Revisitando a los Visigodos

Visigodos, federales

Revolviendo entre recortes y papeles viejos, he encontrado uno de hace un buen puñado de años con un artículo del historiador Seco Serrano, que se titulaba “Nación de naciones”, y ahora les contaré qué contaba. El historiador Seco escribía, en el diario ABC: “Al plantearse de nuevo la cuestión de los límites, o del posible desarrollo, de las autonomías españolas —el cual algunos, por fortuna escasos, quisieran llevar hasta el arriesgadísimo horizonte del federalismo— ha resurgido, ineludible, un tema capital: el del ser de España, el de la realidad histórica de España”. E informaba de que, ante un riesgo tan grave, la Real Academia de la Historia dedicó cuatro meses de conferencias “a cargo de eminentes numerarios de la ilustre Corporación, que pusieron luz sobre el tema desde todos los ángulos de visión posibles”. Después dirán que somos los otros, los que ellos llaman “periféricos”, quienes sufrimos obsesiones por el “ser” y por la “realidad histórica”. Explica Seco que el caso de España es singular “porque parte de una realidad unitaria prenacional, cuajada en la Monarquía visigoda”. No es broma: España es España, una, porque ya lo era en tiempos de Ataulfo, Wamba y compañía; y después todo han sido aspiraciones y suspiros por la unidad perdida, por “la recuperación de una plenitud perdida” (¿plenitud visigótica?), hasta la reintegración felizmente lograda con los Reyes Católicos. Tesis modernas y empíricas, como se puede observar, según cuya aplicación España no es ahora un Estado plurinacional, sino una “realidad plurinacional, pero una realidad que se define inequívocamente como nación”: vean, misterio altísimo. Así, cuando dicen “nación de naciones”, el primer término significa nación de verdad, como las “normales”, y el segundo significa naciones de mentira, regiones con un nombre más prestigioso, entidades menores y sustancialmente subordinadas: la ilusión que con una prestidigitación terminológica el tema ya está resuelto para siempre. Tan poco resuelto está, que el señor Carlos Seco consideraba locos radicales, “por fortuna escasos”, a los que quieren llevar esta plurinación-nación “hasta el arriesgadísimo horizonte del federalismo”. Pobres nacioncillas de la nación grande, que ni siquiera pueden aspirar, sin riesgos gravísimos, a un modesto horizonte federal. “En Madrid”, decía Fuster, “todo es visigótico”. Tenía más razón de la que pensaba: los visigodos, tal como afirmaban con plena autoridad los académicos, son la base de la historia nacional, y alejarse de ellos es arriesgadísimo. Por toda la eternidad.

El País