«El dictador a la horca»: Martorell recupera en un libro la memoria del carlismo antifranquista

Recuperar la memoria del carlismo antifranquista es la esencia del último libro del periodista Manuel Martorell, en el que condensa casi un centenar de testimonios de tradicionalistas que combatieron de diferentes maneras al régimen del dictador y que ha recogido durante diez años.

La memoria del carlismo antifranquista ha sido recuperada por el periodista Manuel Martorell en el libro que acaba de publicar con la editorial Txalaparta y que lleva por título ‘Carlistas contra Franco. La fuerza opositora que Montejurra 76 quiso destruir’.

En su nuevo trabajo, Martorell recuerda que «el carlismo no se puede percibir como algo homogéneo. Es indudable que hubo carlistas franquistas e incluso quienes participaron en crímenes y asesinatos que costaron tantas vidas, décadas de exilio y años de sufrimiento. Pero también es cierto que hubo sectores, más importantes, que no aceptaron el nuevo régimen político impuesto por la Junta Militar de Franco».


Mola pasa revista a requetés en la Ciudadela antes de que partan hacia el frente en julio de 1936. (ARCHIVO MUNICIPAL DE IRUÑEA)

En este sentido, añade que «en los últimos años de la dictadura, el único carlismo que existía políticamente, con activas agrupaciones, capacidad de convocatoria y propaganda, era liderado por Carlos Hugo de Borbón-Parma bajo los parámetros del socialismo autogestionario y el federalismo».

Pero al comenzar el siglo XXI, «no quedaba rastro de esa importante y amplia militancia antifranquista. Aquel carlismo prácticamente había desaparecido y sus activistas, que se contaban por cientos y aún miles, se habían retirado desencantados a sus casas o engrosaban otras fuerzas políticas».

Por ese motivo, se planteó «la necesidad de recuperar y dejar constancia de aquel compromiso político al final del franquismo y la Transición» para que no cayera «en el olvido, mutilando la historia de la lucha antifranquista». Una oposición en la que estuvo muy implicada la propia familia del autor de la obra, así como Lázaro Ibáñez, Javier Intxusta, Rosa y Txufi Zufía, y Reyes Berruezo, entre muchos otros.

Nueva Junta Suprema antifranquista

Aunque ya en los años 40 y comienzos de los 50, los informes del Gobierno Civil de Nafarroa reconocían «la existencia de un carlismo antifranquista», fue en los 60 cuando esa oposición al régimen se hizo todavía más patente.

Por ese motivo, el relato arranca en la primavera del 68, aunque desde enero de ese año, los carlistas tenían una nueva Junta Suprema «que sustituía a la colaboracionista con el régimen» y «recuperaba las posiciones antifranquistas de Fal Conde durante la posguerra». Una corriente que contaba con la revista ‘Montejurra’ y ‘El Pensamiento Navarro’ de Javier María Pascual, que respaldaba «los emergentes movimientos sociales» de Nafarroa. 


Enfrentamientos entre carlistas y la Policía Armada en la plaza del general Mola. (CARLISTAS CONTRA FRANCO)

Este renovado carlismo se hizo patente en las calles de Iruñea en diciembre de 1968, durante la celebración de la fiesta anual de la Juventud Carlista. Tras una misa en la iglesia de San Cernin, se propuso realizar una manifestación por el centro de la ciudad que se presentó ante el Gobierno Civil, en la plaza del General Mola (actual Merindades). En ese lugar se desató «una batalla campal», con unos enfrentamientos entre Policía Armada y manifestantes carlistas que se saldaron con veinte agentes heridos y varios detenidos.

Para cuando tuvieron lugar estos hechos, hacía ya tres años que se habían creado los Grupos de Acción Carlista (GAC), «una fuerza de acción directa para responder a los continuos ataques del régimen y para que el carlismo antifranquista tuviera una mayor presencia pública», explica Martorell.

Una de sus primeras acciones fue el lanzamiento masivo de panfletos contra los Juegos Florales organizados por el Ayuntamiento de Zangoza y que contaban con la presencia del entonces ministro español de Información y Turismo, Manuel Fraga.

