La frase que dice que, cuando de Cataluña se trata, lo que más se asemeja a un español de derechas es un español de izquierdas, es tan famosa que ya hace años que adquirió rango de dicho popular. La historia es testigo de que, cualesquiera que sean los partidos políticos en Madrid, de derecha, de centro o de izquierda, todos, tarde o temprano, acaban mostrando su catalanofobia. Las únicas diferencias entre ellos son tan sólo de matiz. España es así. Históricamente acomplejada ante Cataluña, se reafirma por medio de continuas agresiones políticas, jurídicas, policiales, fiscales, culturales, estructurales, lingüísticas… Odio, odio, odio… Por eso no ha sido ninguna novedad el racismo de Podemos contra el pueblo catalán en su maniobra para que Cataluña no pueda recibir el traspaso de competencias en materia de inmigración. Competencias de gestión sólo, puesto que el poder de decisión seguiría siendo español. Pues ni esto, ni la gestión. El odio no tiene matices.
Así es como Ione Belarra e Irene Montero, capitanas de Podemos, pero también Pablo Iglesias, desde el exterior, se han visto incapaces de reprimir por más tiempo su ultranacionalismo español y han vaciado el buche diciendo auténticas barbaridades catalanofóbicas. Y es que es tradición entre los partidos españoles utilizar Cataluña como pretexto cada vez que las urnas no les son favorables. Saben que la catalanofobia es la patología nacional de España y le atizan para esconder sus miserias. Hacen exactamente lo mismo que hacen todos los regímenes dictatoriales, que es recurrir al enemigo exterior para desviar la atención y cohesionar sus nacionales. Ellos saben que somos otro país; un país, culturalmente, muy lejano al suyo.
Es necesaria, pues, mucha malignidad, muchísima, hay que ser muy fascista, mucho, para decir que si Cataluña tiene competencias en inmigración practicará una política racista. Repugna sólo de escuchar tal injuria. Y aún más viniendo de Podemos, un partido que formaba parte del gobierno español que alabó el episodio racista del 24 de junio de 2022 en el que 23 inmigrantes fueron masacrados en Melilla. Un episodio, éste, que ha pasado a la historia como la “Masacre de Melilla”. ¿Qué hay más racista que esto?
Pero es que ya antes Podemos había hecho la vista gorda ante la política racista de Pedro Sánchez cuando retuvo más de cien días el barco de Open Arms en el puerto de Barcelona con la prohibición de rescatar inmigrantes a la deriva en alta mar. En ningún momento Podemos pidió que le fueran retiradas las competencias en inmigración a España y que pasaran a manos de Bruselas. Estamos hablando del propio Gobierno de “izquierdas” denunciado por el Consejo de Europa por las devoluciones en caliente, por los retrasos letales impuestos a las demandas de asilo y por el trato infrahumano dispensado a los inmigrantes en los centros de internamiento. Estamos hablando de una violación sistemática de los derechos humanos por parte del gobierno español que ha sido posible gracias a la colaboración de Podemos, el partido de Ione Belarra e Irene Montero, que ahora se alía con Vox contra Cataluña. Ya lo dice un viejo dicho catalán: nunca se juntan, si no se parecen.
RACÓ CATALÀ








