El secreto está en la masa

La parodia de juicio que tiene lugar a cientos de kilómetros de distancia geográfica de Cataluña -y miles de distancia emocional- ha popularizado determinadas palabras o expresiones, marcas comerciales incluidas, puestas en circulación, sobre todo, por los testigos de la acusación: ‘miradas de odio’, ‘murallas humanas’, ‘fairy’, ‘peor que en el País Vasco’, ‘ambiente violento’, etc. Tal como loros de repetición, funcionarios del Estado y otras personas adictas al régimen no se han esforzado en disimular, lo más mínimo, el carácter postizo y forzado de su intervención ante el tribunal y han ido soltando una y otra vez las palabras y frases clave, todo previamente aprendido tras el aleccionamiento correspondiente, con el único objetivo de inculpar a los acusados. La inverosimilitud de algunas afirmaciones ha sido de dimensiones colosales, no tanto, sin embargo, como la falta de vergüenza de los propietarios de las gargantas que emitían una mentira tras otra.

Se comprende, perfectamente, que no puedan verse los vídeos en la sala dado que, en este caso, las declaraciones quedarían absolutamente desmentidas por la realidad. Cualquier persona que nunca hubiera visto nunca imagen alguna del 1 de octubre, o bien del 20 de septiembre, si hiciera caso de la verdad que figura que han dicho ciertos testigos ante el tribunal, ya tendría el retrato hecho. Pensaría que una multitud violenta, formada básicamente por gente joven, con preparación militar y diestra en artes marciales, atacó, sin piedad, a policías españoles indefensos, todos ellos de la tercera edad, que, totalmente desarmados, a pecho descubierto y con la cara sin tapar, sólo pretendían dialogar con aquel grupo de violentos, blandiendo el instrumento que más aman y conocen: la palabra.

En las últimas sesiones, la última palabra que se ha incorporado al léxico de la infamia es, precisamente, ‘masa’. Dicho así, con un tono y una intencionalidad absolutamente peyorativos, la masa se convierte en un conjunto anónimo de personas descontroladas que tienen como único objetivo emitir miradas de odio contra los policías que están a punto de zurrarles, en vez de observarlos amorosamente, desmintiendo así que el independentismo sea amor. Parece ser, además, que, en algún caso, está documentado que la masa también cantaba. Y, por si esto no fuera suficiente, osó hacerlo en catalán, gesto máximo de intolerancia y falta de respeto hacia una gente, pagada entre todos los españoles, que no conocía esta lengua, después de trescientos años de formar parte del mismo Estado.

Lo que para ellos es la masa, para nosotros es la gente, el pueblo, los ciudadanos. La gente que escondió las urnas en su casa; la que fue a votar a pesar de la represión del Estado que aún mantenemos de nuestro bolsillo todos los catalanes; la gente que se paga el autocar para viajar hacia Bruselas o Madrid; la gente que, en familia, llena calles y plazas cada 11 de septiembre y siempre que es requerida a hacerlo; la gente que hace aportaciones solidarias para hacer frente a las multas que reciben todos los patriotas objeto de persecución por parte del Estado español; la gente que se mueve por convicción y no por subvención. A esto se llama sociedad civil, pueblo nacional, ciudadanía con conciencia de ser. Es la existencia de esta masa lo que no les cabe en la cabeza, porque ellos no tienen nada parecido, ni con esta fortaleza cívica y democrática, ni con estos esquemas mentales. Es por eso por lo que vamos a ganar, porque no hay suficientes cárceles para tanta masa, para tanto pueblo, para tanta gente, cada día que pasa, aún más. Y mira que es fácil de ver dónde está el secreto de nuestra victoria: el secreto está en la masa.

EL MÓN