A Goethe no le gustaba la palabra “recuerdo”, porque le parecía que era algo que nos ha abandonado y vuelve desde fuera. Pues bien, cuando se trata de algo tan grandioso y tan profundo como la obra de José Mari, no nos deja, no se aparta de nuestras vidas, si no que permanece en ellas: las alimenta y enriquece cada día. Por eso, a José Mari no le recordamos. A José Mari no le olvidamos. A José Mari lo vivimos.
No insistiremos en pormenorizar sus obras, ni en clasificarlas, ni en analizarlas. Para eso quedan los especialistas. Trataremos de descubrir las esencias de su alma (hoy los científicos lo llamarían de otra manera), de esa alma que fue capaz de culminar tan colosal tarea.
En primer lugar, una enorme dosis de sencillez, que le permitió acceder a toda clase de personas, a las que supo tratar con respeto y sensibilidad y, de ese modo, pudo conseguir una información que de otra manera se hubiera perdido para siempre. Un admirable y hoy imprescindible trabajo de campo.
En segundo lugar, una no menor capacidad de trabajo. Todos los días de las semanas de todos los meses del año con una dedicación intensa y siempre superándose, abriéndose a nuevos descubrimientos, que los recibía con alborozo y en disposición de trabajarlos con método y precisión. A cualquier hora del día o de la noche. Como prueba de ello, una madrugada de San Juan, muy de madrugada, sonó el teléfono de casa. Era José Mari. Cuando llegaba a Alsasua para documentarse sobre las “enramadas” y el alfombrado de helechos de las puertas de las casas, el 2CV (el mismo con el que vino a nuestra boda y con el que hicimos una excursión memorable por la Ribera) le jugó una mala pasada. Hizo su trabajo y conseguimos que le arreglaran el coche, pero no se quedó a comer porque tenía que consultar un archivo y después organizar todas las notas. Sólo Elena y Roldán sabrán hasta qué horas Al día siguiente…
En tercer lugar, un amor sin límites a Euskal Herria. Amor al que llegó a través del conocimiento. He ahí una auténtica pasión. A cuántas cosas tuvo que renunciar y cuántas y qué difíciles situaciones tuvo que superar. Buscó la verdad –otra de sus grandes pasiones, porque la principal era, naturalmente, su familia- de nuestra historia, la autenticidad de nuestro relato, sin trampas ni mentiras, sin manipulaciones perniciosas que desfiguran y desvirtúan la realidad de nuestro pueblo. Elías Canetti nos dice: “Si se pudiera despertar el recuerdo de ella, la Historia tendría otro aspecto. <pero, tal como la conocemos ha sido recortada y arreglada para los poderosos. No es válida. Tiene que desaparecer. Es una presunción que oculta la verdadera Historia de la humanidad.
También hay una historia legítima: la música”.
Sin duda, José Mari ha completado la partitura de esa gran sinfonía de Verdad y de Amor, que sus queridos y admirados maestros (Barandiarán, Arturo Kampión, etc.) ya la habían iniciado. A partir de ahora, nos corresponde organizar la orquesta y preparar el recinto en el que haya que interpretarla.
Y por último, sin que esto quiera decir que hayamos considerado todas las esencias que conformaron su alma –que eran muchas-, su sentido del humor. Pensamos que eso le ayudó y fue decisivo para salvar las adversidades que se le presentaban, relativizando los aspectos negativos y adoptando actitudes positivas. Cómo nos hacía reír cuando éramos unos niños contándonos el frío que pasaba en casa de la Sra. Anastasia, donde se alojaba cuando vino por primera vez a Alsasua. Fue entonces cuando conocimos a José Mari y compartimos las primeras vivencias. Con qué facilidad convertía en cuestiones de menor trascendencia los momentos más difíciles y comprometidos que le hicieron vivir la incomprensión, en unos casos, y las aviesas intenciones, en otros, de instituciones y estamentos. Le estamos viendo la serenidad que mantuvo cuando no le permitieron el acceso a la Universidad y oyendo sus ingeniosos comentarios, pero sin carga de odio ni reproches de rabia Y también para disfrutar y hacer disfrutar a los demás de los buenos momentos. No son para olvidar las clases de euskera ni la participación activa disfrazándose en carnavales de Alsasua. Cuando localizaba algún dato o información de relevancia y lo comunicaba, lo hacía con inmensa alegría, pero con naturalidad, sin estridencias, sin darle importancia. Una nota más en su partitura.
Todavía podemos percibir las fragancias de sus esencias que con tanta generosidad fue derramando a lo largo de su vida. Y tenemos la convicción de que las seguiremos percibiendo hasta el final de nuestros días.









