Esta Barcelona que busca Alcalde/sa cada día está más llena de turistas y de soleturistas. Es bueno para la ciudad, dicen. Ambos grupos se esfuerzan por alejar la ciudad del provincianismo para convertirla en una provincia de lo más castiza, rumbera y cosmopolita. Ambos hablan lenguas que se entienden en todas partes y ambos creen en la inutilidad de las banderas excepto la de Dinamarca y de las fronteras excepto la de Melilla y Gibraltar.
Es curioso que todo este boom soleturístico se sostenga solo con un solo lema. El mantra, ya lo conocéis, es aquello de: “La España de Lorca y de Machado”. ¿Es que no veis que en España mandan los aristócratas, los monopolios, los obispos y los franquistas?… “No, porque ésta no es la España real. La de verdad siempre es y será la de Lorca y Machado”. ¿Es que no veis que ningún partido español nos asegura la soberanía ni garantiza la inmersión en catalán ni la defensa de la lengua? “No os preocupéis, porque de la España de Lorca y Machado nadie querrá irse ni hablar otra lengua que la común y constitucional” (la lengua de Lorca y Machado, precisamente).
Es bastante curioso este mantra. He mirado en la wikipedia y al parecer ni Lorca ni Machado fueron nunca presidentes de España ni ministros ni legisladores. Uno fue fusilado por (sic) “maricón” como reza el informe policial y el otro murió camino del exilio. Dicho de otra manera. La España de Lorca y Machado es la misma que la de Salas y Pere Quart. Que la de Tísner o Rodoreda.
Nunca hubo una España de Lorca y Machado que prosperase políticamente. No se pudo hacer. No fue culpa de los poetas, claro. Y tampoco hubo una Cataluña libre dentro de aquel proyecto. Los años que van del 31 al 36 son también los del recorte del Estatuto, la república unitaria, la detención de Companys y la suspensión de la Generalitat. Los soleturistas que nos venden un futuro radicalmente diferente hecho de monarquía borbónica, prensa cavernaria e IBEX 35 no deberían invocar el nombre de los derrotados y asesinados por aquella España, que es exactamente la misma que la que se envanece por palacios, redacciones y parqués.
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