¿Qué nos dice el último barómetro del CEO sobre las opciones de la independencia?

Primer barómetro del CEO del año 2015, la que, sin duda, es la mejor encuesta política que se hace en Cataluña. Como siempre hago, déjenme compartir de entrada una reflexión sobre las encuestas: desde que se han sabido los resultados del CEO ha habido mucho ruido. Algunos han magnificado los resultados, algunos otros los han tergiversados, también he visto lecturas tan parciales e incompletas que acababan diciendo cosas que la encuesta no refleja y finalmente también tenemos el clásico ‘matar al mensajero’. Cuando el CEO puso de manifiesto el incremento del apoyo social al independentismo, desde el unionismo se desacreditó de manera radical. Ahora que expresa unos porcentajes de voto contrario a la independencia que no había hace un año, el unionismo calla y es parte de ese independentismo que en su momento hizo bandera de los resultados del CEO quien la ataca.

No caigamos en estas trampas. Una encuesta es eso, una encuesta. Y no sustituye nada. Es un medio universal para conocer opiniones sociales, y sirve y se usa en todos los ámbitos de la sociedad: el político, el comercial, el deportivo, etc.

El CEO hace una encuesta -presencial- a una muestra -muy bien hecha- de 2.000 personas, representativa a escala de circunscripciones provinciales de nuestra sociedad. Los datos que nos proporciona nos permiten aproximarnos a los movimientos de las opiniones sociales. Y está sometida, evidentemente, como todas las encuestas, a un margen de error. Por tanto, ni debemos sacralizar su contenido ni debemos magnificar variaciones que se sitúan dentro de los márgenes de error.

Y también vuelvo a advertir que estamos en un momento tan enormemente complejo y en el que pasan tantas cosas y tan importantes, que todo puede cambiar a una gran velocidad. Hacer encuestas es, en estos momentos, una actividad que debería ser considerada de alto riesgo. En este contexto es cuando más importante es la capacidad de análisis que tengamos, de relacionarse en una secuencia de causa a efecto los resultados con nuestra observación y conocimiento de la realidad, porque es lo que nos permitirá dar credibilidad a unos resultados o bien dejarlos en cuarentena a la espera de tener más datos.

Hecha toda esta consideración previa, analicemos el CEO, la mejor y más potente encuesta que se hace en Cataluña, porque nos explica muchas cosas que nos deberían estimular a la reflexión, el debate y… ¡la acción!

 

Introducción: retrato de un país con muchos países

El primer impacto que tuvimos al saber los resultados del CEO fue el dato de que el tanto por ciento de ‘noes’ a la pregunta dicotómica sobre si los encuestados querían que Cataluña fuera independiente era del 48% y se incrementaba la diferencia con los partidarios del sí, que nos mantenemos en el 44%. Este es el dato que ha llamado más la atención. Y refleja unas tendencias que hace tiempo que observamos, refleja un país dividido al 50% entre partidarios de la independencia y contrarios.

Sin embargo, el hecho más relevante de este barómetro, lo que más me ha impactado, es la claridad con que la que se reflejan en el mismo muchos países diferentes. El gran reto que nos plantean los datos del CEO no es este dato ante una pregunta dicotómica sobre la independencia, sino como podremos, como país, gestionar el proceso y esta convivencia, dentro de nuestra sociedad, de tantos países diferentes. El gran reto es si a pesar de ser un país con muchos países en el interior, no serán ‘demasiados’ países, en el sentido de que esto dificultará enormemente no sólo el proceso, sino la gestión y la capacidad de lograr consenso sobre qué queremos hacer y cómo querer hacerlo, o eso simplemente es una realidad con la que ya nos hemos acostumbrado a convivir y que sabremos gestionar, tanto en el marco del proceso independentista como en el resto.

En el artículo de hoy me dedicaré, sobre todo, a explicar todos estos países que conviven en nuestro país y las características. Y ya veréis como esta situación, en el fondo, reproduce modelos de comportamiento político que tienen siempre un mismo patrón: los que quieren convertir las diferencias en una oportunidad de conflicto, instrumentalizar esta realidad para obtener réditos políticos, y los que se aproximan a ella desde el respeto a la diversidad y con voluntad de dar respuestas integradoras que nos hagan más fuertes, más justos y más libres.

 

El país de las identidades compartidas

Este es uno de los datos que más estabilidad tienen en nuestras encuestas, que más llaman la atención de nuestra realidad y que más ejemplifican nuestra diversidad como sociedad y la complejidad poliédrica que tiene el proceso político independentista.

