Democracia española, el oxímoron

«Puedes tener un arsenal de armas prohibidas en casa, sin que te pase nada. Puedes pertenecer a un grupo delictivo, sin que te pase nada»

Puedes tener un arsenal de armas prohibidas en casa, sin que te pase nada. Puedes pertenecer a un grupo delictivo, sin que te pase nada. Puedes tener antecedentes penales de asesinato, sin que te pase nada. Puedes incluso vender armas ilegalmente, sin que te pase nada. ¡Absolutamente nada de nada!

Todo esto es así, siempre y cuando, claro está, las armas sean del ejército español, el grupo delictivo sea fascista español, las armas las vendas a otros fascistas españoles, y el antecedente criminal sea por haber asesinado un independentista. Esto es así, tanto según la Audiencia Provincial de Valencia como, sobre todo -y este es el auténtico drama- según el Tribunal Supremo, la instancia judicial más alta de España.

Esto es lo que han comprobado los dieciséis neonazis detenidos en la operación Panzer. Dieciséis neonazis a quienes se les había encontrado un arsenal aterrador en casa, y aterrador significa decenas de pistolas, fusiles, metralletas, bazocas y puñales de todo tipo. Y todo ello envuelto por un montón de esvásticas, banderas franquistas y todo tipo de documentación apologética del fascismo y la violencia. Dieciséis neonazis que vendían armas a través de internet y entre los que se encontraba el asesino del maulet Guillem Agulló.

Pero todo esto no cuenta. No ha contado para el Tribunal Supremo. ¿Por qué? Pues, primero porque la prueba principal -el arsenal- fue destruido por la Guardia Civil, que lo hizo -¡cuidado!- con autorización judicial. Por lo tanto, cuando se llega a juicio, no hay pruebas materiales. Pero ¡ep!, quedan las grabaciones telefónicas, donde hay pruebas documentales tipificadas por el código penal. Pero, ¡ay!, tanto la Audiencia Provincial de Valencia como el Tribunal Supremo han considerado que las escuchas telefónicas se habían hecho sin justificación. Conclusión: todos absueltos.

¿Qué pasaría si la policía encontrara un arsenal en la sede de un grupo independentista? ¿Qué pasaría si, además, el grupo detenido se dedicara a vender armas por internet a otros independentistas? ¿Qué pasaría si los detenidos tuvieran numerosa documentación violenta? ¿Qué pasaría si, además, entre los detenidos estuviera el asesino de un españolista? ¿Qué pasaría?

No, las leyes españolas no son iguales para todos. Y cuando la justicia de un Estado se quita la venda de los ojos para mirar primero a quien ha de juzgar, entonces ese Estado ya no es un Estado democrático. No debería sorprender porque no lo ha sido nunca desde 1936. Pero, a pesar de todo, ver, en pleno 2015, las fotos de un arsenal aterrador, ver las fotos de una auténtica biblioteca neonazi, comprobar el currículum de los detenidos, y luego ver la absolución no debería dejar indiferente a nadie. Porque el drama no es que “democracia española” sea un oxímoron, todavía ahora, cuarenta años después de la muerte del dictador. El drama es que, en pleno 2015, las instancias más altas del Estado todavía trabajen para perpetuar el oxímoron

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