En Cataluña en las elecciones del 24-M y el 27-S está la variable del soberanismo, que no existe en el resto de España. Cataluña tiene un déficit fiscal estable en los últimos veinte años de 15.000 millones de euros anuales si no se tienen en cuenta los servicios recibidos por los catalanes fuera de Cataluña (defensa, diplomacia, instituciones culturales de ámbito nacional, etc.) y de 10.000 millones de euros si se tienen en cuenta. 10.000 millones de euros es el 7% del PIB catalán y el 30% del presupuesto de la Generalitat. Es esto último lo que es relevante, porque el déficit de 10.000 millones de euros es fiscal y no se puede comparar la cuota fiscal con la base imponible. Es decir, lo que se paga de impuesto con la cantidad sobre la que éste se genera según el porcentaje de cota impositiva. Dicho con palabras llanas, no se puede comparar el impuesto con la actividad económica que lo genera.
Hay economistas que reclaman que estos porcentajes son menores cuando el Estado, como ha ocurrido en los últimos años, tiene déficit, es decir, gasta más de lo que ingresa y por tanto deja a deber parte de lo que gasta. Es por ello que, aunque teóricamente el déficit podría ser calculado como menor, no lo es porque Cataluña participa de la deuda del Estado y, si éste deja a deber parte de lo que gasta, y por tanto la deuda española aumenta -ha pasado del 60% del PIB al 100% en seis años-, el catalán también, porque es parte inseparable de aquél. Los gastos públicos más importantes (enseñanza, salud, servicios sociales, seguridad etc.) están a cargo de la Generalitat, su déficit fiscal se convierte en ingestionable… Cataluña es la única comunidad autónoma donde los funcionarios han visto recortados sus sueldos…
A los partidos que reclaman que la Generalitat gestione mejor el presupuesto habría que preguntarles cómo se puede hacer de manera significativamente diferente si el presupuesto de la Generalitat tiene un déficit estable de 10.000 millones de euros, cuatro veces los “recortes” hechos en los últimos años. La consecuencia es evidente, hay que negociar con el gobierno estatal un cambio radical de la financiación actual para mejorar el nivel de vida de los catalanes. Esto requiere que la mayoría soberanista tenga fuerza, mayoría, porque el gobierno estatal sólo negociará si ve que la alternativa de no hacerlo es que se establezca una mayoría a favor de la independencia. Los que quieren sinceramente un nuevo encaje de Cataluña y España más que la independencia deben reforzar el soberanismo, si quieren que esto suceda. El ejemplo de Escocia es palmario. El SNP perdió el referéndum y ha ganado las elecciones generales. El gobierno británico sabe que tiene que negociar y ceder competencias a Escocia porque el peligro de secesión es real. En Cataluña, si en las elecciones municipales del 24-M y las autonómicas del 27-S hay mayoría soberanista, más allá de la posibilidad real de la independencia, se darán las condiciones para que el Estado ceda competencias económicas y políticas a Cataluña.
Lo más importante de las elecciones municipales más allá de elegir alcaldes, que no es poco, es demostrar la fuerza de los que quieren un cambio profundo en la relación de Cataluña y España, de la independencia a una nueva financiación, y esto viene representado por los partidos soberanistas. Los que dicen que lo más importante es la política social y no el soberanismo deberían explicar cómo se hace posible esto primero sin intervenir en lo segundo. No es una dicotomía, hay dos realidades, es una coincidencia, sólo hay una… y por lo tanto también sólo hay una solución. Es difícil, casi imposible, escribir un artículo con más lugares comunes y obviedades que éste pero las obviedades no conocidas no son tales…
EL PUNT – AVUI