En Cataluña la mayor parte de la gente se define diciendo que se sienten tanto españoles como catalanes (un 35,8%); después tenemos un 26% que nos consideramos ‘sólo catalanes’, seguido de un 23,4% que se sienten más catalanes que españoles. Únicamente un 5,1% se define como ‘sólo españoles’ y un 5,6% como más españoles que catalanes.

No hay, por tanto, una identidad que sea homogénea ni dominante. De hecho una lectura que podemos hacer es que el sentimiento predominante, que comparte alrededor de un 65% de la población es el que combina, con diferentes intensidades, una identidad compartida catalana y española.

Otra lectura posible es que para un 49,4% de la población el sentimiento predominante, fuerte, es el de la catalanidad (los sólo catalanes y los más catalanes que españoles). Pero fijémonos que, aunque sea por los pelos, ni siquiera llega al 50%.

Hasta ahora habíamos hecho una lectura de esta realidad que desvinculaba el sentimiento de pertenencia, la identidad, de la capacidad que teníamos de construir un proyecto político para Cataluña, pero los últimos CEO introducen algunos elementos que invitan a introducir matices a esta lectura. Básicamente, que el esfuerzo que se ha hecho desde el independentismo para construir un proyecto respetuoso con esta pluralidad de identidades no ha sido suficiente o no ha llegado suficiente o con la suficiente credibilidad, y la contrapropaganda unionista, de un feroz etnicismo, de una repugnante enervación identitaria, ha calado y ha acabado movilizando este segmento de la sociedad donde la identidad española pesa más o tanto que la catalana. Después volveremos sobre este tema, porque es una de las claves de este CEO.

La fiabilidad de este enfoque la podemos corroborar mediante la respuesta a la pregunta 52, cuando vemos que aquel 49,4% de la población en la que predomina el sentimiento de identidad catalana coincide prácticamente con el 48,1% que se identifican como catalanes que viven en Cataluña. En cambio, en el grupo mayoritario de sentimiento identitario (tanto catalanes como españoles) casi el 80% se identifican como catalanes que viven en España o como españoles que viven en Cataluña.

Es bueno que retengamos estos datos, este 49,4 % o este 48%, porque sitúa de alguna manera uno de los muros sociales con que el proceso se ha encontrado. Debemos reflexionar sobre cómo gestionamos esta realidad para que no sea un obstáculo definitivo a nuestras aspiraciones.

El país que no sabe qué quiere ser o el país al que falta un poco de fuerza para poder ser

En los últimos años el independentismo ha experimentado un crecimiento que hasta ahora había sido imparable. Ha pasado de ser prácticamente testimonial a convertirse en la voluntad política mayoritaria en la sociedad catalana. Hace menos de diez años sólo un 14% respondía que quería ser un Estado independiente (en pregunta de respuesta múltiple), mientras que ahora ya es la aspiración de un 40% de la población, un crecimiento de 26 puntos. Pero parece que hemos tocado techo. Incluso si miramos encuestas de hace dos años, hemos perdido un pequeño porcentaje de partidarios, porque llegamos a ser el 48,5%, es decir, estuvimos a punto de pasar la barrera del 50%.

Continuemos analizando la pregunta 30, que pregunta ‘Cree que Cataluña debería ser…’ y les ofrece una respuesta múltiple:

– una región de España: el 3,4%

– una comunidad autónoma de España: 24%

– un Estado dentro de una España federal: 26,1%

– un Estado independiente: 39,1%

Sólo un 5,3% dice que no lo sabe y un 2% no contesta.

Como podemos ver, los partidarios de que Cataluña sea un Estado independiente somos los que concentramos de manera más clara más apoyo, es la opción con más apoyo. Pero con todo, y aunque estuvo a punto de pasar la barrera del 50%, ahora ha perdido apoyo ligeramente.

Los partidarios del statu quo o de la involución, que vienen a ser lo mismo, no llegan al 30%, y ahora parecen estabilizados en este porcentaje, pero son dos de las opciones que en los últimos años, mientras el independentismo crecía, más apoyo perdía. Los partidarios de ser una comunidad autónoma han pasado de estar en el 40% a este 24%.

