Política de palimpsesto

La dialéctica surgida de los procedimientos del homo duplex, esa hibridación esencialista de naturaleza y cultura, destacados con anterioridad, de inclusión y exclusión, tiene su traslación a la esfera política donde el debate sobre identidades de clase y nación toma cuerpo. Toda la operación de la sociedad de consumo consiste en hacer partícipe de la lógica del sistema al ciudadano en su nueva condición de consumidor. Su negación conlleva la “autoexclusión”. Lo mismo en cuanto a todo lo relacionado con el sentimiento de pertenencia. Pero con una peculiaridad atisbada por Bauman hablándonos de territorialidad, puesto que frente a la opinión generalizada de que ambos campos de la realidad sean excluyentes, contrariamente, según él mismo afirma, “es fácil sospechar que, lejos de estar en guerra entre sí, la tribalización política y la globalización económica son íntimas aliadas y compañeras de conspiración”. Más adelante el filósofo habrá de hacernos observar un hecho diferencial; aquel consistente en que “con las definiciones se nace” mientras que “las identidades se construyen (…). Las definiciones te dicen quién eres, las identidades te seducen por lo que todavía no eres pero aún puedes llegar a ser”.

Esta operación referida a nuestra peculiar naturaleza identitaria tiene un instrumento sempiternamente utilizado por todos los procedimientos de la colonización: la política del palimpsesto (Bauman nos habla de identidad palimpsesto y arte de olvido, al que más adelante tornaremos). Es como si a través del mantenimiento de un hardware de base sometiésemos al software a los nuevos condicionantes del mensaje paradigmático. Es decir, reescribiésemos sobre el formato anterior los nuevos contenidos del renovado aggiornamento; siendo así el procedimiento por el que topamos con la tradición inventada frente a un futuro inexistente e indeterminado. No en vano, la política parece consistir en el continuado arte del equívoco con, eso sí, inusitado fervor.

Bauman continúa hablándonos del continuo presente, del memento vivere, que nada, o muy poca cosa, tiene que ver con el presente eterno de Giedion. La cuestión es justamente la contraria como bien nos lo explica: consiste en un “prohibir que el pasado sea relevante para el futuro” favorecedor de un continuo y entrecortado lenguaje basado en el tartamudeo y la repetición cíclica que alimenta la lógica de la linealidad acumulativa de los intereses de la élite. Toda operación en el campo paradigmático de la tecnología virtual y de la comunicación, supuestamente puesta a disposición de todos y de cualquiera, consiste básicamente en una operación de borrado. Este, al contrario que el tradicional raspado propio del palimpsesto al que hacemos referencia, no deja huella. Pierre Hadot nos recuerda cómo la correspondencia entre el emperador filósofo, Marco Aurelio, y su maestro de retórica, Frontón, fue recuperada gracias a este procedimiento basado en el reciclaje del material en el siglo XIX. Sin embargo, los continuos presentes de la obra constantemente modificada en su actualización se superponen haciendo tabla rasa, uno encima del otro, en un indeleble ahora sin aparente solución de continuidad. Es el imperativo momentáneo, porción de tiempo breve en relación con otra, según la RAE; la medida temporal que a todos los niveles se impone condicionando la toma de decisión. El momento que, por otra parte, si se recuerda, funciona como una congelación del tiempo en la memoria, pudiendo llegar a convertirse desde el suceso en verdadero acontecimiento justificador del argumento histórico complementario del modo societario del fluir líquido en Bauman rememorando aquel “no ser posible meterse dos veces en el mismo río, ni agarrar dos veces una sustancia mortal en un estado permanente…” del Heráclito conocido a través de Plutarco.

El espacio privilegiado de la expresión escrita, que hubo de pasar necesariamente del papiro por el becerro y el pergamino al papel, cuenta en el interlineado con una forma subjetiva de aprehensión que en su momento bien supo apreciar Leo Strauss alrededor de los modos de la libertad. Pues cuando ésta no existe o se encuentra bajo la sombra de la represión recurre a la lectura “entre líneas”:

“La persecución, entonces, da origen a una peculiar técnica de la escritura y, con ello, a un peculiar tipo de literatura, en la cual la verdad acerca de todas las cosas fundamentales se presenta exclusivamente entre líneas. Esta literatura no se dirige a todos los lectores, sino solo aquellos que son confiables e inteligentes (…). Mas, ¿cómo puede un hombre realizar el milagro de hablar en una publicación para una minoría, mientras guarda silencio para la mayoría de sus lectores? El hecho que hace posible esta literatura puede expresarse en el axioma de que los hombres irreflexivos son lectores descuidados y sólo los hombres reflexivos son lectores cuidadosos”.

Ello da pie a la interrogación sobre el qué es lo que realmente se quiso decir cuando se dijo aquello. Y si su intencionalidad de significado iba en una dirección u otra. Cuestiones de matiz que complican, tal y como nos demuestra el mencionado autor la vida y trabajo del historiador. El mundo del ayer y de su problematización no concierne sólo y únicamente a la literalidad de lo escrito. Se debe en ocasiones a una lectura paralela basada en los condicionantes del debate del momento. Por ello, la historia tan solo puede obrar por aproximación consiguiendo hacer de la discusión el instrumento imprescindible.

Ambos, palimpsesto, como proyecto de recuperación de la información, y la lectura “entre líneas”, como objeto de conocimiento de lo intuido, tienen en la “mano que piensa” del sujeto que una vez escribiera y de quien así lo analiza un apriorístico instrumento de la expresión y recuperación de la ausente presencia, justificando, de paso, el necesario uso de la filosofía, como hermenéutica, en el intento de recuperación y renovada adquisición de la memoria perdida. Por cierto, Jean Guitton, en su Nuevo arte de pensar, nos recuerda cómo Montaigne: “Escribía en los intervalos de sus libros, hasta que un día se atrevió a pensar solo.” De ahí la importancia de la lectura en la creación. Y en política, al albur de los últimos acontecimientos (crisis gubernamental y de bandería de los protagonistas del sistema bipartidista), leer entre líneas es darse cuenta del pacto entre corruptelas con que se ha resuelto la última de sus crisis.

NOTICIAS DE NAVARRA