Recuerdos invernales de un pueblo venido a menos

Escribo desde Ujué, pero a mi parecer es lo mismo que podría escribir el habitante de cualquier pueblo que ha visto disminuir su vecindad hasta quedarse en unos pocos.

Cuando nieva y nuestros campos, pueblos y calles se cubren de blanco, solemos tener una especie de gozo y ganas de disfrutar de este fenómeno meteorológico, sobre todo si esto ocurre en tiempo de ocio.

Si la nevada es grande, como ocurrió el pasado fin de semana, jóvenes, niños y adultos salen a disfrutar.

Pero Uxue es un pueblo con calles de trazado medieval. Tan estrechas que antaño no podían cruzarse en ellas dos caballerías con carga.

A día de hoy la angostura de nuestras rúas imposibilita el paso de vehículos quitanieves al interior del casco urbano.

En tiempos pasados, cuando la emigración todavía no había diezmado nuestro pueblo, los días de nevada eran de trabajo vecinal.

Los labradores se quedaban sin ir al campo pero no permanecían ociosos. Al igual que a los demás vecinos se los veía por calles y plazas -palas y escoba- haciendo camino para poder ir a las tiendas, a la escuela, a la iglesia, al médico… a todos y cada uno de los rincones del pueblo.

Cuando llegaba el mediodía, llegaba la hora de compartir con la familia o con la vecindad aquellos calderetes, aquellas sartenadas de migas, aquellas parrilladas de tocino y longaniza, aquel apretujar la bota de vino…, que abrían paso a una tarde de tertulias, canciones, de juegos a la baraja.

De otra manera más angustiada, llena de apuros y trajines, pasaban el día de nevada los que vivían en los corrales. O los pastores que no podían, ni pueden, dejar de atender a sus ganados.

Hoy cuando nieva en Ujué, ya no se ve como hace cuarenta, cincuenta años aquellos cientos de vecinos abriendo camino por las calles.

Calles que ahora están desiertas (las hay en las que no queda ni un vecino viviendo de continuo). Calles de donde nadie quita la nieve por estar huérfanas de aquellos que se fueron a vivir a la capital….

El trabajo de los que quedan en el pueblo aumenta para mantener una mínima viabilidad.

Nieva y hiela. Y los fines de semana de invierno ni siquiera vienen aquellos vecinos que, aun manteniendo casa en el pueblo, emigraron en busca de trabajo.

La sensación de soledad de los que quedamos en Uxue sería tremenda sin la solidaridad vecinal que se hace más patente en estas circunstancias.