Por lo tanto, el statu quo en Cataluña tiene un apoyo minoritario. Estos datos quedan plenamente confirmados cuando los ponemos en relación con otra pregunta, la 29, que pregunta a los encuestados si, en las relaciones Cataluña-España ‘Cree que Cataluña ha alcanzado…’ y sólo un 23,9% dicen un nivel suficiente de autonomía, a los que podemos añadir el 3,9% que dicen que demasiado. Este es el techo del statu quo, del unionismo más militante. Son la cuarta parte de la población de Cataluña.

En esta pregunta, en cambio, un 64,1% responden que hemos alcanzado un nivel insuficiente de autonomía’.

Cuando relacionamos estas dos preguntas, la 29 y la 30, tenemos ya una de las pistas más importantes de lo que pasa, nos empieza a emerger una realidad. Fijémonos en que un 39% queremos un Estado independiente, pero un 64,1% cree que tenemos un nivel insuficiente de autonomía. La diferencia está en los que quieren que Cataluña sea un Estado dentro de una España federal. Explico otra cosa y luego volvemos al respecto, porque es uno de los clave.

Tras estas dos preguntas (29 y 30), que proponen respuestas múltiples apelando a lo que el encuestado prefiere, finalmente llegamos a la pregunta 31, en que se le plantea directamente una pregunta dicotómica: ‘¿Quiere que Cataluña se convierta en un Estado independiente?’ que sólo admite responder sí o no.

Y la respuesta que se ha obtenido en esta pregunta es lo que más nos ha inquietado a todos. Por primera vez un 48% de los encuestados dicen que no, cuatro puntos por encima de los que responden sí, que nos mantenemos en el 44,1%. Más allá de lo que decía al principio, que todas las encuestas tienen un margen de error, y que este margen de error puede hacer que el sí o el no estén, siempre por los pelos, uno delante y otro detrás, el CEO refleja claramente dos cosas:

– El no se ha movilizado. No es que el independentismo pierda apoyo (quizás un poquito sí, pero muy poco). La clave es que el proceso ha terminado implicando el posicionamiento de una parte de la sociedad que antes no se había movido, y ha tomado posición por el no.

– La movilización del no se alimenta de un segmento muy concreto, de los que se definen como ‘federalistas’. Nótese que en la respuesta múltiple un 39,1% dicen directamente que quieren un Estado independiente. Cuando pasamos a la respuesta dicotómica llegamos al 44,1, es decir, que sólo ‘captamos un 5% más de apoyo. Si el statu quo se situaba en ese 27% de los de la Comunidad Autónoma y la región, la diferencia hasta el 48% sale de la bolsa de federalistas, de quienes dicen en pregunta múltiple que quieren un Estado dentro de una España federal, pero que cuando es cosa de todo o nada, eligen España, y es el voto que se ha movilizado y que lo ha hecho abrazándose al unionismo, al no a la independencia. Esto explica que se sitúen en este doloroso 48%.

Aquí hay, por tanto, uno de los grandes elementos de reflexión. Y lo digo con cierta desesperación, porque no se me ocurre cómo gestionar un colectivo con esta capacidad de engañar o dejarse engañar. Reconstruyamos el perfil del votante susceptible de decantarse hacia el sí. Se trata de una gente que nos dice que Cataluña tiene un nivel insuficiente de autonomía. Que nos dicen también que ellos quieren que Cataluña sea un Estado dentro de una España federal. Pero que cuando les piden que se definan entre continuar como ahora y la independencia, ya no dudan ni callan y dicen que votarían no, que votarían el status quo.

En estos meses ‘horribilis’ que hemos pasado se puso en circulación la gilipollez de los indecisos. Y lo critiqué severamente, porque era una farsa. Era un discurso tramposo, sin ningún fundamento analítico detrás, y que únicamente por intereses de partido se había convertido en dogma. Si revisan mis escritos, decía que no había indecisos, sino gente susceptible de decantar su voto hacia un voto independentista. Pero que la condición era hacerlo bien. Es decir, todo lo contrario de como lo hemos hecho durante estos meses.

Donde perdemos la batalla es en la evidente decantación de este segmento de población insatisfecho con el nivel de autonomía que tenemos y que se definen como partidarios de tener un Estado, pero que sea dentro de una España federal. Donde perdemos la posibilidad de ser claramente hegemónicos es que cuando se obliga esta gente a salir de su mundo de los ‘Lunis’: optan por el statu quo, optan por el unionismo.

De modo que nos encontramos con que los independentistas somos los que tenemos el proyecto político claramente mayoritario entre todos los posibles, pero parece que no tenemos suficiente apoyo para que esta propuesta sea incuestionablemente hegemónica socialmente.

