A Eugenio Arraiza, con temblor

“Se nos despide como un antiguo caballero vascón” me decía el pasado día cinco un amigo y compañero de fatigas e ilusiones en la divulgación de nuestros conocimientos históricos. Le comentaba yo que el día anterior había estado con Eugenio Arraiza durante una hora, y la impresión que me había causado, estando como estaba ya en el lecho, pero haciendo frente a la muerte, lleno de proyectos para el futuro, proyectos que dejaba en nuestras manos, en las manos de muchas y muy diferentes gentes que hemos podido trabajar con él en fundaciones diversas, por él sufragadas e impulsadas. Incansable hasta el último momento de lucidez, allí mismo en mi presencia organizó otra reunión con otras cuatro personas para la tarde del mismo día, siguió recibiendo gente en los días siguientes, y siempre en torno al trabajo y a proyectos, incluso nuevos, que quería que siguieran adelante.

La frase inicial, del amigo Aitor, tiene un indudable sesgo romántico, ahistórico como bien sabemos los dos, pero refleja muy bien la personalidad, ideales culturales, maneras desinteresadas de actuar, compromiso e implicación activa y leal, incansable además, en todos los proyectos en los que participaba, impulsados por él mismo o a los que prestó su concurso y ayuda, innumerables de verdad. Aparecerán en sus reseñas biográficas, y no voy yo a intentar enumerarlas.

Tengo el honor de haber trabajado durante los últimos años con él en una de sus fundaciones, Euskokultur Fundazioa, de cuya presidencia interina me cabe el orgullo y la responsabilidad de hacerme cargo tras su ausencia, por lo menos hasta que la fundación decida nombrar con carácter fijo nuevo o nueva titular del cargo. Son muchos los proyectos y programas de esta fundación, importantes además para el desarrollo de nuestra cultura en muy diferentes ámbitos, desde recopilación grabada de testimonios sobre modos de vida, costumbres, trabajos, modelos familiares, vecinales, experiencias culturales…, pueblo a pueblo, que suponen un riquísimo archivo documental etnográfico, sociológico y de memoria histórica para investigaciones futuras, hasta la organización de cursos de historia de Navarra, pasando por publicaciones, por dotación de becas de investigación, por recopilación, divulgación e impulso (re)creador de modos y prácticas de comunicación aún vivas con la infancia en euskara (léxico, canciones, cuentos, juegos, trabalenguas…), proyectos ya fructíferos pero en continua (re)elaboración todavía, puesto que son inagotables. No los menciono como publicidad de nada, sino como una muestra del carácter amplio, generoso y absolutamente entregado a la causa cultural que la sociedad navarra, y la de Euskal Herria en general, tiene que reconocerle a Eugenio Arraiza, este gran emprendedor y mecenas de nuestra cultura que nos acaba de dejar. Que nos acaba de dejar por lo que respecta a su presencia física; en lo que no nos deja ni nos dejará nunca, mientras cada cual de nosotros y nosotras tengamos memoria, será en lo que respecta a su presencia intelectual e impulsora de nuevos bríos y proyectos para nuestro acerbo y desarrollo cultural.

Si no hubo en la realidad histórica aquel modelo de “antiguo caballero vascón” del imaginario romántico, bien podemos decir, sin embargo, que Eugenio Arraiza lo ha encarnado en muy gran medida en nuestros días.

Agur eta ohore!, ¡hasta siempre, vuela en paz por nuestra atmósfera, Eugenio! Continuaremos tu trabajo en la medida de nuestro aliento, capacidades y recursos de los que nos has dotado, siempre con tu figura, tu recuerdo y tu labor en nuestros cerebros y pechos. Y un abrazo entrañable, Fefa, tú que has sido su inseparable compañera de vida y proyectos.

NOTICIAS DE NAVARRA