Agurtzane Paz ha inventariado documentación clave en los archivos de la santa sede
DURANTE diez meses, Agurtzane Paz ha buceado en los miles de textos que alberga el Archivo Secreto del Vaticano, una inmensa fuente de documentación que se va desclasificando, muy poco a poco, con cada fumata blanca que da la bienvenida a un nuevo papa. Paz, joven estudiante donostiarra licenciada en Historia por la UPV y que en la actualidad realiza su tesis doctoral sobre el Monasterio de Quejana (Araba), ha reunido 1.200 documentos en los que los máximos jerarcas de la Cristiandad entre los siglos XIII y XV responden a las peticiones de sus feligreses y subordinados, arbitran en los conflictos que surgían entre los poderes religiosos y políticos de la época, o amonestan a sus obispos en las diócesis vascas, las de Baiona, Burgos, Calahorra y Pamplona, en aquellos tiempos.
La virtualidad del trabajo de Paz ha sido crear una base de datos ordenada a partir de documentos perdidos en el inmenso archivo del Vaticano, que ha consultado desde la biblioteca de la UPV, y reconstruir así una época en la Historia de Euskadi sobre la que la documentación escrita brilla por su ausencia, y en la que la Iglesia era prácticamente la única notaria de la realidad.
La base de datos creada por Paz, a instancias de la UPV y del Centro Superior de Investigaciones Científicas -el CESIC-, consta principalmente de correspondencia burocrática, pero facilita la labor a los investigadores que, por ejemplo, pueden comprobar el interés del papa Luna, Benedicto XIII, por el monasterio de Santa Catalina de Badaia, alrededor de cuyas ruinas se ubica hoy el jardín botánico del mismo nombre.
El pontífice que murió como un hereje en su castillo de Peñíscola en 1423, facultó a los frailes jerónimos de este monasterio alavés a desobedecer a cualquier arzobispo u obispo que quisiera interferir en sus normas de funcionamiento. Otro dato que Agurtzane ha extraído de los archivos vaticanos como la aguja de un inmenso pajar es la orden de este mismo papa de conceder indulgencias a quienes visitaran el hospital de leprosos de Santa María Magdalena, muy cerca de donde hoy está la Catedral Nueva de Vitoria.
Y así hasta superar el millar de documentos de entre los que esta joven investigadora donostiarra destaca los referidos a la herejía de Durango, promovida y encabezada por un fraile franciscano opuesto a la devoción de la cruz y defensor de la comunidad de bienes y mujeres, y que se saldó con un centenar de vecinos de la localidad vizcaina incinerados en vivo en plena vía pública. Otro episodio destacable fue la excomunión de Diego López de Haro a raíz de sus problemas con el clero local, o las llamadas a participar en las cruzadas a los ciudadanos vascos.
“Todo esto empezó por un proyecto entre la UPV y el CESIC al frente del que están José Ramón Díaz de Durana y Cristina Jular -que han dirigido el trabajo de Agurtzane-, que tenían la intención de recopilar esa documentación vaticana ya publicada”, señala la historiadora, cuyo proyecto fue merecedor de la beca bibliográfica Jesús Olaizola que concede la Fundación Sancho el Sabio.
La forma de trabajar de Agurtzane estuvo presidida por la paciencia. “Se cogían los libros de la biblioteca, se consultaban todos los documentos y los relativos al País Vasco se incluían en la base de datos”, explica la investigadora, que acaba de finalizar el máster Europa y el Mundo Atlántico: poder, cultura y sociedad.
En la mayoría de los casos las referencias son respuestas burocráticas del papa, dispensas matrimoniales, reprimendas a sus obispos, pero de entre toda esa documentación se puede extraer información histórica relevante, pues como explica la propia creadora del archivo, que se puede consultar en la página web de la Fundación Sancho el Sabio, “en esa respuesta se contiene también un problema”, una referencia a los avatares de un momento concreto de la Historia en lo que hoy es la Comunidad Autónoma Vasca y en Navarra, así como en La Rioja o Burgos y Aquitania.
Aunque Agurtzane se ha quedado en el siglo XV, el Archivo Secreto del Vaticano es una fuente inagotable de información, más jugosa cuanto más se acerca al periodo actual.
Hoy día solo se puede consultar hasta la muerte de Pío XI, en 1939, y el actual papa, Benedicto XVI, será el encargado de abrir uno de los papados más polémicos y enigmáticos, el de Pío XII, datado entre 1939 y 1958 y que aclarará el papel que tuvo este pontífice en la II Guerra Mundial.