Fíjense, pues, que esta situación puede terminar bloqueando cualquier salida para nuestro país. Tenemos un 27% de claramente ‘statuquoistas’, que no tienen ninguna propuesta para Cataluña que no sea seguir siendo el asno de los golpes. Tenemos este 40% de independentistas (puede subir tanto como quiera, que en ninguna hipótesis ni combinación llegamos al 50%), que sí sabemos que queremos pero que podría ser que nos faltara algo de fuerza. Y después tenemos este 26% que son los que bloquean cualquier salida para nuestro país, los que viven en esta ficción del Estado federal como subterfugio, al parecer, para tranquilizar su mala conciencia por su unionismo inconfesable.

Porque en el fondo vemos que esta cuarta parte de nuestra sociedad bloquea el resto. No tienen ninguna propuesta, pero se esconden en esta ficción para gestionar su conciencia y su insatisfacción con la situación actual, que en ningún caso les lleva, sin embargo, a atreverse a dar el paso hacia la independencia. Es evidente que esta situación tiene unos responsables con nombres y apellidos. Toda esta comedia ‘sociata’ del federalismo y toda esta tomadura de pelo de ICV-EEUU del Estado asociado y ‘bla bla bla’ en el fondo esconde quedarnos como estamos.

Hay que construir estrategias que nos permitan crecer desde donde podemos crecer, de esta bolsa que creen que tenemos un nivel de autogobierno insuficiente, pero que no han llegado a defender la independencia. Aquí está una de las grandes claves sobre qué reflexionar y elaborar discurso, estrategias, etc.

Una de las preguntas del CEO, la 45, nos puede ayudar en esta reflexión, porque pregunta a los encuestados si se sienten independentistas. Un 24,1% dicen que sí, de toda la vida y un 18,3% dicen que sí, pero que se han vuelto en los últimos años. Fijémonos en que volvemos a estar en este 40% y poco en que siempre nos movemos (39,1% de Estado independiente, 44% de sí…). Un 54,4% de responden que no, que no se sienten independentistas. Alerta, porque es un porcentaje superior incluso al tanto por ciento de voto no (48): la diferencia es la gente que ante un referéndum podría terminar votando sí, la que podemos hacer bascular.

La pregunta 45 tiene un apartado en el que, dirigiéndose exclusivamente a los encuestados que han respondido que sí se sienten independentistas pero que se han vuelto en los últimos años, les pregunta por los motivos que les han llevado a hacerse independentistas. Y creo que aquí tenemos una información a aprovechar: lo que ha servido para hacer independentistas forma parte del argumentario que hay que utilizar para seguir intentándolo. Un 42% lo han hecho por la actitud del gobierno central hacia Cataluña, seguido de un 13% por el expolio fiscal. No hay ningún motivo de carácter identitario: sólo un 2,5% por idioma y cultura catalana. Esto también debería servir a muchos ‘hiperventilados’ que circulan para reflexionar sobre los posicionamientos que facilitan hacer nuevos independentistas y los que lo dificultan.

Creo que es más que claro que el trato del gobierno español hacia Cataluña siempre es el mismo, y el única diferencia es que unos nos atacan con una sonrisa y ‘talante de Zapatero’ y los otros lo hacen directamente a base de hostias. Pero el resultado siempre es el mismo. De la misma manera que siempre es el mismo el expolio fiscal que nos afecta, gobierne quien gobierne en España. Como dijo Xavier Sala i Martín, hay dos constantes en el universo: la velocidad de la luz y el expolio fiscal en Cataluña.

Es mi humilde opinión, pero parece que el voto que tenemos más posibilidad de hacer bascular es el que dice que tenemos nivel insuficiente de autonomía y que aspira a algo más que ser una comunidad autónoma. Tenemos que trabajar más en desmontar la farsa federalista, todos estos engaños. Y tenemos argumentos suficientes para hacerlo.

 

El país del 27-S: entre la incertidumbre plebiscitaria y la ingobernabilidad

El barómetro del CEO hace evidente la consolidación de algunas de las tendencias que se iban observando en cuanto al comportamiento electoral:

– CiU frena la caída y ERC frena la subida. Y eso, hoy por hoy, los deja más o menos a los dos con la misma fuerza en el parlamento. De aquí al 27-S pueden pasar muchas cosas, pero esta tendencia ahora mismo parece sólida.

