arbitraje independiente cuando haya que valorar las consecuencias de errores médicos.

La Federación Nacional de afectados por el tratamiento psiquiátrico sigue luchando 35 años después de la reforma de la psiquiatría por la dignidad de las personas en los centros psiquiátricos y por la independencia de los centros de evaluación de las reclamaciones. Ésta es la exigencia central para quebrar la estructura de maquillaje o incluso de encubrimiento de errores. Y en esta rama médica no son tan extraños y raros los diagnósticos erróneos y el tratamiento equivocado. Un profesor de psicología clínica, que no quiere que se mencione su nombre, calcula en más de un 20% los pacientes con diagnóstico equivocado por errónea valoración de las radiografías. El ahorro en sanidad está a menudo reñido con un tratamiento y un diagnóstico individual, sobre todo en casos límite. Y también el creciente número de hospitalizaciones forzosas en psiquiatría ha agravado aún más la situación. El ministerio de Justicia precisa que entre 1992 y 2008 han pasado de 41.000 a 144.000 las hospitalizaciones forzosas, es decir más de un 350%. ¿Está realmente nuestra sociedad tan enferma? ¿O tras estos números se esconden a veces casos dudosos como el del comerciante en objetos de arte de Munich, a quien el entonces director de la clínica psiquiátrica de Munich, “prácticamente sin examen” (Süddeutsche Zeitung del 21 de agosto de 2008), le declaró enfermo psíquico. Y para eludir la hospitalización forzosa, con la colaboración de su esposa, voló a Suiza. El profesor, que le trataba, fue en febrero de 2010, tras disputa jurídica de más de 10 años, condenado por el tribunal supremo de Munich a pagar 15.000€ como indemnización.

Prescindiendo de este tipo de diagnósticos erróneos y petulantes no hay duda de que las clínicas psiquiátricas necesitan una mejor dotación  de personal y financiera. Sólo una asistencia seria y esmerada del paciente sienta la base para comprender la enfermedad psicológica y poder brindar respuesta adecuada. Se da en las clínicas escasez de personal, de recursos y de dedicación.

En la Colección de trabajos históricos de la Federación del Bienestar de Hessen, responsable del hospital Philipp, apareció en 2004 un volumen de varios autores de 500 páginas con el título “Servicio de Cuidados del hospital Philipp”. En la penúltima de las 38 aportaciones (Psiquiatría desde el punto de vista de un pariente) escribe la madre de una paciente: “Mediante la reforma de la sanidad todo ha empeorado, a menudo sólo hay suministro de medicamentos, porque toda conversación, cualquier terapia personal cuesta dinero, algo que no existe para esa persona. Los problemas en el tratamiento del enfermo psíquico siguen siendo grandes, quizá hoy mayores que ayer”.

A pesar de todo Reiner Feldmann logró dar nuevamente el paso a una vida normal. Cuando abandonó la clínica no regresó a su antiguo trabajo. Tuvo que seguir luchando durante un tiempo contra sus pesadillas, especialmente contra las vivencias padecidas en el departamento de dementes. Pero pronto comenzó a relacionarse con la gente, participó en una iniciativa ciudadana en pro de la vivificación y revitalización del casco viejo de su pueblo, juntándose con frecuencia con amigos. Las depresiones fueron disminuyendo a medida  que se iba involucrando e injertándose en la vida. En medio de todo ha tenido suerte aun cuando, para que se le reconozca haber sido víctima de una diagnóstico equivocado y de una terapia errónea, va a tener que seguir luchando. Su mujer fue puente de conexión con el exterior. ¿Cuánta gente, que sufre bajo parecidas condiciones de trabajo y enferman psíquicamente, no tiene esa suerte?

 

Traducido por Mikel Arizaleta



[i] Günter Wallraff es el periodista alemán  más famoso en desvelar, desenmascarar y poner en claro abusos relevantes.

Publicado por Nabarralde-k argitaratua