EL largo culebrón del aeropuerto de Hondarribia parece no tener fin y cada cierto tiempo nos van obsequiando con diferentes noticias, las más de las veces contradictorias. Tanto se alarga la pista porque no cubre los baremos de seguridad, como que se acorta por el mismo motivo. La afección al barrio de Mendelu pasa tanto de ecológicamente sostenible como a la destrucción de un barrio y a comprometer seriamente el futuro de la zona. Por no decir de las dudas que podría haber sobre la seguridad anterior a cada vez que se incorpora algún artilugio para mejorarla. Significa ello que los viajeros habían corrido un riesgo que se evitará en el futuro. La pregunta es cuándo terminaran de instalarse los sistemas que hagan falta y el riesgo esté debidamente controlado, como en cualquier aeropuerto normal del mundo.
En cuanto al número de pasajeros las cifras tampoco parecen tan halagüeñas y las rutas que cubre Hondarribia son básicamente Madrid y Barcelona, siendo ya una buena opción el viaje en tren con el Alvia y lo será más en el futuro con el TAV, lo que hará prácticamente desaparecer los dos vuelos de referencia. Solo quedarían otros destinos veraniegos, siempre lastrados por la escasa capacidad de los aviones que pueden aterrizar, seguros o menos, en nuestro aeropuerto.
Con ese presente y sobre todo futuro tan poco halagüeño, a qué viene el empeño de los nacionalistas en mantener el aeropuerto de Hondarribia, con el impacto ecológico que provoca en la bahía de Txingudi, la relativa baja seguridad, la poca utilización del mismo y el derroche de recursos financiados por nuestros impuestos que supone.
Solo desde las obsesiones identitarias del nacionalismo más rancio se puede entender el loco empeño de mantenerlo. No sería más lógico que la mitad occidental de Gipuzkoa estuviese perfectamente atendida por el aeropuerto internacional de Loiu estando como está unida por autopista en un trayecto no superior a los 50 kilómetros, algo irrisorio comparada la distancia existente entre los aeropuertos más importantes del mundo y la zona que cubren; y que la parte oriental de Gipuzkoa, desde Donostia a Irún, fuese atendía por el aeropuerto internacional de Biarritz, a 30 Km de Donostia y 20 kilómetros de Irún y paradójicamente otros 20 kilómetros de Hondarribia. ¿Tiene lógica mantener un aeropuerto de limitadísimo tráfico cuando se tiene uno internacional a solo 20 kilómetros? La explicación solo puede venir de la cutrez del más rancio nacionalismo, español por supuesto, para los que franquear la frontera y salir de la madre patria, les supone un esfuerzo intelectual de tal calibre que prefieren mantener la absurda situación actual, siempre que sea dentro del “territorio nacional”.
Estos son los que van dando lecciones de ciudadanía, transversalidad internacionalismo y un largo etc que produce sonrojo, sino conmiseración, cuando vemos el nivel de quienes pronuncian esas palabras. Mejor no escucharlas.









