Os resumo una sección del libro “El poder y el valor. Fundamentos de una ética política”, del filósofo mexicano Luis Villoro, recientemente fallecido. Pienso que aporta razones muy estimulantes para entender la posición del movimiento por la independencia en nuestro país. Traduzco:
“El poder corrompe a quien lo sustenta, humilla a quien lo sufre (…) Pero el intento de acabar con la dominación, o, cuando menos, de limitarla, requiere poder. Y aquí surge la paradoja. Si para oponerse a un poder impuesto se utiliza otro poder del mismo género, el círculo de la dominación y, con él, el de la violencia, perdura. Los poseedores de valores sociales de justicia y libertad cuando impugnan el poder, se convierten en administradores de la dominación y la injusticia al lograrlo (…)
Frente al poder impuesto hay otra forma de poder: el que no se impone a la voluntad del otro, sino que expone la propia. Entre dos partes en conflicto, una no pretende dominar a la otra, sino impedir que ella le domine; no pretende sustituir la voluntad ajena, sino ejercer su propia sin trabas. Si llamamos “poder” a la imposición de la voluntad de un sujeto “contra toda resistencia”, esta otra forma de fuerza social sería la resistencia contra todo tipo de poder. Podríamos llamarla, pues, “contrapoder”. Poder y contrapoder a menudo se confunden. Pero son por completo diferentes.
1. Mientras que el poder impuesto consiste en la capacidad de obstruir las acciones y propósitos de los demás y sustituirlos por los propios, el contrapoder es la capacidad de llevar a cabo las acciones por sí mismo y determinarlas por la propia voluntad. Puede ejercer esta capacidad protegiendo su acción de la intromisión del poder, o, inversamente, controlándolo o participando.
2. El poder implica la dominación de un individuo o grupo sobre el resto: es, siempre, particular. Si entendemos como “pueblo” el conjunto de personas que componen una asociación, el poder está siempre encima o para el pueblo, pero nunca es del pueblo. El contrapoder, en cambio, como sea que no pretende imponer su voluntad sobre ningún grupo de la sociedad, puede ser general (…) y tendría un sentido contrario al poder impuesto: significaría una situación en la que ninguna persona o grupo estaría sometida a un dominio particular y cada uno tendría capacidad para determinar su vida por sí mismo.
3. El poder impuesto, dado que debe doblegar las voluntades ajenas, no puede ser sino violento. Puede tratarse de una violencia física, con la represión, la acción militar, o la marginación social, pero también puede ser mental, mediante la propaganda, el control de los medios de comunicación y la educación, o legal, por intermediación de un sistema de normas coactivas. El contrapoder, en cambio, intenta detener la violencia del poder. Como no impone, sino que expone su voluntad ante los demás, su ámbito es el de la comunicación, no el de la violencia. Si pudiera ser totalmente puro sería no violento. Contra la imposición del poder, opone la resistencia de un valor comúnmente aceptado. Sus procedimientos son, pues, contrarios a la violencia. Ejercen una no violencia activa. Sus usos son negativos: la huelga, la disidencia crítica, individual o colectiva, la resistencia organizada de grupos de la sociedad civil frente al Estado, la desobediencia civil, etc. Otras acciones son positivas, porque intentan reemplazar, en todos los espacios sociales, la imposición por la tolerancia, el conflicto por la cooperación, el enfrentamiento por la negociación y el diálogo. Así como el máximo poder puede conllevar la máxima violencia, el máximo contrapoder tiende a establecer la mínima violencia.
4. La finalidad del poder es conseguir el máximo dominio del conjunto social para una de sus partes. La finalidad del contrapoder es lograr el dominio del conjunto social por sí mismo. En su límite, plantearía la abolición de todo poder”.
¡Buena lectura!
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