Vicent Partal
Saboreando la encuesta de La Vanguardia
La Vanguardia ha animado el debate independentista este fin de semana con dos encuestas, aparentemente contradictorias. La primera señalaba que una mayoría clara del Principado era contraria a la independencia y avisaba, lo que se entendía al día siguiente, que una mayoría de los catalanes (según ellos) no aceptaría que la independencia se proclamará si los independentistas ganaban sólo en escaños. Al día siguiente, efectivamente, La Vanguardia aseguraba que el bloque independentista tendría mayoría absoluta, según los datos de la misma encuesta.
Ya he hablado repetidamente de mi escepticismo sobre las encuestas y en particular sobre las de La Vanguardia-Feedback. Pero, visto el revuelo organizado y dado que es la única que hay ahora mismo, les propongo observarla con atención y tener en cuenta los resultados que daba a todos los partidos las tres últimas veces que se ha hecho. Lo sugiero porque el resultado es muy tranquilizador. En cuanto al debate fundamental en este país, el de la independencia, no nos esperarían grandes cambios, repentinas mutaciones, sino que, a pesar del espectáculo y el baile de siglas, más bien nos encontraríamos con unas recomposiciones muy fáciles de explicar.
En primer lugar, hay que constatar, y esa es precisamente la interpretación que La Vanguardia esquivaba ayer, que la estabilidad del bloque independentista es espeluznante, a prueba de bomba. En las tres encuestas de estos últimos años el resultado de la suma de CiU, ERC y CUP da 77 escaños, 75 y 74, siempre, pues, por encima de la mayoría absoluta de la cámara -74 es, de hecho, el resultado obtenido en las elecciones de hace dos años y medio. Y hay que poner de relieve que esto ocurre en el período más inestable que se recuerda desde el punto de vista de la dinámica de partidos y en medio de los ataques más virulentos y las manipulaciones más groseras contra el soberanismo que podamos imaginar.
Hay dos detalles muy importantes a destacar. Primero, que ahora sí podemos hablar con propiedad de bloque independentista, porque esta vez CDC irá a las elecciones con un programa independentista que hasta ahora no tenía. Y quien no quiera ver lo trascendental que es eso, qué gran cambio implica, no entenderá nada. Y segundo, que la recomposición interna del bloque es muy movida y parece lejos de haberse estabilizado. ERC había llegado a superar a CiU en las encuestas hace un año, y en las elecciones europeas, pero después cayó y ya no se acerca tanto al partido de Mas. Y eso que CiU ahora vuelve a caer. En cambio, el partido que aumenta espectacularmente es la CUP. El bloque independentista, pues, gira hacia la izquierda y hacia la pluralidad creciente, pero sin perder consistencia en el voto: no aumenta, pero tampoco disminuye y esto es una excelente noticia cuando tienes los votos de sobra. De cualquier modo, septiembre está muy lejos todavía y, si bien con todos los datos que tenemos en la mano no parece que haya peligro de que el bloque independentista pierda las elecciones, habrá que seguir muy detalladamente la evolución de la recomposición interna y sus consecuencias. Porque podría haber sorpresas mayúsculas.
Al otro lado del espacio parlamentario, el de los contrarios a la independencia, también estamos donde estábamos: estabilidad y recomposición. Podemos hacer varios bloques o combinaciones de bloques para analizarlo, pero la imagen siempre será la misma. El hecho más importante es que no parece factible que pueda romper la dinámica impuesta por el independentismo.
Lo más sencillo de analizar es el frente federalista, formado básicamente por ICV y Podemos. Aunque la mezcla se haya desvirtuado por las eses demoscópicas del partido de Pablo Iglesias, es un espacio en el que ICV claramente paga caro el distanciamiento del bloque soberanista. Agarrarse a Podemos era la esperanza de ICV para recuperar su espacio, pero si Podemos cae, como indica aparentemente la encuesta y como todo el mundo intuye no únicamente en el Principado, entonces podría ocurrir que las dos fuerzas se encontrasen en el próximo parlamento precisamente como las dos formaciones más pequeñas. En cualquier caso, lo más importante es que ya vemos muy lejos aquella situación que algunos temían hace meses, en la que Podemos parecía capaz de tomar la bandera de la renovación política y social al independentismo y desmontarlo. Creo que ya podemos decir que esto no sucederá.
