Al igual que el resto de Valdizarbe, Obanos tiene su lugar propio en la historia de la lengua vasca, lengua que durante siglos ha sido la principal de la localidad, como así lo demuestran multitud de testimonios recogidos por diversos autores. La toponimia no ofrece dudas: Elizapea, Legardabidea, Errotaldea, Zubiondoa, Errotagaña, Gainoleta, Astogarai, Iturgaitz, Lamiategi…
Precisamente, Lamiategi puede hacer referencia a las lamias o seres mitológicos vascos, pero también a brujas en sentido despectivo, y con este último significado las empleó una mujer de Obanos (1536) para injuriar a otra de la misma localidad a cuenta de la construcción de unas tapias. En concreto, le espetó: “Lamia zar handia”. Un testigo aclaró el sentido de la ofensa: “a común entendimiento de todos llamarle lamia es decirle bruja y que conversa con los diablos, lo cual se tiene por muy gran injuria…”.
En otro litigio (1610), el juez instructor tuvo que hablar en euskera porque las testigos, la mayoría de Obanos, no sabían hablar castellano. Ente ellas figuraban Mari Juan Arraiza, María Ibero, María Irisarri, Lucía Leoz, Joana Eusa y Teresa Molina.
En Obanos también ha habido o hay infinidad de motes o apodos en euskera, como Zarkume (hijo/a de padres viejos), Buruandi (cabezón o testarudo), Galant (persona hermosa), Mutikoandia (mocetón), Muxupolit (persona de rostro hermoso), Sendo (persona robusta), Ezker, Gorria, Katalintxantxo, Dantxariko, Burutxuri…
El académico de la lengua vasca Josemaria Satrustegi solía comentar que su abuelo, natural de Arruazu (Sakana), se encontraba como en casa cuando iba a Puente, porque podía hablar euskera, y añadía que los últimos vascohablantes de Obanos fallecieron en el siglo XX. Dato ratificado por el investigador y folclorista pamplonés Francisco Arraras Soto, que escribió lo siguiente en 1971: “Sabido es que Obanos fue uno de los últimos pueblos de Valdizarbe que perdió el euskera”.
Con todo ese pasado, no es de extrañar que con motivo de la colocación de la primera piedra de la nueva iglesia de Obanos (abril de 1911) se extendió un acta en latín, euskera y castellano, por parte del Salvador Garisoain y Segura, sacerdote nacido en la misma localidad. Mucho antes, Juan de Undiano (fallecido en 1633), natural de Obanos y ermitaño de Arnotegui, había escrito versos en euskera.
En 1924, el escritor y médico Pablo Fermín Irigaray “Larreko” escribió en el periódico “La voz de Navarra” qué se decía en Obanos cuando en invierno soplaba fuerte y frío el viento norte: “Haizea da negua” (el viento es el invierno), tal y como le comentó Arturo Campion.
Posteriormente, en los años sesenta, el autor del guion y promotor del Misterio de Obanos encargó al también médico, escritor y académico Aingeru Irigaray (hijo de “Larreko”) unas estrofas en euskera para su inclusión en el texto de la famosa representación teatral, pero finalmente no se incluyeron. Sería deseable que si el Misterio se escenificara de nuevo se incorporaran al menos dichos versos como muestra no solo del pasado lingüístico de la localidad, sino de un presente que florece de la mano de numerosos vecinos y vecinas.
ZE BERRI










