Fraude de democracia

Soy consciente de que el uso de las palabras ‘fraude’ y ‘democracia’ en la misma frase es redundante para referirse al sistema político vigente en España. Un sistema fraudulento por su origen en la voluntad del dictador, que se fundamenta en una constitución perfectamente ilegítima desde el momento en que nace bajo la presión armada del estamento militar.

 

Sin embargo, hay hechos que bien merecen que toleramos algunas redundancias. Hablo de la propuesta, avalada por unos cuantos dinosaurios de la política hispana, como Felipe González, de llegar a un pacto de gobierno entre PP y PSOE.

 

El sistema no nació para que el pueblo pudiera ejercer el poder de ninguna manera, sino para garantizar que dos partidos controlaran permanentemente el gobierno. Y así ha sido hasta ahora. Con leyes electorales tramposas, redactadas expresamente en beneficio de los satisfechos herederos del franquismo, el bipartidismo (en caso que nos empeñemos en considerar que PP y PSOE son dos partidos diferentes) se ha mantenido a flote durante tres décadas demasiado largas.

 

Que ahora, cuando apenas se vislumbra la posibilidad de que el engaño se tambalee, y que el poder pueda no ir a parar a manos de uno de los dos grandes partidos del nacionalismo español, es absolutamente fraudulento preparar un pacto que los reinstale en al gobierno, manifiestamente en contra de la voluntad popular (si es que finalmente se expresa en este sentido).

 

Recuerde, por ejemplo, una campaña de uno de estos partidos, que decía “Si tú no vas (a votar), ellos vuelven”. “Ellos”, por supuesto, eran los del otro partido. Unos y otros han estado pidiendo un voto contra el otro sistemáticamente. Carentes de más argumentos políticos, ya que sus acciones de gobierno han sido a menudo perfectamente indistinguibles, han recurrido a una técnica terapéutica conocida como ilusión de alternativas, en la que se ofrecen al paciente dos opciones distintas, con la peculiaridad de que, elija la que elija, obtendrá beneficio terapéutico. La diferencia, obviamente, es que en el terreno de la política electoral, la peculiaridad era que elijamos al que elijamos, perdíamos. Hace treinta años que perdemos siempre a manos de los mismos perros con collares ligerísimamente distintos.

 

En el terreno de la política económica, las propuestas de los dos partidos han sido prácticamente indistinguibles. Los bancos, por ejemplo, se han beneficiado más durante los gobiernos del partido que -supuestamente- se sitúa más a la izquierda de los dos. Y si atendemos a la política territorial, los valencianos hemos seguido igualmente expoliados e idénticamente ignorados con unos y con otros. Tanto si los gobiernos de Madrid y de Valencia eran del mismo color, como si cada uno estuviera en manos de uno de los dos partidos, nos han meado encima y nos han forzado a aceptar que llovía.

 

Entretanto, eso sí, hay un considerable exceso de millonarios en las filas de ambos partidos, y los consejos de administración de las grandes empresas están llenos de nombres que antes habían llenado candidaturas electorales. Que la mayoría sean de una mediocridad espantosa no debería extrañar a nadie. No era brillantez, sino fidelidad canina, la calidad que se les requería para prosperar dentro de sus organizaciones.

 

Es sencillamente una estafa que nadie ose hablar de un pacto de gobierno entre los dos grandes beneficiarios de la herencia franquista. Si con todo el poder que han tenido y con todos los recursos que han despilfarrado generosamente (en sí mismos) no han conseguido sumir a la gente en un estado de estupidez permanente de modo que les permita seguir chupando eternamente del bote, que vayan a llorar por los rincones. Un gobierno de coalición entre los dos grandes farsantes de la seudodemocracia española no sería sólo una estafa; sería un insulto tan grave que justificaría cualquier tipo de reacción popular.

 

http://www.suay.cat/2014/05/frau-de-democracia.html

BLOG DE FERRÁN SUAY I LERMA