El eco de Montejurra 1969

Su actividad se acrecentó ante la concentración anual de Montejurra del 4 de mayo de 1969. En la misma, Elías Querejeta Zubía, portavoz de la Junta Suprema, denunció que la dictadura había creado un sistema basado en un «capitalismo a ultranza y en un centralismo absoluto», y abogaba por que «el pueblo debe hacer suyo el porvenir».

Entre la multitud que le escuchaba, se veían pancartas con lemas como ‘Abajo la represión franquista’, ‘Nuestro enemigo es el régimen’, ‘El dictador a la horca’, ‘La sangre hace rojas las dictaduras’, ‘Libertad para España’, ‘Contra ETA, fueros; no fuerza’ o ‘Franco, traidor a España’.


Manifestación en Montejurra 1969 con pancartas en contra de Franco. (CARLISTAS CONTRA FRANCO

Incluso se llegó a quemar un retrato de Franco, en una «escena que no tenía precedentes en la España franquista». Durante unas horas, Lizarra «había sido una ciudad sin ley, como reconocían los informes oficiales».

Tras esa exhibición antifranquista, solo en Nafarroa «más de cien personas tuvieron que pasar por comisaría», a lo que siguió una ‘pedrea’ de multas que iban desde las 1.000 hasta las 50.000 pesetas. La cifra total superó el millón de pesetas.

La prensa internacional calificó lo ocurrido como «la mayor y más violenta manifestación antifranquistas desde la Guerra Civil», mientras se explicaba que los carlistas reclamaban «la autonomía para las regiones, sindicatos realmente representativos, derecho a asociación política y libertad para España».

Las acciones más sonadas de los GAC

En 1970, los GAC realizaron sus acciones más sonadas. Asaltaron el polvorín del Ejército en Ibeas de Juarros y el 23 de agosto volaron la rotativa de ‘El Pensamiento Navarro’ en respuesta al despido de Javier María Pascual como director «debido a las presiones del Gobierno».

Ese mismo año, los GAC destruyeron los depósitos de la base americana de Zaragoza donde se filtraba el combustible bombeado desde Rota a través de un oleoducto. Y en diciembre intentaron sustituir el tradicional discurso de fin de año de Franco por otro contra el Consejo de Guerra de Burgos. La operación fracasó y terminó con los miembros del grupo condenados a penas de hasta quince años, aunque en 1973 fueron indultados por una medida de gracia general.


Exterior de la sede de ‘El Pensamiento Navarro’. (Eusebio MINA/ARCHIVO MUNICIPAL DE IRUÑEA)

En 1971 lanzaron un mensaje por las ondas tras entrar en los estudios de Radio Requeté y maniatar a dos locutores, y protagonizaron un frustrado robo en la fábrica de embutidos Pamplonica para repartir el botín entre los trabajadores de esa empresa en huelga y los exiliados.

La última acción importante de los GAC se llevó a cabo en octubre de 1973, cuando atracaron una sucursal del Banco Central en el barrio iruindarra de Arrotxapea. Se llevaron casi dos millones de pesetas, pero los miembros del grupo fueron detenidos en la muga.

Como señala Martorell, «el temor a que los carlistas formaran una nueva ETA estaba más presente que nunca», aunque, en realidad, los GAC «nunca tuvieron estructura ni coordinación permanente» y estaban integrados por militantes «unidos por vínculos de cercanía que se juntaban de forma puntual para llevar a cabo una acción». Fundamentalmente «sirvieron para escenificar el nuevo choque frontal con el régimen».

La huelga de Motor Ibérica

Al mismo tiempo, el carlismo fue mostrando un progresivo compromiso social con el movimiento obrero antifranquista que se visualizó a través de varias huelgas, con la de Motor Ibérica de 1973 como la más emblemática de todas ellas.

