Del franquismo al autonomismo sociológico

La conmemoración el pasado jueves de los 50 años de la muerte del dictador, del “podrido verdugo”, de “su excremencia” -para servir alguno de los epítetos que Joan Brossa le dedicó a su famoso poema “Final!”-, por mucho que se disimule, está llena de opacidad.

Como era esperable y deseable, se han destacado los rasgos más nefastos de una dictadura larga y cruel y, cómo no, sobre todo han hablado de ello los testigos que lo combatieron -todo hay que decir- con más bien poca fortuna. El dictador murió matando y en la cama. Ya se sabe, la memoria es una reinterpretación del pasado y acaba acomodándose a lo que nos gustaría que hubiera sido, si fuera necesario, pasando por encima de los mismos hechos. Pero -tampoco es que nadie lo haya dicho-, tantos años de dictadura, es decir, de represión y de miedo, hicieron daños en las conciencias ciudadanas. Y por debilidad, con cinismo o simplemente por resignación, el caso es que existió, y de forma muy mayoritaria, lo que se llamaba un “franquismo sociológico” acomodativo. 

Sí: después resulta que todo el mundo había corrido delante de la policía, de los “grises”, y que todo el mundo abrió una botella de ‘champán’ -entonces todavía lo llamamos champán- el día que murió. Pero aquel 22 de noviembre, en las colas para despedirle todavía hubo más gente que botellas se abrieron. Claro que decir que el miedo y la represión pervierten no hace falta que lo recuerde ahora. Basta con ver dónde ha ido a parar todo ese independentismo consciente y movilizado y dónde está ahora la mayoría: otra vez refugiada bajo el manto confortable de un autonomismo sociológico que, si ahora mismo tuviera que hacer algún pronóstico, diría que si muere, también será matando y en la cama.

Por ejemplo, poco énfasis se ha puesto en el profundo franquismo de la base de la actual monarquía, no ya porque el emérito fue directamente investido, sino porque la segunda generación ha heredado su espíritu autoritario, más descaradamente que el -supuesto- progenitor. La monarquía española es, guste o no, la más clara demostración de la continuidad del régimen autoritario, aunque ahora parezca que se quiere quitar las pulgas de encima. Quiero decir, sobre los catalanes. Tampoco se ha dicho suficientemente que la continuidad del régimen autoritario está arraigada y garantizada por una parte del sistema judicial, unos herederos de ideología y a menudo, incluso de sangre… no sólo por el linaje.

El régimen franquista tuvo muchos cómplices que le sobrevivieron, y ha tenido herederos en quienes han banalizado su maldad envolviéndola audazmente con unos cambios sociales y económicos que, simplemente, se convirtieron en que el mundo cambiaba y era imposible no quedar contaminado. Y, sin embargo, todavía arrastramos y nos resentimos del retraso en todo lo que pudo ser una Cataluña emancipada, en el campo económico, pero también cultural, científico o lingüístico. No opinaré sobre si España se gustaba poco o mucho con aquel régimen. Si prefirieron esconder el papel del Ejército en la redacción de la Constitución, reunidos en la sala junto a donde se escribía; si periodistas notorios decidieron inventar una Transición para enmascarar su continuidad, o si todavía hay líderes y lideresas reaccionarias que minimizan su maldad, ya se lo montarán, y que sean ellos quienes, cuando quieran, les pasen cuentas.

Pero a la dictadura que sufrimos por partida doble, los catalanes no deberíamos perdonarle nada. Y muy particularmente, no deberíamos perdonarle que, también aquí, se extendiera aquel franquismo sociológico, atemorizado y cínico, que nos llenó de miseria haciéndonos miserables. A mí me gustaría que se supiera más y mejor, con una buena reinterpretación de los tiempos, los lugares y la gente en los que dejó señal. Pero no retirando o blanqueándolos, como quien pone cal viva sobre un cadáver para hacerlo desaparecer. Por el contrario: sin ánimo de revancha, más bien con voluntad de comprensión del daño que hace el autoritarismo. Porque el miedo y la represión no es sólo algo de “antes”, más bien para ayudarnos a entender cómo nos afecta a nosotros ahora mismo.

DIARI DE TERRASSA

https://www.diarideterrassa.com/opinio/del-franquisme-a-lautonomisme-sociologic.html