Y quedan, finalmente, PSC, PP y Ciudadanos, el bloque autonomista, por decirlo de alguna manera. Y aquí volvemos a encontrarnos claramente la recomposición y la estabilidad combinadas. Los 17 escaños que pierden PP y PSC se los lleva Ciudadanos, y poco más hay explicar sobre este espacio. Una variante interna posible sería que PP y Ciudadanos al final son la misma cosa, y esto, por tanto, aumenta el voto directamente españolista de derechas, a expensas del tradicional espacio del PSC. De un pobre PSC que se eclipsa sin remedio y que, lejos de ser alternativa de gobierno, ve cómo la CUP está a punto de atraparlo.
Dicho todo esto, volveré a insistir en que hablamos de una encuesta, solamente. Septiembre está muy, muy, lejos y, si acaso, me parece que para afinar el análisis se debería añadir que empieza a haber indicios claros de que seguramente llegaremos en mejores condiciones incluso que las actuales.
En primer lugar, porque es posible -no es seguro, pero es posible- que las municipales clarifiquen en parte el debate dentro del bloque independentista y calmen esta ansia desbocada de competir que vemos. Esperamos hacerlo. Pero también porque todo indica que pasarán cosas antes del verano que podrían dar la vuelta al tablero de juego y la concepción misma del proceso electoral y quizás algunas catarsis de las municipales sirvan para ello. Saber cómo quedará todo dentro del independentismo en unas elecciones, las del septiembre, que también se han convertido en presidenciales y han cogido un componente dramático, es demasiado arriesgado decirlo ahora, con tantos condicionantes. Pero lo importante es que la mayoría absoluta de escaños no parece tambalearse de ninguna manera. Y, en definitiva, de eso hablamos. Porque si también quieren la mayoría en votos, como reclamaba La Vanguardia, les será muy fácil: basta con que, desde Madrid y con las condiciones pactadas, el Gobierno convoque el referéndum que hasta ahora nos han prohibido. Iremos encantados a votar.
Y, en segundo lugar, el independentismo parece que llegará aún en mejores condiciones a septiembre porque las placas tectónicas en movimiento ahora están en el bando españolista, donde -allí sí- se mueve todo. Al PP el suelo se le ha reventado bajo los pies, la corrupción se lo come y tiene tantos problemas acumulados que incluso un desafío como el catalán pasa a ser uno más. Y Podemos y Ciudadanos bailan, bailan mucho. Y bailarán aún más. Podemos ha pasado, sobre el papel, de ganar las elecciones y cambiar el planeta a romperse a una velocidad supersónica, mientras se integra en la casta. Ayer había también una encuesta de Las Provincias sobre el País Valenciano, donde Podemos comenzaba a desinflarse a favor de Compromiso; y la sensación generalizada es que eso flojea, que están muy lejos de donde querían estar, cada vez más.
Y Ciudadanos ya veremos también cómo termina. En esta dinámica de los partidos espectáculo, como hemos visto en el caso de Podemos, los mismos que te hacen subir deprisa te pueden hacer caer en segundos. Y el pacto que ya se insinúa entre Ciudadanos y el PSOE andaluz da una gran oportunidad al PP para repescar votantes que habían entendido que si eres del PP ahora tocaba votar Ciudadanos. Finalmente, si bien es cierto que fue la segunda fuerza del parlamento sería un sueño para Rivera, habría que olvidar que en una proeza tal casi tendrían tanto que ver el hundimiento de PP y PSC y el frenado de ERC como los méritos propios de la formación de moda en las tertulias de las televisiones españolas. Pero no seré yo quien les niegue el derecho a la alegría…
En definitiva, no digo que todo sea perfecto, pero mi opinión es que si la realidad se acercase al dibujo que hace esta encuesta, francamente lo tendríamos muy bien…
VILAWEB
Agustí Colomines
La gran trampa
EL SINGULAR DIGITAL
No es que esté en contra de las encuestas, es que no creo que se pueda hacer política a partir de una encuesta. Como tampoco creo que la política tenga que depender de la opinión de un grupo de tertulianos o de la editorial de un periódico o de otro. Todos los que bordeamos los ambientes políticos sabemos que uno de los principales defectos de la política actual es el exceso de táctica, de politiquería grandilocuente. En una especie de “dejarlo pasar”, hay políticos, por lo tanto no todos, que toman decisiones según como sopla el viento. Los hay, en cambio, que saben muy bien lo que buscan.
En la encuesta que ayer publicó el diario La Vanguardia, cuya línea editorial hoy todo el mundo sabe cuál es, Jordi Sauret, director gerente de la empresa a la que encargó la encuesta el diario, Feedback, hacía su valoración. Destacaba varias cosas. Sólo comentaré dos, que de hecho son el anverso y reverso de una misma cosa.
