“El tema del terrorismo islamista sólo sirve para enmarcar alguna salvajada regional (guerras de Irak y de Afganistán incluidas) y para ganar votos en Europa, pero no tiene ningún interés estratégico porque no puede tener ninguna repercusión global más allá del nivel coyuntural. En cambio, lo que nos llevará a la guerra será Rusia, ¡y si no lo crees, pregunta a los políticos europeos!” Esta ha sido una de las sentencias, a modo de conclusiones, de un debate virtual transatlántico sobre análisis estratégicos donde he participado como único europeo y, por tanto, único destinatario del mensaje. A la hora de aportar mi punto de vista, he tenido claro que los pronósticos históricos casi nunca aciertan, pero que no sólo fallan para prever conflagraciones sino también para poder asegurar que se mantendrá la paz. La gracia de los análisis estratégicos es que siempre parecen poco posibles; la realidad es así, y la Gran Guerra fue tan imprevisible como el posterior crecimiento de una Alemania aplastada, la consolidación del comunismo en Rusia, la conquista de Europa por parte de los Alemanes, el triunfo ruso sobre Alemania hasta controlar media Europa, la caída de la URSS, la pacífica conquista alemana de Europa… cada episodio ha trastornado Europa muy pocos años después del anterior.
Al aportar el “proceso catalán” a los debates estratégicos reconocí el carácter insospechado del ascenso independentista de los últimos años. Es cierto que esto nos ha aportado un avance significativo de la conciencia nacional, pero sin garantías de no retroceder nuevamente. En todo caso, no parece que la tendencia apunte hacia un ataque violento contra los catalanes, pero hay que aceptar que tampoco existen garantías de que todo es posible. Y este tema abrió la reflexión sobre la “desactivación” que quiero transmitir en este artículo. El título del debate era, en concreto: las estrategias de “desactivación” del enemigo en momentos de paz. Según la tesis de los amigos americanos, cuando los Estados no pueden hacer la guerra (no saben si están a pocos días, meses o años del conflicto potencial, o quizás éste no suceda nunca) entonces, lo que hacen es desactivar el adversario con formas varias -disimuladas- de sabotaje.
Nunca sabremos, hasta que no nos encontramos metidos, cuando habrá guerra con Rusia ni si la habrá, pero mientras tanto, todos los bandos actuales se dedican a neutralizarse, como enemigos potenciales, con éxito diverso. En el caso de Rusia, inhabilitando el funcionamiento pleno y autónomo de sus vecinos hasta convirtiéndolos en “estados tapón” (‘buffer states’): en Kazajstán el 30% de población rusa del norte convierten a este país en una barrera frente al mundo turco por donde se podría extender la OTAN; en el caso de Ucrania el episodio de restitución de Crimea no tiene nada que ver con la táctica actual que, a pesar de la propaganda, no pretende ninguna independencia; y lo mismo podemos decir de Georgia y de Moldavia. Este mecanismo no es sólo ruso, lo podemos encontrar en todo el mundo, tanto entre países sometidos y sus metrópolis, como entre Estados soberanos, y hasta entre supuestos aliados.
A nosotros no nos toca poner demasiado énfasis ni en el Islamismo radical (poco relevante estratégicamente) ni en el conflicto de Ucrania (que no es nuestra prioridad) sino en la relación Cataluña-España. En Madrid no ha pasado desapercibida la coincidencia del incremento catalanista con la crisis económica. Bien que recuerdan cuán marginales éramos los independentistas cuando España tenía prestigio económico y cultural, y están convencidos de que el “problema catalán” desaparecerá cuando volvamos a “atar los perros con longanizas”. Mientras esperan, la dinámica de la Metrópoli es la misma que en todo el mundo: tenernos divididos en comunidades territoriales y lingüísticas, y ponernos obstáculos administrativos de todo tipo, en resumen: desactivarnos y mantenernos en la inviabilidad. Sin embargo, esta dinámica es universal y bidireccional, y seguramente las naciones sometidas tarde o temprano dejan de “limitarse a desear” que el Estado opresor no salga de la crisis. Habrá un momento en que los pueblos en lucha, en tanto que protoestados, pasen del deseo el ejercicio de políticas activas, normales en todas partes, de impulso de tácticas orientadas a entorpecer y dividir las estructuras políticas, culturales, territoriales, lingüísticas, morales, económicas… de la nación opresora.
LLIBERTAT.CAT
http://www.llibertat.cat/2015/03/desactivar-l-enemic-fent-lo-inviable-30025