– Podemos irrumpe con fuerza en el Parlamento y Ciudadanos consolida su crecimiento, por lo que hoy en día son las dos fuerzas que se disputarían ser la tercera y la cuarta del nuevo parlamento.

– PSC, PP e ICV-EUA continúan perdiendo apoyo y siguen instalados en una tendencia fuertemente bajista.

– La CUP mantiene la tendencia al alza, hasta el punto de que este CEO proyecta su mejor resultado desde que están en el parlamento.

Para evitar hacer interminable este artículo, el análisis del comportamiento electoral y las fluctuaciones de voto y las causas las trataré en otro artículo. Hoy sólo analizaré el panorama al que esta proyección electoral nos aproxima desde el punto de vista del carácter plebiscitario de las elecciones y de la gobernabilidad del país.

Desde el punto de vista del carácter plebiscitario de las elecciones del 27-S y tal como están hoy las cosas, los partidarios de la independencia, que las elecciones del 27-S permitan medir el apoyo al sí a la independencia, lograrían entre 71 y 74 escaños. Se corresponden a la suma de CiU, ERC y la CUP. En el actual parlamento estas tres fuerzas suman 74 escaños.

Así pues, en escaños, nos quedaríamos como estamos o perderíamos alguno, pero tendríamos asegurada la mayoría absoluta independentista para poner en marcha el proceso en los términos pactados en la hoja de ruta.

Desde el punto de vista de los votos, pasaríamos de concentrar el 47,9% de los votos a tener el 45,7%. Y este es uno de los retos de legitimación que tenemos delante. Sea como sea, la movilización de voto a las opciones que llevarán el sí en su programa deberíamos intentar que llegaran a sumar el 50,1% de los votos emitidos. Pero eso a estas alturas parece bastante complicado…

En este caso, el hecho de que un partido como ICV-EEUU no participe del carácter plebiscitario del 27-S y no se sume al bloque del sí nos va muy a la contra, dado que los votantes que aún tienen intención de votarles un 24,3% votaría sí en caso de referéndum. Y este voto lo perdemos, no lo podremos contabilizar.

Por tanto, si llegáramos al 27-S con los resultados que proyecta el CEO estaríamos ante una lectura no pacífica en términos plebiscitarios de las elecciones, con una mayoría absoluta del sí (pero menor que la mayoría exigida para reformar el estatuto, para situarnos hasta qué punto estamos en el límite) y sin llegar al 50% de los votos emitidos.

La proyección electoral nos dibuja un panorama aún más complicado desde el punto de vista de gobernabilidad del país. Si para configurar una mayoría parlamentaria por el sí a la independencia parece clara la suma de CiU, ERC y CUP, esto no es nada claro a la hora de formar gobierno. Una de las grandes debilidades del parlamento saliente, tal como ya proyectan casi todas las encuestas será que CiU y ERC no tendrán mayoría absoluta, y sin embargo no podremos garantizar un gobierno sólido y fuerte. Y eso, amigos míos, puede ser un drama, y de los fuertes.

Y no se me ocurre cuál puede ser la salida. Quedaremos dramáticamente en manos de la CUP, en este punto. O no habrá gobierno. Y sin gobierno tampoco habrá proceso. Tenemos delante, por tanto, uno de los elementos más críticos del proceso.

 

El país de Podemos

Otro de los datos más sorprendentes y lacerantes de la encuesta del CEO ha sido que Podemos es de manera clara la fuerza política que tiene una mayor intención de voto directo en el Congreso, un alucinante 20% de intención directa de voto. Para que se sitúen, detrás vendría ERC con un 13,5% y CiU con un 12,6%.

Este dato coincide con algunas otras encuestas que ha habido estos últimos meses. Y en cualquier caso ratifica la fortaleza de la irrupción de esta propuesta política que es el más similar a una experiencia esotérica y de ‘Cuarto Milenio’ que nunca habremos visto.

 

¿Cuál es el país de Podemos y de donde salen los votos de Podemos?

Un primer dato que nos proporciona el CEO y que llama mucho la atención -y si nos fijamos, puede explicar muchas cosas- es que Podemos concentra el voto de los más insatisfechos con su vida desde un punto de vista personal. La pregunta 17 pregunta a los encuestados ‘En una escala de 0 a 10, en la que 0 significa muy poco satisfecho y 10 muy satisfecho, ¿hasta qué punto diría que, en líneas generales, está usted satisfecho/a de su vida actual’. Pues bien, los votantes de Podemos son los más insatisfechos con su vida de todos los votantes de todos los partidos políticos de Cataluña.

