Los mosquitos conquistan el Ártico

Crónicas del cambio (I)

A estas alturas de su inquietante avance, seguir compilando certezas sobre el calentamiento global del planeta resulta del todo innecesario, pero algunas de ellas son tan insólitas que merece la pena resaltarlas. Como por ejemplo la plaga de mosquitos que está asolando el Ártico.

La biodiversidad es un excelente sensor del calentamiento global. Los científicos llaman bioindicadores a las especies que, ya sea con su aparición o con los cambios de evolución en el medio que los acoge, actúan como testimonios del cambio climático que estamos viviendo.

Es el caso de las cigüeñas que deciden no migrar a África o hacerlo mucho más tarde, el de los peces tropicales que alcanzan nuestras aguas litorales o el del sorprendente retroceso de los hayedos ante el avance del encinar en las montañas del norte.

Pero uno de los lugares del planeta en el que las manifestaciones de los bioindicadores del cambio climático resultan más contundentes es el Ártico, donde la lucha por la supervivencia de una de sus especies más emblemáticas, el oso polar, se ha convertido en todo un símbolo. Aunque no es el único…

Según los investigadores que estudian las evidencias del calentamiento global en el Gran Norte, uno de los bioindicadores que está ganando mayor protagonismo es el mosquito, cuyas poblaciones crecen de manera espectacular y sobreviven a lo largo de más tiempo.

Un estudio publicado por la Real Sociedad de Ciencias Biológicas de Londres demuestra que la presencia de estos insectos en la región helada puede crecer más de un 50% si la temperatura media del planeta aumenta más de 2°C, como predicen la mayoría de los modelos climáticos. Si ello fuera así, sus efectos en el equilibrio de los ecosistemas y en la vida de las personas que pueblan aquella región son impredecibles.

Los mosquitos del Ártico pueden llegar a convertirse en una auténtica plaga para los pobladores y los rebaños salvajes de grandes ungulados, como el reno o el caribú. Pero también pueden alterar la distribución de la flora, pues son los principales polinizadores de las plantas de la tundra, o atraer nuevas especies de aves migratorias que basan su alimentación en los insectos alados.

Con el aumento de las temperaturas los mosquitos se benefician de nuevas extensiones de aguas superficiales fruto del deshielo, reducen su fase larvaria dentro del agua para eludir a sus predadores naturales y alargan la fase adulta convirtiéndose en parásitos de los grandes mamíferos. Ante estos cambios, los investigadores predicen que la tasa de supervivencia de los mosquitos se incrementará casi un 60% en los próximos años. Un claro ejemplo de cómo el cambio climático va a perjudicar a unos (el oso polar) y beneficiar a otros (el mosquito).

LA VANGUARDIA