La proyección de ayer dejaba claro que el “bloque soberanista” seguiría siendo mayoritario en el futuro Parlamento, con un nivel de apoyo ciudadano similar, entre 71 y 74 escaños, a los que tiene actualmente, que son 74, aunque hay diputados de ICV-EUiA, lo que no se tiene me cuenta, que podrían sumarse perfectamente al soberanismo. La novedad, si es que es una novedad, es que el principal partido nacionalista (CiU) pierde mucho peso (15 escaños), que los gana en parte ERC (aumenta 6), pero con menor intensidad que en otros estudios, ya que la CUP ganaría, según la encuesta, 8 escaños y mejoraría de manera significativa posiciones dentro del subespacio de izquierda independentista.
Primera conclusión, pues: el “bloque soberanista” mantiene posiciones pero altera sus pesos internos. La federación nacionalista, a pesar de contar con el líder que ha puesto en jaque al Estado y contra el que van dirigidas todas las represalias, va perdiendo posiciones. No se han preguntado ustedes por qué los querellados por el 9-N son miembros de CiU que estaban en el Gobierno y, en cambio, el Estado no se querelló contra Junqueras, Arrufat, Duran o Carme Forcadell, pongamos por caso. La respuesta es fácil, los que gobiernan y toman decisiones son el objetivo a abatir por parte del Estado. Los otros son como los articulistas, lo que dicen y lo que hacen les sale gratis, aunque luego vayan a hacer cola para autoinculparse y ponerse al lado del presidente.
El desgaste de gobernar y, sobre todo, de combinar proceso soberanista con austeridad le está saliendo caro al presidente Mas. Desde que tomó la decisión de encabezar institucionalmente el proceso soberanista ha ido perdiendo escaños, los cuales han ido a parar a los partidos soberanistas que no gobiernan o bien que, como en el caso de la CUP, no están dispuestos a sacrificar ni una coma de su ideologismo para empujar hacia la independencia. Sus escaños no servirán nunca para formar gobierno. Todo ello es un absurdo, porque todo el mundo sabe cuál es el efecto que tiene sobre un político el hecho de que en un período de cinco años su grupo pueda quedar reducido a 35 escaños, después de perder 12 en 2012 y 15, si se cumple el pronóstico, en 2015. Las presiones que recibirá, internas y externas, inevitablemente tendrán una gran incidencia sobre su continuidad y, por extensión, sobre el proceso. Esto es lo que se busca y sólo los legos o tramposos hacen ver que esta no es la cuestión.
Con unos resultados como los que anunciaba La Vanguardia, el proceso quedaría estancado, porque no me imagino un Gobierno tripartito CiU (o CDC), ERC y CUP. Ni ellos lo querrían. Si hasta ahora no han querido gobernar, ¿qué les haría cambiar de opinión? ERC y la CUP han trabajado para desgastar a CiU y sería extraño que ahora rectificaran, sobre todo cuando notan el aliento de la izquierda estatista en la nuca. Con la derecha, la izquierda independentista también vive infundida por la izquierda estatista y compite con ella.
En un país en el que el político mejor valorado es aquel que, como el diputado David Fernández, sólo hace espectáculo, a veces del bueno y no hay que decir que justo, y que es más conocido por los lemas de las camisetas que por las propuestas de ley o los decretos (que no puede hacer porque siempre actúa desde la confortable oposición), es que no vamos bien. ¿Qué hacen los tres experto que ERC promovió al Gobierno? Se lo digo: tocar el txistu. Hacer como Juan Carlos Monedero, de Podemos, a quien se ve que no le gusta ensuciarse las manos con el poder, que es lo que desean a toda costa Pablo Iglesias y Íñigo Errejón, no sirve de nada. La política catalana está mucho más contaminada que la española por este tipo de gente.
Mientras el “bloque soberanista” mantiene posiciones y se redistribuye, el “bloque unionista” hace lo mismo. Esta es la segunda consideración que quería hacer.
El gran avance de Ciudadanos que augura la encuesta, que sumaría 17 escaños hasta situarse en los 26, situándose cerca de ERC o incluso empatando con ella, es proporcional a la caída del PSC y PPC. La razón de este espectacular incremento del partido de Albert Rivera es, según Sauret, aunque él no lo plantea de esta manera, porque otra vez estamos ante el triunfo del “purismo”. C’s es percibido como un partido “nuevo”, sin vínculos con la corrupción y los recortes, sencillamente porque no ha gobernado nunca en ninguna parte. En Cataluña es un partido que no está presente en ninguna instancia donde se decida algo que afecte de verdad a los ciudadanos que dice defender. En España tampoco. Su discurso es monolíticamente españolista y se parece mucho a lo que los conservadores británicos usan contra el SNP, ahora que las encuestas les auguran un papel decisivo en Westminster, para excitar el voto más reaccionario. C’s ha crecido con una propuesta regeneracionista que podría firmar cualquier persona, pero también cacareado la idea de que había que acabar con la influencia de los nacionalismos vasco y catalán en los gobiernos de Madrid.
