Illa, ¿mero sepulturero o ‘terminator’?

El aspecto de bibliotecario inofensivo que tiene el señor Illa hay que verlo como uno de los blufs del siglo. No es un señor inofensivo. No es un pacificador que viene a mandar en nombre de todos los catalanes, como dice. Es un señor que viene a mandar en nombre de quienes niegan la soberanía del pueblo catalán, de quienes han apoyado que se nos pegara para votar en el Referéndum del uno de octubre acordado por el Parlament de Catalunya. Manda en nombre de quienes -como Pepe Borrell o Vargas Llosa- considera la sociedad catalana una sociedad enferma a la que hay que desinfectar. Es un señor que ha engañado a mucha gente con una falsa imagen de “moderado” y “gestor” cuando su pasado revela una realidad distinta. Colocar a gente como Jaume Duch en frente del área internacional de la Generalitat es una garantía de ruptura con toda una historia de presencia catalana en el mundo. ¡Si él mismo anunció, como un padre avergonzado de un hijo travieso, que era mejor que no se volviera a hablar de Cataluña en la esfera internacional! ¿A quién quiere engañar?

De momento han podido maquillar un poco el españolismo inherente al ADN de Illa. Su equipo de imagen lo vende como “presidente de todos”, cuando muy claramente ha estado insultantemente ausente en aquellos eventos sensibles para los catalanes como son el Milenario de Montserrat. Por el momento lo ha podido disimular más o menos. Pero su preferencia por estar junto a los grupos españolistas ha sido meridianamente clara. Por ejemplo, uno de los primeros grupos que ha recibido ha sido Sociedad Civil Catalana, entidad fundada por franquistas que ha renegado siempre que ha podido de una Cataluña catalana. El tema de enaltecer al catalanófobo Javier Cercas el día de Sant Jordi ya fue un escándalo. ¿No era una torta con la mano abierta al pueblo que este hombre dice representar? Un hombre que acudió para inaugurar la Feria de Abril justo en el momento del Milenario de Montserrat. El mensaje que nos quiere trasladar con insultos como éste no podría ser más evidente. Me comentaba un sardanista que se saltó el baile de sardanas de Sant Jordi en la Plaza escudándose en el “luto” de la muerte del Papa Francisco, “salvado por la campana” fue la frase con la que muy ilustrativamente me lo describió.

Illa, por tanto, no es un hombre gris que pretende buscar la paz. Es un hombre perverso que quiere imponer la dominación en nombre del Régimen borbónico y el espíritu del Artículo 155 que fue de los primeros en querer imponer. Un partidario, pues, de la eliminación de la identidad y del poder de decisión del pueblo catalán. El peor presidente que hubiéramos podido imaginar. Un hombre que nunca debería haber llegado a president de Cataluña y que rompe con más de 140 años de tradición catalanista en el liderazgo del país. No es un bibliotecario inofensivo ni un sepulturero gris. Es un ‘terminator’ en la línea de los presidentes que la reacción madrileña nos impuso entre octubre de 1934 y febrero de 1936. Un president no para construir Cataluña sino para deconstruirla. O sencillamente un anti-Presidente.

RACÓ CATALÀ