Primera vía: La ilegitimidad. Todavía a día de hoy se nos vende por parte de la derecha española la idea de que las elecciones de febrero de 1936 no fueron legítimas. Que si estuvieron plagadas de irregularidades, que si la izquierda no respetaba ni creía en la democracia, que si los pactos entre los diferentes partidos del Frente Popular eran aberrantes, que si hubo actos de violencia por todo el país, etc. Pues bien, no han tardado mucho los primeros espadas de UPN en lanzar, precisamente, estas mismas acusaciones. Esparza ya ha hablado de la inmoralidad del pacto que puede alzar a Uxue como presidenta de Navarra, como si de una traición al pueblo navarro se tratase. Del mismo modo Barcina, más simple y carente de imaginación, ha tirado de un repertorio ya muy manido, como explica la Ley de Godwin, al hacer referencias al trasunto neonazi del futuro gobierno de Navarra. De igual forma, acusan a Podemos de ser el comunismo con rabo y cuernos, como en el 36, que acabará con el ser de España y por supuesto de Navarra. En cuanto a Izquierda-Ezkerra, que no se preocupe, porque también tendrán para ellos. Poco hace falta decir en cuanto a la Izquierda Abertzale, pues de todos es conocido que los partidos autodenominados constitucionalistas volverán machaconamente al discurso del rechazo al terrorismo de ETA para tratar de restar legitimidad a aquellos que han sido elegidos a través de unas elecciones limpias y democráticas. Por cierto, quienes apuntan con el dedo acusador a Asirón y a otros por, según ellos, no rechazar la violencia de ETA, son los mismos que retorcieron en su día la legalidad para mantener el nombre de una plaza de Iruñea, excusándose en que la denominación ya no representaba al siniestro personaje que fue ministro-ejecutor de Franco durante los primeros años de la Dictadura (firmó decenas de miles de sentencias de muerte), sino que simplemente hacía referencia al título condal de Rodezno. También son los mismos que hablan de las batallas del abuelo cuando se solicita que haya reconocimiento y memoria para los más de 3.500 asesinados en Navarra, muchos de los cuales todavía se encuentran tirados en cunetas de toda la geografía foral.
El camino está trazado con claridad. El discurso también. Va a ser una estrategia machacona, reiterativa, cuyo objetivo va a ser el de calar en la sociedad hasta que muchos acaben asumiendo que estos mantras son poco menos que dogmas de Fe. Frente a esto hace falta un programa claro, pero sobre todo paciencia, negociación, humildad, trabajo y esfuerzo, demostrando así que un posible gobierno de Geroa Bai con el apoyo del resto de partidos que abogan por el cambio, puede funcionar a pesar de los muchos enemigos que tiene incluso antes de su nacimiento. A este respecto ni que decir tiene que obviarán en todo momento la horrorosa gestión económica que han llevado a cabo en Navarra y que acusarán al nuevo gobierno de ser culpable hasta de los problemas que puedan surgir la semana que viene.
Segunda vía: La inestabilidad. Este es el camino que se ha utilizado a lo largo de la Historia para acabar con un gobierno no deseado por aquellos que realmente controlan buena parte de las estructuras de poder dentro de una sociedad. Basta con preguntarse quién o quiénes van a perder sus privilegios con este cambio de gobierno para comprender el peligro que se corre. Difícilmente van a asimilar que, a partir de junio de este año, su cortijo puede desaparecer. Y cuando constaten que sus privilegios han desaparecido, su reacción será la de acabar con este gobierno lo antes posible.
¿Qué podemos hacer nosotros para apoyar este cambio? Pues debemos tener claro desde un inicio que hay que evitar todo tipo de respuesta a las provocaciones. Casi a diario vamos a escuchar declaraciones negativas, frentistas, agresivas e incluso cuarteleras, pero nuestra actitud debe ser la de contar hasta mil si fuera necesario. Las derechas, e incluso algunos que supuestamente se dicen de izquierdas, van a tomar las calles, van a criticar al gobierno por cualquier cosa, van a hablar de inestabilidad pese a que ellos han sido los mayores generadores de inestabilidad en esta tierra. El mismo día 13 de junio habrá espontáneas manifestaciones de protesta wassapeadas los días anteriores. Ante esto solo queda responder con la más entera y profunda de las frialdades. Muchos de los que ahora están leyendo este humilde artículo saben que unos Sanfermines como los del 78 se construyen muy fácilmente. Basta con unos cuantos provocadores y gente que les responda.
Lo importante es que todos los partidos que abogan por el cambio lleguen a un programa de gobierno asumible y, sobre todo, que se pueda seguir sin ningún tipo de cortapisa. Un programa que permita ir dando pequeños, pero seguros, pasos hacia el cambio que tanto necesita esta tierra. No se trabaja a cuatro años vista, se trabaja para que en 2019 la sociedad Navarra tenga muy claro lo que han dado de sí los posibles años de gobierno de Uxue Barkos.
A este respecto debe quedarles muy claro a todos aquellos que ya se han sentado en una mesa para pactar tanto el gobierno como las alcaldías, que tras esas negociaciones llega la hora de los sacrificios para todos, el momento de ceder parte de las aspiraciones propias para conseguir que una nueva forma de hacer política se asiente en Navarra. Si este ilusionante proyecto fracasa no se les correrá a gorrazos, amigo Araiz, no. Simple y llanamente tendremos un gobierno de UPN hasta que nuestros hijos alcancen la jubilación. El año 2055 nos queda ya muy muy lejos a muchos de nosotros.
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