La perversión de Ciudadanos es doble en este sentido. Es el partido abanderado del unionismo a la vez que pretende reducir a la nada la influencia en España de los partidos nacionalistas. Rechazan la independencia de Cataluña, incluso la posibilidad de poder decidirlo democráticamente, pero no ofrecen nada a cambio, más allá de destruir el sistema de equilibrios entre el Estado y las nacionalidades que se impuso con la Constitución de 1978. C’s es mucho más peligroso que el PP y no hace falta decir que el PSC. Que el soberanismo no se dé cuenta o que lo minimice es una muestra más de hasta qué punto están abordando con ceguera absoluta el tramo final del combate que se puso en marcha al día siguiente del Once de Septiembre de 2012.
La encuesta de La Vanguardia debería hacer abrir los ojos a los soberanistas que realmente quieren la independencia. Si el soberanismo quiere triunfar debe resolver varias incógnitas y la primera y más importante es quién debe liderar la secesión. Es necesario que estén todos los que quieran estar, pero alguien tiene que tomar la responsabilidad de ir a la cabeza. Sólo hay un presidente de la Generalitat y no dos o tres o cuatro. Y este presidente es el que deberá conducir los 18 meses pactados en la hoja de ruta y es el que se tendrá que sentar a negociar con el gobierno de Madrid, con el mundo y, también, con los contrarios a la independencia. Y este presidente conviene que sepa que la política es algo más que “pecho y cojones” o bien una apelación romántica al “pan y dignidad” para todos.
Los electores unionistas son listos y saben elegir, los soberanistas, en cambio, filosofan y pierden una sábana en cada colada. ¿Alguien se cree en serio que el presidente Mas puede aspirar a renovar el cargo si las urnas vuelven a escurrirlo? Pensemos políticamente, por favor, aunque sólo sea por una vez.
¿La CUP y UDC son sumables?
Salvador Cot
EL SINGULAR DIGITAL
Más o menos, me creo la encuesta de La Vanguardia. Por el contrario, el titular (“CiU y ERC quedan lejos de la mayoría y Ciudadanos roza la segunda posición”) la desestiman ellos mismos en el texto cuando dicen que la encuesta “prácticamente no altera la magnitud de los bloques nacionales en el Parlamento”. Seguramente habría sido mucho más descriptivo afirmar que la mayoría independentista se redistribuye, que es el efecto que se desprende más claramente del estudio. Puestos en la franja más alta de las horquillas respectivas, el bloque catalanista (CiU + ERC + CUP) llega a los 74 diputados -una cifra idéntica a la de ahora-; exactamente la misma evolución que se da en el otro lado (PP + PSC + C’s), donde se mantienen los 48 diputados de que disponen los partidos unionistas en el Parlamento actual. Esto en el mejor de los supuestos para ellos.
Lo que es relevante, por tanto, no son las alteraciones en el reparto de bloques, sino si los diputados resultantes son sumables o no lo son. Y en esto el campo españolista sí que parte con ventaja. El problema no es que socialistas, populares y ciudadanos no puedan pactar con facilidad, ni mucho menos, sino que esta alianza se quedaría muy lejos de cualquier mayoría efectiva. Por el contrario, el bloque independentista ha de resolver el problema -políticamente diabólico- de cómo poner de acuerdo el espectro ideológico que va del centro-derecha a la izquierda antisistema. No se puede reclamar el reconocimiento de la nueva República Catalana en el mundo si ni siquiera se puede conformar una mayoría parlamentaria previa.
En este sentido, los votantes unionistas son mucho más pragmáticos que los independentistas. El primer movimiento desde abajo de esta franja electoral es la acumulación de fuerza sobre un solo partido que, además, defiende el régimen del 78 de manera más eficaz, sin el lastre de la opacidad y la corrupción del bipartidismo español. Además, Ciudadanos reclama, desde siempre, la unidad de acción de los partidos españolistas. La única incógnita, por tanto, es si la mayoría independentista se articulará -o no- por encima de las notables diferencias ideológicas. España es un Estado independiente porque PP y Podemos lo defienden con la misma intensidad. Pues eso.









