Javier Tebas, el hombre que sueña con Le Pen

Las recientes declaraciones de Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional española (LFP), sobre la necesidad de un Le Pen en España son de una gravedad extrema. Tebas ha dicho exactamente esto: “Echo de menos un Le Pen a la española. Sobre todo por la identidad nacional de España, que no se ve suficientemente defendida por los partidos políticos”. Son palabras impropias de un cargo como el mencionado, que en otros estados de la Unión Europea ya habrían provocado su cese inmediato. En el marco del Estado español, sin embargo, no hay ninguna reacción oficial. Tienen un individuo de ultraderecha y ultranacionalista español, antiguo miembro de Fuerza Nueva, a la cabeza de una entidad de la magnitud de la LFP, y se hacen los sordos. ¿Pero alguien se imagina la misma actitud en caso de que el presidente de la LFP, en lugar de exhibir una ideología fascista, se hubiera declarado favorable a la independencia de Cataluña y del derecho de ese país a votar su futuro en un referéndum de acuerdo con los principios democráticos y con los derechos humanos más elementales? En el mejor de los casos, después de una polvareda gigantesca, ya haría días que habría sido fulminado.

Pero no pasa nada, porque estamos en un Estado en el que equipos como el Cornellà, o futbolistas como Gerard Piqué, o tenistas como Tommy Robredo, o periodistas de TV3 como Sebas Guim, o entrenadores como Raül Agné o Enric Aparicio, pueden ser vituperados por hablar en catalán en una rueda de prensa o en el transcurso de un partido sin que ningún Comité de Antiviolencia tome medidas. Estamos en un Estado en el que llevar una bandera puede comportar ser agredido por la policía española o en el que un reportero gráfico puede ser amenazado de muerte públicamente sin que el ministerio de Interior -aquel ministerio dirigido por Jorge Fernández Díaz, demócrata de toda la vida-, haga absolutamente nada.

No es extraño, pues, que Javier Tebas, en el marco de esta democracia totalitaria llamada España, se sienta protegido y legitimado para remachar el clavo defendiendo los ‘valores’ de la ultraderecha. La derecha, para él, es demasiado blanda. La encuentra “cobarde”. Incluso se permite una exhibición de homofobia tachando a los derechistas de “maricomplejines”. Es el mismo dirigente que hace poco dijo que las esteladas deberían ser prohibidas en los estadios, porque mostrarlas “es politizar el fútbol”. ¿Pero qué son, sino políticas, sus declaraciones? ¿Cómo es que se criminaliza una bandera perfectamente legal y defensora de las libertades, como la estelada, y se permite la exhibición de símbolos franquistas y nazis? Si el deporte no es política, ¿cómo es que se permite la exhibición de banderas españolas y se impone al público la audición de himnos nacionales? Si el deporte no es política, ¿por qué hay un campeonato que se llama Copa del Rey en lugar de llamarse Copa de la Federación Española? O, para ser más precisos, ¿por qué el verdadero nombre de la Copa del Rey es Copa de Su Majestad el Rey de Fútbol? Nombre muy hilarante y ridículo, por cierto, ya que da a entender que el rey de España -rey de copas, rey de espadas…- es el rey del fútbol. Para paliar el equívoco, por lo menos, yo les sugeriría este pequeño cambio: “Copa de Fútbol de Su Majestad el Rey”. En cuanto a los ‘principios’ de la Liga de Fútbol Profesional española no hay que sugerir nada. La aquiescencia de este organismo con su presidente ya lo dice todo.

EL MÓN