1. Legalidad contra legalidad. Ya es habitual el discurso que contrapone legalidad a democracia y sitúa el 9N en esta última posición.
¡Cuidado! Claro que el 9N es un ejercicio democrático, pero podría ser perfectamente legal e incluso constitucional si una interpretación de la Constitución y la legalidad no se hubiera impuesto, si una élite no hubiera patrimonializado la Constitución por su propio interés. La libertad de expresión, la participación política, son principios constitucionales y legales. El domingo no lo olvidemos.
2. No es un referéndum. Hace falta un referéndum. No nos han dejado votar ni nos dejarán. Pero el domingo no participamos de ningún referéndum, ni siquiera de ninguna consulta. No quememos estos conceptos. Reservémolos para cuando toque y exijamos que toque lo más pronto posible.
3. ¿Votación? ¡Votantes! Lo que haremos el domingo es, sobre todo, una gran acción colectiva de ciudadanos que quieren votar. De votantes a los que les ponen todo tipo de impedimentos para que puedan hacerlo. Lo que tendrá más valor no son los resultados, dadas las circunstancias, sino la movilización de unos potenciales votantes de un potencial referéndum.
No nos encontraremos en la plaza Cataluña, ni en la Vía catalana, ni en la ‘V’, sino dentro o ante los colegios electorales. No podemos saber exactamente a estas alturas si todos podrán ejercer su derecho a votar sin problemas. Pero sí sabemos que, como votantes, nos haremos ver. Nos encontraremos el domingo todos aquellos que pensamos que el futuro de Cataluña debe estar en nuestras manos, lo imaginemos como lo imaginemos.
4. Espíritu democrático catalán: Siempre. Vale la pena recordar que este es un pueblo de tradición democrática que fue capaz incluso, en otras circunstancias, de hacer procesos participativos cuando nadie hablaba de ellos. Recordemos como cuando en agosto del 31, las catalanas no tenían reconocido su derecho a votar, se organizó un proceso de recogida de firmas para apoyar el Estatuto de Núria.
595.205 votos a favor (un 99% del censo) y 400.000 firmas de adhesión al Estatuto. Junto a un referéndum, de hecho, no constitucional, ya que no había constitución republicana que lo avalara (que se promulgó en diciembre del 31) un proceso participativo ‘avant la lettre’, para, en definitiva, ejercer el derecho a decidir y expresar la voluntad política del pueblo catalán. Yo también votaré por ellas.
TRIBUNA CATALANA






