Vemos cómo la negociación del presupuesto de la Generalitat entre Juntos por el Sí y la CUP puede acercarse a una situación de bloqueo y desgaste parecida a la que vivimos después de las elecciones del 27-S. Entonces mucha gente tuvo una cierta sensación de impotencia por el hecho de constatar que, más allá de los argumentos (lógicos y razonados desde cada sesgo político) de unas y otras, nos acercábamos a un precipicio en el que podríamos derrochar muchas de las energías acumuladas durante años para alcanzar la independencia.
Creemos también que los esfuerzos dedicados a justificar el relato posterior de cada una de las partes sólo han sido útiles para ocultar ciertas debilidades de cada formación, demasiado condicionadas por los futuros resultados electorales y los intereses partidistas, pero no para continuar acumulando fuerzas o herramientas de apoderamiento populares y sociales hacia la ruptura democrática con el Estado español.
Repetir otra vez, aunque sea parcialmente, esa dinámica, querría decir algo más que repetir un error. Porque, si bien es cierto que no se ha reducido la voluntad ni la conciencia independentista colectiva, también lo es que hasta ahora no hemos sido capaces de reactivar todo el potencial del nervio movilizador que nos ha traido hasta donde estamos. Además, hace más de ocho meses que no damos una respuesta decidida a las familias más desfavorecidas, situación de emergencia social que no podemos prolongar más.
Paralelamente, hemos visto cómo cada error nuestro era utilizada por la estrategia españolista más burda; nuestra dilación y una cierta desorientación facilita la reestructuración y organización de las fuerzas estatales con el fin de continuar oprimiendo a nuestro pueblo. Es hora de recuperar la ilusión en la línea de la transversalidad mostrada en la declaración del 9-N. Es la hora no sólo de tener razones, sino de aprovechar todas las coyunturas para avanzar decididamente hacia la República Catalana. No sirven las excusas; no queremos más dilaciones.
Como el problema no radica en las voluntades de las partes, que sabemos (la CUP) y consideramos (JxSí) legítimas y honestamente independentistas, sino en los marcos conceptuales y políticos en donde y cómo desarrollarlas, creemos que es necesario que las partes negociadoras se doten de los mecanismos y espacios compartidos, necesarios para no caer en las trampas de una negociación que puede acabar confundiendo medios y objetivos. Queremos y exigimos transparencia y mecanismos para superar los obstáculos que la negociación pueda generar.
Vivimos en una situación y unos ritmos políticos muy excepcionales. Los relatos de las partes negociadoras, que en una situación normal serían más que suficientes, ahora no parece que lo sean, porque los relatos no suplantan la realidad, aunque algunos lo crean. Y no podemos permanecer cruzados de brazos porque luego quizá será demasiado tarde.
Si bien desde un punto de vista técnico la prórroga del presupuesto es una posibilidad, desde un punto de vista político y social no parece la mejor opción. Porque hay suficiente margen para un presupuesto capaz de hacer visible la voluntad expresada mayoritariamente en la declaración del 9-N.
Por este motivo, nos atrevemos a proponer una ‘comisión de comunicación y transparencia’, en la que la sociedad civil organizada, la misma que convocó y apoyó la manifestación del domingo 29, haga de testigo directo y público del proceso negociador y, si es necesario, de facilitador de los mecanismos superadores de las dificultades que puedan presentarse.
Paralelamente, consideramos esencial, para obtener un presupuesto social y soberano, la implicación de cada uno de los 72 diputados y diputadas independentistas. Necesitamos el trabajo y la fuerza compartida para llegar a buen puerto.
El presupuesto se elaborará conjuntamente, porque no debe ser solamente una propuesta de JxSí, sino un presupuesto de las fuerzas independentistas. Y en este sentido nos parece esencial que incorpore propuestas de la CUP, que deberían ser perfectamente asumibles, como una fiscalidad más progresiva o ser más consecuentes con la declaración del 9-N.
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