«Euzkadi» en el espejo de ‘Nosaltres Sols!’: nacionalismo integral y fraternidad durante la Segunda República.
La Segunda República española fue percibida, tanto en Cataluña como en Euskadi —anote que siempre nos referimos a todo el país de los vascos—, como un momento de inflexión histórica. Sin embargo, no todas las corrientes nacionalistas interpretaron el nuevo régimen como una oportunidad real de emancipación. Desde Cataluña, la publicación ‘Nosaltres Sols!’ elaboró una crítica sistemática del republicanismo español y proyectó sobre Euskadi una mirada fraternal pero severa, marcada por la convicción de que el Estado, incluso bajo formas democráticas, seguía siendo un instrumento de dominación nacional.
A diferencia de otros sectores del catalanismo, ‘Nosaltres Sols!’ nunca concibió Euskadi como un simple aliado circunstancial, sino como una nación sometida al mismo enemigo histórico. Esta idea aparece reiteradamente en sus textos, donde Cataluña y Euskadi son presentadas como partes de un mismo frente oprimido. En un artículo del editorial “El separatismo en marcha“ del nº 180 de 15 de septiembre de 1934, escrito en un contexto de máxima tensión política ya en período del bienio negro o conservador y sólo tres semanas antes de los ‘Hechos de Octubre’, se puede leer:
«Ahora que ya es notoria e inminente una acometida a fondo contra Cataluña y contra Euzkadi, ahora que el enemigo natural y secular prepara el ataque, que no se hable más de una Cataluña izquierdista ni de una Cataluña derechista, ni proletaria ni burguesa, ni confesional ni laica. Es la Cataluña total la que debe de enfrentarse al adversario…»
La inclusión explícita de Euskadi en esta “acometida a fondo” no es retórica accesoria. En la cosmovisión de ‘Nosaltres Sols!’, el conflicto vasco no es un problema regional, sino una expresión clara del choque entre naciones y un Estado imperialista heredero de Castilla. Esta lectura es especialmente dura con el republicanismo español, al que acusa de haber maquillado, pero no transformado, el viejo centralismo.
En este sentido, la publicación hace una distinción fundamental entre cambio de régimen y cambio de naturaleza del Estado. Para sus redactores, la República no representa una ruptura real con el pasado, sino una continuidad ideológica bajo un lenguaje liberal. Así lo expresan en la sección “Batecs“ (“Latidos”) del mismo número donde el proceso vasco de elaboración de su Estatuto de Autonomía de 1936 está implícito:
«Todo esto favorece y corrobora nuestra concepción separatista. Cuando hubo aquella euforia del año 31, en el que parecía que ya se habían terminado las incomprensiones entre España y Cataluña, solo esta hoja nuestra de combate sostuvo serenamente y contra todos que España no comprenderá nunca a Cataluña. Seguros de esta afirmación, manteníamos la bandera separatista.»
Aquella experiencia catalana es presentada, a menudo, como una advertencia para Euskadi. ‘Nosaltres Sols!’ observa con preocupación la apuesta mayoritaria del nacionalismo vasco por la vía estatutaria y por el pacto con fuerzas españolas, incluso republicanas. Sin negar la nobleza del objetivo, la publicación considera que esta estrategia conduce inevitablemente en la frustración. Su rechazo es especialmente contundente cuando trata el concepto de “justicia republicana”, tan presente en el discurso oficial de Madrid, véase el editorial de la publicación “1640-1933 Azaña-Duque de Olivares” en el núm.113 del sábado 4 de Junio de 1933:
«El orgullo castellano necesita esclavos. Azaña sabe esconder muy bien ese orgullo bajo la apariencia de una política liberal y aún con eso que llama cínicamente justicia. Por eso que hemos dicho que preferíamos Primo de Rivera antes que Azaña. Primo de Rivera llevaba la liturgia moruna encima. Azaña es el espíritu seco, duro, ascético del castellano. En cada una de sus palabras, enseña la espada.»
Este pasaje es clave para entender la lectura que ‘Nosaltres Sols!’ hace también del caso vasco. Euskadi, como Cataluña, es vista como una nación a la que se le exige sumisión en nombre de un orden legal que no ha sido libremente aceptado. La crítica no se dirige únicamente a Madrid, sino también a los nacionalistas que confían en este marco jurídico. En otro texto, la publicación alerta contra las “solidaridades” con sectores españoles, una advertencia que resuena claramente en el contexto vasco:
«Aquellos que en estos momentos nos hablan de solidaridades absurdas con sectores y estamentos españoles, hipotecan de antemano nuestra libertad y traicionan la causa de Cataluña.» (Editorial “El separatismo en marcha” nº 180 de 15 de septiembre de 1934.
