La Unión Europea firmó el 27 de octubre el acuerdo con Kosovo, el único de los Balcanes occidentales que aún no había firmado un acuerdo de este tipo con la UE y que es considerado como un preacuerdo para la adhesión al bloque, aunque no la prejuzga. Hoy sin embargo la mayoría del Parlamento Europeo ha votado favorablemente el acuerdo con 468 votos a favor, 102 en contra y 81 abstenciones.
El acuerdo, que ambas partes concluyeron en mayo de 2014 e implica que la UE y Kosovo mantegan relaciones contractuales por primera vez, prevé la creación de un área de libre comercio gradual y cubre el diálogo político, la justicia, libertad y seguridad y la cooperación en un amplio abanico de sectores desde la educación al empleo, la energía o el medio ambiente, los servicios y la empresa.
En el plano comercial, la UE garantiza el acceso a su mercado para los productos kosovares, prácticamente sin restricciones todavía Kosovo tendrá un plazo de diez años para eliminar los aranceles a los productos europeos en su mercado. Se trata del plazo pactado para aplicar en su totalidad el acuerdo.
España, uno de los cinco países de la UE que no ha reconocido la independencia de la exprovincia serbia junto con Chipre, Grecia, Rumanía y Eslovaquia, fue de los estados que más trabas puso para aceptar negociar el acuerdo de Asociación con Kosovo.
De los estados miembros de la Unión Europea hay cinco que no han querido reconocer diplomáticamente a Kosovo, pero han sido obligados a aceptar el acuerdo, uno de los que han hecho declaraciones más virulentas contra Kosovo es España, llegando al ridículo de impedir la entrada en junio de 2013 a 15 científicos kosovares, que pretendían participar en el Congreso Europeo de Anestesiología que se celebraba en Barcelona. El Gobierno español se tuvo que tragar ese mismo mes de junio de 2013 que la Unión Europea abriera negociaciones, la “diplomacia” española por boca de Íñigo Méndez de Vigo entonces secretario de Estado para la UE, decía que lo hacía tras recibir garantías de que esto no supondrá su reconocimiento “ni implícito ni explícito” y que sólo cubriría competencias comunitarias -por lo que no debe ser ratificado a nivel nacional-. Una manera agradable de explicar que el peso de la diplomacia española, es como siempre tendente al cero absoluto. Kosovo es la demostración de que se pueden mantener acuerdos con la UE sin el reconocimiento de algunos Estados miembros, lo que provoca fuertes dolores de cabeza en España, visto el proceso de emancipación nacional catalán.
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