Toda la vida había pensado que aquella anécdota según la cual Bernard Shaw, viendo por primera vez de noche los anuncios luminosos de Picadilly Circus, había exclamado “muy bonito, pero lástima que sepa leer” era efectivamente atribuible a Bernard Shaw, y resulta que es de Chesterton y que no se sitúa en la plaza de Londres sino al Broadway de Nueva York. He encontrado el desmentido leyendo una de las crónicas que GK Chesterton escribió sobre un viaje a Estados Unidos. Según su relato, unos amigos lo acompañaron en Broadway porque admirara la avalancha de luz, y las palabras exactas que pronunció ante las marcas de cigarrillos, de carne de cerdo y de pianos anunciados con “color y fuego, que son los más vívidos y místicos dones de Dios”, fueron: “¡Qué jardín de las maravillas sería todo esto para cualquiera que no supiera leer!”
La exclamación podría haberla dicho tanto el uno como el otro, porque en estas salidas ambos escritores se parecían, pero como quizá precisamente por ello no se tenían demasiada simpatía, mi equivocación tal vez sería de mal perdonar por el creador del padre Brown.
El caso es que esta aguda censura a los excesos publicitarios lo he explicado más de una vez atribuyendo a Shaw sin que nadie me haya corregido la paternidad. Quizá es que, Miquel Berga, Carles Ribera y Jaume Vallcorba aparte, nadie lee a Chesterton. O los que lo hacen no leen estos pobres artículos, claro.
De vez en cuando hojeo Chesterton porque obliga a no dar por seguro ni lo que es más evidente y porque domina la paradoja. A veces la domina demasiado y se excede, pero ya va bien. En un apartado del libro donde he encontrado la enmienda a mi error, Chesterton recuerda que, según el Génesis, Dios creó primero la luz y posteriormente el sol, que en teoría es la bola de fuego que la produce. Aparte de que, al parecer, las leyes de la física dan la razón al redactor del primer capítulo de la Biblia, Chesterton, para ponderar la sabiduría y el sentido del orden de Dios, se pregunta: ¿acaso la justicia no es anterior los jueces? Alto, Chesterton, no vaya tan deprisa. En desagravio a mi lamentable equivocación le mencionaría un país donde algunos jueces se creen estrellas del firmamento y se ponen delante de la justicia.
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