Durante años, Euskalherria, y particularmente Navarra, ha vivido una especie de síndrome de Estocolmo. Para nuestro sonrojo, ese sometimiento a los antojos y símbolos de los enemigos de nuestra cultura, historia e instituciones.
Me explico. Nuestra autoestima en los lustros postreros, se arrastraba en la misma medida que enfermábamos de vasallaje. No se si por palurdos, cándido, ignorantes o cautivos, dedicábamos nuestras plazas, calles, avenidas etc., a personajes antinavarros, antiforales, antivascos, anodinos etc…
Franco, Mola, Vázquez de Mella, Conde de Rodezno… Figuras, cuya influencia en Navarra ha sido o nefasta o como poco equívoca.
Me da vergüenza y coraje, que cualquier paisano pueda dar noticia del Cid, del Gran capitán y hasta del caballo de Espartero, e ignore a uno de nuestros grandes héroes. Me refiero al Mariscal Pedro de Navarra.
¿Cuántos navarros conocen que por fidelidad a nuestra legítima monarquía e instituciones, fue “suicidado”–es bastante probable- en la torre de Simancas en 1522. Y justamente en el momento en que su hijo D. Pedro luchaba en el asedio de Hondarribia.
¿Buscamos un nombre que dignifique esa plaza –la del Rodezno ese- cuyo contenido monumental tanto como su D.N.I, son un auténtico escarnio para Navarra?
No se hasta donde se propagará el eco de este mensaje. En cualquier caso, me conformaré por lo menos, con que su meollo sea considerado por la autoridad competente…
Plaza Mariscal (Pedro) de Navarra. ¡A que suena bien!