Llegó a ser calificada por el gobernador civil de Nafarroa como «uno de los acontecimientos más graves padecidos en España, en el aspecto laboral, desde el año 1939». En junio, Iruñea llegó a quedar paralizada e incluso aislada con sus principales accesos bloqueados al solidarizarse infinidad de empresas con el conflicto de Motor Ibérica. Unos 50.000 trabajadores se sumaron a la huelga general convocada y hubo cientos de detenidos.

La empresa terminó cediendo ante las presiones de los trabajadores y los empresarios del herrialde, que contaban con el apoyo del gobernador civil, ante la deriva general del conflicto.


Barricadas en Arrotxapea durante la huelga general por el conflicto laboral en Motor Ibérica en 1973. (NAIZ)

Martorell también recuerda en su obra que «donde el carlismo tuvo presencia militante apoyó las reivindicaciones vecinales» para denunciar y combatir el chabolismo. Y también evidenció «las dificultades con las que se encontraban los estudiantes navarros para entrar en la universidad regentada por el Opus Dei», dentro de una actividad de protesta en la que «los estudiantes se convirtieron en el sector mas dinámico del carlismo».

Una vez muerto Franco, el Partido Carlista «jugó un papel destacado» en la creación en marzo de 1976 de la Coordinación Democrática, más conocida popularmente como la Platajunta» tras varios años de contactos con el PCE. Asimismo, «contribuyó a los procesos unitarios y preautonómicos siempre intentando imprimir el mayor grado de autogobierno».

Incluso iba a organizar el Aberri Eguna del 18 de abril de 1976, pero PNV y PSOE «decidieron unilateralmente desconvocarlo» entre «críticas muy duras de las demás fuerzas» y «alivio para el Gobierno Arias Navarro».


Aniano Jiménez, ya herido de muerte, es trasladado por varios compañeros. (jurramendimontejurra.wordpress.com)


Operación estatal para reventar Montejurra

Pocos días más tarde, el 9 de mayo, tuvieron lugar los sucesos de Montejurra, sobre los que a comienzos de 2023, se dio a conocer nueva documentación que vino a confirmar que el Estado reventó la cita carlista de ese año para defender al nuevo rey español, Juan Carlos I.

Martorell recoge cómo se gestó y ejecutó esa operación con todos los datos que figuran en la citada documentación y que se saldó con dos muertos, Ricardo García Pellejero y Aniano Jiménez Santos, y una treintena de heridos.

Fraga presentó lo ocurrido como «un enfrentamiento entre hermanos» y a los carlistas como «gentes violentas, vinculadas a la ultraderecha, incluso al terrorismo internacional», en una exitosa maniobra que «supuso un golpe muy duro a una imagen costosamente labrada en la lucha contra la dictadura», señala el autor del libro.

Tras «haber destruido la imagen de un partido contrincante», el entonces presidente español, Adolfo Suárez, y Juan Carlos de Borbón convocaron para el 15 de junio de 1977 una elecciones en las que no se permitió participar el Partido Carlista, a diferencia del PSOE y el PCE. En Nafarroa, acudió a la urnas bajo el nombre de Agrupación Montejurra, que no llegó a los 10.000 votos para el Congreso.


Acto en el palacio de Diputación para exigir la legalización de todos los partidos de cara a las elecciones de 1977. (CARLISTAS CONTRA FRANCO)


El 10 de julio de 1977 fue finalmente legalizado, pero el declive ya era imparable. En las elecciones de 1979 sufrió una debacle electoral, mientras se consolidaba un nuevo escenario político en el que había irrumpido con fuerza la izquierda abertzale y que dejaba al carlismo «prácticamente sin opciones políticas en su feudo histórico». A partir de entonces, las concentraciones de Lizarra «fueron languideciendo hasta convertirse en un desierto».

Atrás quedaba la lucha antifranquista que acaba de ser recopilada en este libro por Martorell con el doble objetivo de recuperarla y combatir lo que denomina la nueva ‘leyenda negra’, en la que se «identifica miméticamente carlismo con franquismo», ya que se destacan «sus contenidos más negativos y se centra el relato histórico en esa vinculación genérica y, por lo tanto falsa, con la dictadura franquista».

Naiz