Ojo, que no hablamos de insatisfacción con la economía, la política, la democracia, sino puramente personal. Podemos, por tanto, parece tener una base de carácter pre-político, vehiculando frustraciones personales, canalizando el resentimiento personal.

En cuanto a la procedencia de este voto, en el ámbito del parlamento, el 50% es transferencia de PSC PSOE (29,2%) y de ICV-EEUU (20%). Luego, en importancia de transferencia, vendrían un bloque que forman Ciudadanos (9,8%), CUP (9,2%) y PP (9%). Esto ya configura prácticamente el 80% de su voto, que acaba completándose con voto proveniente de otros partidos extraparlamentarios, del voto en blanco y de la abstención. Un 4,5% del votante de CiU dice que ahora votaría Podemos, lo que no deja de ser un exotismo que habrá que confirmar. Y ya se ha confirmado del todo algo que denuncié tiempo atrás: todos recuerdan que para justificar el no participar en una candidatura de país ERC se mostró histérica, bordeando el colapso, por la irrupción de Podemos, y convertió la amenaza de Podemos en un mito a partir del cual justificar su posición. Entonces ya dije que eso también era falso, que no había nada que lo fundamentara. El CEO lo confirma: la transferencia de voto de ERC a Podemos es del 0,8%, es decir, cero.

Todavía resulta más revelador ver el origen de la transferencia de voto que tiene Podemos en las elecciones al Congreso de Diputados donde, recordemos el CEO les da un 20% de intención directa de voto, la más alta con diferencia. Confirma, agigantándola, la tendencia que se observa en el análisis hecho por el Parlamento de Cataluña, hasta el punto que masacra a ICV-EUA y le ‘roba’ un 41,6% del voto que tuvo y al PSC, de quien se lleva un 37,1%. Brutal. Después ya viene Ciudadanos, con una nada despreciable transferencia del 22,5% del voto.

Este es nuestro particular país Podemos y lo que explica la fortaleza de su irrupción.

El país donde sólo creen que la convivencia será peor los que tienen por única estrategia política el fracturarla al precio que sea.

Para terminar este primer análisis del barómetro del CEO, un dato poderoso: la inmensa mayoría de los encuestados creen que, si Cataluña fuera un país independiente, la convivencia entre los catalanes continuaría igual que ahora o mejoraría. Así se expresan mayoritariamente los votantes de CiU, de ERC y de la CUP, pero también, aunque no tan intensamente, los del PSC, ICV-EUA y Podemos.

Los únicos que creen que la convivencia entre catalanes sería peor que ahora son los que basan toda su estrategia política en hacer lo necesario para fracturar nuestra sociedad: PP y Ciutadans. Sí, los que permanentemente trabajan para generar un conflicto lingüístico inexistente, los que han generado un delirante relato basado en una inexistente persecución o ahogo social de los soberanistas a los unionistas, los que han hecho y harán lo que puedan para impedir que los catalanes podamos votar y expresarnos en libertad, los que mienten una y otra vez sobre nuestra realidad social, los que alimentan una posición política, un repugnante discurso de carácter etnicista y identitario. Estos son los únicos que piensan que la convivencia sería peor. PP y Ciutadans.

 

A modo de resumen

Como habrán visto si han tenido la paciencia de llegar hasta aquí, el CEO nos dibuja un país muy complejo. Hace visible un país que se convierte en muchos países diferentes según cómo lo miremos. Un país que tiene en la independencia su proyecto mayoritario, pero que tal vez ha tocado techo y eso nos impide llegar a tener toda la fuerza que debería. Un país, también, que no tiene ningún proyecto alternativo a la independencia. Un país de identidades compartidas que hasta ahora no han tenido excesivo impacto, pero que ahora podrían apuntar a posicionamientos contra la independencia que antes no estaban. Un país que se encamina hacia unas elecciones plebiscitarias de las que parece que saldrá un parlamento en el que el independentismo será explícitamente la fuerza mayoritaria, pero sin amplias mayorías ni llegar al 50% de los votos. Un país en el que la dispersión del voto nos puede abocar a una ingobernabilidad estructural que puede tener consecuencias nefastas.

Un país, en definitiva, en el que nos lo jugamos todo en muy pocos metros, casi dentro del área pequeña, y donde habrá que trabajar con mucha inteligencia y estrategia para conseguir, de aquí al 27-S, el apoyo que haría el proceso imparable.

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