Desde el ruedo ibérico, la vieja España de tronos, y no precisamente trascendida de puro idilio místico, la que nunca nos amó, nos pide que nos quedemos. Ahora, en el umbral de los divorcios.
¡Tantos siglos de trato infame, violencia exacerbada, permanentes infidelidades! No entienden que no soportemos más su desamor, sus humillaciones, que defendamos decididamente nuestra personalidad.
Y es que España nunca ama a “sus pueblos”. España impera…
El imperio de la ley que dicen… La ley que en Escocia apoya un referéndum, y que aquí condena una consulta o la palabra pacífica de la ciudadanía…
España, “es mucha España…” Pero hoy, ya –quizás no lo fue nunca-, ni grande, ni libre.
La que nunca quiso escuchar a los pueblos que oprimió con sus armas. Por eso se le fugaron todos, Cuba, Méjico, Filipinas… a puros gritos de sangre…
¿Y la unión Europea? Ahí está, con sus grandes veleidades, indecisiones, contradicciones .
Siempre al albur de su estricta conveniencia, o en su caso del criterio del gran hermano EEUU. Donde todas las fórmulas pueden ser válidas. Puede servir la simple decisión de una consulta: Estonia, Letonia, Lituania, Montenegro (cuando se integre). El producto de una confrontación bélica, Croacia, Eslovenia, Serbia y Bosnia –en proceso-. El simple acuerdo pacífico: Chequia y Eslovaquia…
Parece pues, que el barrizal europeo que nos prometen los españoles a vascos y catalanes, es puro enigma. Un barrizal que obedece –es lo que cabe deducir- más bien al interesado catastrofismo carpetovetónico y a su incontenible mala baba… ¡Esa si que hace lodo!
Pero hablemos del divorcio.
En principio hemos de aclarar, que no nos queremos divorciar ni de andaluces, ni de murcianos, ni siquiera de Gibraltareños. Queremos divorciamos de un centralismo ultranacionalista, agresivo, egoísta, asolador de culturas, lenguas, patrimonios…
“Argi eta garbi”, necesitamos urgentemente repudiar a un centralismo endiosado, ultracatólico, inquisitorial, irrespetuoso, desleal, felón…
Los navarros sabemos demasiado sobre felonías. Es larga la historia de las infidelidades de España con el viejo Reino. Incontables.
Miremos nuestra reciente historia. Un año había transcurrido desde aquel mejunje, mal llamado abrazo de Bergara. Un año fue suficiente para que el perjuro Duque de la Victoria, encumbrado a primer ministro, traicionara al pueblo navarro. Un año para tratar de abolir nuestro, tan modélico –así lo entendíamos- como venerado, sistema foral.
Ya eso de contigo hasta que la muerte nos separe… Milongas… Pérfida y caduca reminiscencia.
Que por fin, ni una mujer, es propiedad de su pareja, ni tiene que soportar sus desamores o sus atropellos. Y en el mismo sentido, ningún pueblo es propiedad de un estado. Mucho menos usurpado por el derecho de conquista.
Por eso nos parece un desatino esa, tan sinrazón como barbaridad, de que un murciano tenga que decidir en los destinos de un vasco o catalán.
De la misma forma me parecería descabellado como vasco, ciudadano y contribuyente de Vasconia, intervenir en la elección de un presidente Ceutí.
¿Que la constitución da la soberanía al pueblo español? ¿A qué constitución se refieren? A esa que cuando les interesa, en un simple amanecer, con nocturnidad y alevosía me la dejan travestida?
¿Una constitución elaborada por unos especímenes entre rancios y franquistas, a espalda del pueblo, bajo el acero cuartelero y el contumaz integrismo clerical?
Porque es difícil negar en que condiciones se parió la tal carta magna. Lo he leído por ahí: “Se trataba de una “Transición” que supuso, básicamente, el lavado de cara de todas las instituciones de la dictadura: Banca, ejército, policía (Brigada Político Social-Brigada de Información), prensa (J.L Cebrián RTVE-El País), tribunales (TOP-Audiencia Nacional), Iglesia Católica Apostólica Pederasta y Romana, políticos colaboracionistas (Fraga, Suárez) que en horas pasaron de fascistas a demócratas”.
¿Los que la votaron –mi no fue bien rabioso- tenían otra posibilidad? O esta constitución o la peste. Así fue, o al menos así lo percibí.
Bueno, pues estos mismos iluminados próceres y estas mismas fuerzas escatológicas y sus descendientes, son quienes hoy tratan de ahogar la voz de la ciudadanía… ¡Ya está bien!
No les ha bastado más de setenta años manejando el cotarro. va a costar arrojarles del feudo.
Y de eso se trata…¡Que sigan en su feudo, mientras su pueblo no se si estoica, como cazurros o resignados les sufra! Pero déjenos en paz a quienes tenemos otras perspectivas, otros proyectos…
No nos amen tanto, otórguennos la oportunidad de rehacer nuestras vidas como pueblo y de caminar por otros derroteros más libres. Por lo menos permítasenos intentarlo…
¿Quién sabe si en otros parámetros más oxigenados, menos corruptos y más solidarios volvemos a encontrarnos?
¿Quién sabe…?