A pesar de esta crítica severa, ‘Nosaltres Sols!’ manifiesta una admiración explícita por determinados rasgos del pueblo vasco, especialmente por su espíritu guerrero y por su capacidad histórica de resistencia. En un largo artículo dedicado a analizar el carácter de Castilla, la publicación contrapone la dureza imperial castellana al espíritu combativo vasco, incluso afirmando:
«Nosotros creemos que el castellano no es un pueblo ‘guerrero’, sino un pueblo ‘militarista’. Castilla ha participado también de influencias de asimilación. Castilla ha participado de la vieja Euzkadi, de su espíritu ‘guerrero’ Los mejores generales españoles han sido vascos. Es el espíritu ‘guerrero’, lo que forma un general, no el espíritu ‘militarista’. Este tipo ‘guerrero’ que encuentra Ganivet en los españoles, no proviene de los castellanos. Zumalacárregui, Egura, Harispe, Mina, Jáuregui, Laguía, Oraá y otros muchos eran vascos. valían para generales, y eran guerrilleros.» Editorial “1640-1933 Azaña-Duque de Olivares” en el núm.113 del sábado 4 de Junio de 1933.
Esta exaltación del componente vasco no es anecdótica. Sirve para reforzar la tesis de que Euskadi dispone de una energía nacional que podría perderse si queda diluida en el juego institucional español. En este punto, la publicación proyecta sobre el futuro una advertencia casi profética, especialmente significativa si se lee desde su posterior experiencia del Gobierno Vasco durante la Guerra Civil:
«Antes de nada, nuestra Patria debe ser libre para dirimir, también libremente, sus problemas interiores y para que sea ella misma la que oriente y organice su vida nacional.» “Batecs” (“Latidos“) del nº. 180 de 15 de septiembre de 1934.
A pesar de las disensiones en la estrategia las relaciones entre Cataluña y Euskadi son prolíficas buen ejemplo es el encuentro del Once de Septiembre de 1934 descrito el artículo “El once de septiembre de este año” núm. 180 de 15 de septiembre de 1934. Éste tuvo un marcado carácter de ritual político compartido entre el separatismo catalán y el nacionalismo vasco, y fue narrado por ‘Nosaltres Sols!’ como una expresión inequívoca de fraternidad nacional. Según la crónica, «en comitiva, todos juntos, se fue a hacer la ofrenda que en nombre de los Mendigoixales hicieron los señores Aguirreche y Arregui a Rafael Casanova, donde fueron recibidos por el Presidente del Comité». En el transcurso del acto, los representantes vascos tomaron la palabra «en el micrófono instalado y con palabras enérgicas y vibrantes», dejando constancia pública de «la adhesión de Euzkadi a Cataluña», y cerraron sus intervenciones con los gritos de «Visca Cataluña! y Gora Euzkadi Azkatuta!», que —según el mismo texto— «fueron contestados por todos». La crónica destaca igualmente la intervención posterior de Daniel Cardona, que «ofreció a Euzkadi todo el sentimiento y la vibración de los patriotas catalanes, que están dispuestos a llegar a donde sea necesario para liberar a las respectivas Patrias», en medio de aplausos y exclamaciones favorables al pueblo vasco. Finalmente, el itinerario simbólico culminó en el Fossar de les Moreres «Nos dirigiremos al Fossar de les Moreres, donde habla el señor Roig i Pruna y los señores Aguirreche y Arregui, vibrante el entusiasmo por todas partes que hizo sentir momentos de fervorosa emoción.», reforzando la dimensión emocional y política de un acto concebido como expresión de unidad entre naciones oprimidas.
Desde una perspectiva vasca, estos textos pueden resultar incómodos pero también reveladores. ‘Nosaltres Sols!’ actúa como una voz externa que observa a Euskadi con solidaridad nacional, pero también con una lucidez despiadada sobre los límites del pactismo. No ofrece un modelo político exportable sin matices, pero sí un diagnóstico claro: mientras el Estadoespañol mantenga intacto su núcleo imperial, ninguna solución autonómica garantizará la supervivencia plena de las naciones sometidas.
En definitiva, la visión de Euskadi que emerge de ‘Nosaltres Sols!’ es la de una nación hermana, fuerte pero en riesgo, llamada a decidir entre la comodidad del encaje y la incertidumbre de la libertad. Para el abertzale vasco, estos textos no son sólo testimonios del separatismo catalán, sino también una advertencia histórica que interpela directamente al propio recorrido del nacionalismo vasco en el siglo XX.









