Izquierdas de derechas

Hay actitudes que desmienten pretendidos progresismos y la solidez democrática de ciertas convicciones. Si, tradicionalmente, se creía que las posiciones de izquierdas eran las más favorables a los cambios y a dar la palabra al pueblo, la historia nos demuestra que hay izquierdas e izquierdas. Algunas, pretendidamente internacionalistas -y ajenas al hecho nacional, anacionales-, han acabado siendo nacionalistas, al alinearse con el Estado nación dominante, en contra de las aspiraciones de pueblos sin Estado. Algunos de los que dicen no creer en patrias ni banderas apoyan al Estado opresor, incompatible con el derecho de los pueblos a decidir su futuro, aunque sea por la vía democrática, imponiéndonos la bandera con la que se envuelven.

En Grecia, mandando los socialistas, obstaculizaron el reconocimiento internacional de Macedonia, tema aún nacionalmente intocable. Abominan de las banderas de los demás, pero se presentan en sociedad con el trasfondo de una bandera mastodóntica: la suya. Y los nacionalistas siempre son los otros, claro. Cuestionan el sistema de inmersión lingüística, gracias al cual los niños catalanes son competentes, por lo menos, en dos idiomas, pero encuentran del todo normal el monolingüismo de los niños españoles que aísla a su presidente en la escena internacional porque no puede hablar con nadie, ignorante como es de todas las lenguas distintas de la suya. Consideran provincianas la mayoría de manifestaciones de la cultura popular de las naciones periféricas del estado, pero no abren boca ante la caspa sangrienta de ciertas prácticas, revestidas de fiesta nacional , las actitudes xenófobas, racistas y catalanófobas habituales en el deporte, las redes sociales y la televisión o ante los personajes famosos conservados en formol que señorean los medios de comunicación.

Tienen por execrable cualquier tipo de acuerdo con los conservadores de aquí, pero justifican que la extrema izquierda griega forme un gobierno de coalición con la derecha nacionalista a quien encarga, además, Defensa. Están contra la posibilidad de que aquí podamos tener un sistema defensivo propio, pero no dicen nada por el hecho de que Grecia sea el segundo Estado europeo que más invierte en defensa. En cuestión de referéndums son más partidarios del griego que del catalán. Y no importa que allí hayan coincidido en la misma posición la extrema izquierda, la derecha más dura y los que hay aún más a la derecha de ésta. En cambio, aquí encuentran inaceptable que CDC, Demócratas de CAT, ERC, CUP, MES, Proceso Constituyente, etc., puedan coincidir en el sí en un referéndum de independencia. Se posicionan, con acierto, contra los gobiernos que recortan, pero sólo si el gobierno es catalán o español y no de izquierdas, pero comprenden que el gobierno griego también haya terminado recortando. Consideran casta a la burguesía y el poder financiero catalán, pero no a los Botín, dignos representantes del proletariado combativo.

Los hay que siguen pidiendo prórroga en la agonía para hacer un cambio en la Constitución: “el cambio que une”. El primer partido de la izquierda española modificará la constitución para “garantizar la unidad de España” y no la libertad de los pueblos, si así lo desean. Si el Estado es la expresión máxima del poder político, hay izquierdas que defienden a capa y espada el Estado constituido contra aquellos que, legítimamente, quieren construir democráticamente su propio Estado nacional. No es verdad, pues, que no tengan patria: tienen la suya, como todos. Pero la suya no es la nuestra. Se niegan a reconocer que es más fácil imaginar un cambio democrático y social en una Cataluña libre que en la España de siempre. Y negar el derecho democrático de un pueblo a decidir su futuro con total libertad, oponerse al derecho a la autodeterminación de los pueblos, no tiene nada que ver con la izquierda. Como defender el statu quo no tiene, tampoco, nada que ver con ninguna revolución, por modesta que sea. Ante el hecho nacional, pues, hay izquierdas que son de derechas…

EL PUNT – AVUI