La ampliación en altura que se está llevando a cabo en el Hotel Londres desfigura la estética, forma, y proporciones originales del edificio, restando además relieve y visibilidad a su singular cúpula. Emblema de una época y un estilo que sigue definiendo a la ciudad, y único indemne superviviente del conjunto de hoteles y palacetes que conformaban uno de los mas bellos y luminosos paseos de Europa, debería estar a salvo de este tipo de generalizadas y lesivas intervenciones que oscurecen y desvirtúan aún más, si cabe, la escala y valor cultural de todo el ensanche.
Resulta difícil de entender que las mismas instituciones que afirman preservar y promover el valor turístico de San Sebastián no eviten la destrucción de uno de sus principales atractivos: su patrimonio edificado. Y es que el propio Ayuntamiento, con el único fin de obtener ingresos con los que financiar en parte las campañas de promoción basadas en el romanticismo y el encanto de la ciudad, sigue concediendo licencias de obras que lo degradan. O bien las acomete directamente, como en el caso del inmueble que albergaba el Parque de Bomberos en la céntrica calle Easo, al que va a añadir dos pisos con objeto de habilitar unas oficinas que pueden ubicarse en cualquier otro de los muchos inmuebles y locales que posee.
No se puede seguir ignorando que el valor cultural y el interés urbano de una ciudad reside en gran parte en una cierta homogeneidad estética, de la que forman parte inseparable, además de la escala y forma original de sus edificios, sus remates; tejados, cornisas, terrazas, cúpulas, torres y demás elementos que constituyen su perfil arquitectónico. No, si queremos que Donostia/San Sebastián conserve su belleza e interés.





