Cataluña: nueva etapa

Uno. Nueva etapa. El actual proceso político de Catalunya ha entrado ya en una nueva etapa. A partir del 9-N, la etapa del referéndum/consulta habrá quedado definitivamente atrás. Que una demanda de este calado estructural tenga un apoyo de entre el 70% y el 80% de la ciudadanía catalana no supone para este Estado más que una mera anécdota. Así lo ha manifestado uno de los exmagistrados del TC que “resolvió” contra el Estatut (2010). En temas democráticos resulta una actitud impresentable, pero en términos de la cultura jurídica española es una cuestión de mera aplicación lógica de una legalidad interpretada sólo desde una de las partes en conflicto.

La negativa frontal del Estado a tratar de resolver un tema de fondo de naturaleza eminentemente política lo sitúa en el grupo de las democracias y estados de derecho más primitivos del mundo occidental en términos de pluralismo y de legitimidad democrática. Refugiarse en la mera legalidad es adoptar la táctica del avestruz, especialmente cuando esta legalidad ha venido siendo interpretada en las últimas décadas desde premisas de unitarismo nacional y recentralización competencial por el Gobierno central y los tribunales.

Así como hay fundamentalismos religiosos, los hay constitucionales. Napoleón decía que la religión es un medio formidable para tener quieta a la gente. El Estado español pretende lo mismo con la Constitución de 1978. Y parafraseando a Arthur C. Clarke que decía que “la mayor tragedia de la humanidad puede haber sido el secuestro de la moralidad por parte de la religión”, puede decirse que la mayor tragedia de la democracia puede ser el secuestro del pluralismo y de la razonabilidad política y moral por parte del fundamentalismo constitucional.

Dos. El nuevo 9-N. Dada la imposibilidad de hacer una consulta con los requerimientos legales y procedimentales que presiden estos procesos en democracias más civilizadas (Canadá, Reino Unido), hay que entender el “nuevo 9-N” como una jornada de participación y movilización que incluye urnas y una votación ciudadana.

El poder central ha quedado un tanto desconcertado por esta iniciativa del Govern dado el carácter de participación ciudadana sin que haya actos administrativos fácilmente impugnables. Al punto de que siempre quedará insatisfecho consigo mismo: si no hubiera presentado el recurso sería acusado de débil por amplios sectores del PP y del PSOE, y presentándolo corre un grave riesgo de ineficiencia, con una movilización que sea un éxito, incluidas fotos en la prensa internacional sobre el secuestro de la democracia en España.

Hay que mantener la convocatoria del nuevo 9-N digan lo que digan las instituciones del Estado. Hace falta que este día haya urnas y colas de ciudadanos con votos en la mano. Es la imagen más clara de democracia, que todo el mundo entiende. La movilización se tiene que mantener y hace falta que sea un éxito de participación, tanto de cara a la misma ciudadanía como en relación a los actores internacionales.

Tres. Partidos y organizaciones sociales. Para conseguir cosas grandes se tiene que saber pensar a lo grande. Y hay que saber actuar con sentido de Estado. El Estado tiene recursos de sobra para actuar de modo contundente: políticos, jurídicos, económicos, mediáticos e internacionales. A partir del 9-N habrá que internacionalizar el proceso mucho más que hasta ahora. Habrá que ir desespañolizándolo. Es imprescindible que desde Catalunya se actúe con mucha profesionalidad, lo que pasa por distinguir entre el objetivo fundamental y los secundarios de cada partido u organización. A partir de ahora no habrá margen para actitudes equívocas. Los consensos son importantes, pero más los contenidos del consenso. No se tiene que confundir el papel de las instituciones y el de las organizaciones sociales. Algunos partidos y organizaciones sociales a veces piensan en pequeño o a corto plazo. Para estar a la altura de la profesionalidad y la racionalidad política que el país necesita hace falta pensar a lo grande y actuar en términos de Estado, pero entendiendo con claridad cuál es el lugar y funciones que cada uno ocupa y realiza en este proceso. Todo el mundo tiene un papel importante que representar, pero el país lo lideran sus instituciones, presidente, Gobierno y Parlamento.

En la nueva etapa que el proceso inicia este noviembre, todo apunta que iremos a unas elecciones al Parlament, que adquirirán un sentido práctico de carácter plebiscitario. Hay dos criterios que los partidarios de la independencia han de considerar sobre las listas: 1) establecer la decisión que dé más votos (hay que estudiar rigurosamente las diversas posibilidades y no improvisar, hace falta decidir con información contrastada y no con meras intuiciones o informaciones y análisis parciales), y 2) asegurar que se mantiene el actual liderazgo del presidente de la Generalitat: con ojos internacionales no se entendería un cambio de liderazgo en estos momentos. Son dos criterios claves. Pueden parecer aparentemente contradictorios, pero se pueden combinar. Lo iremos comentando.

La Vanguardia