Los ayuntamientos entran en liza

La ola de mociones municipales para apoyar la consulta del 9-N está siendo, a nivel institucional, una repetición de la “V” de la Diada pero en forma de red. Si todo pasara como lo anticipa la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), un 70% de municipios, empezando por la capital, donde viven más de cinco millones de personas, deberían formar parte de esta red de seguridad, trenzada desde la base, para garantizar la éxito de la consulta. La cuestión no es menor, porque abarca un movimiento táctico, que significa la alianza entre pueblo e instituciones a todos los niveles; e implica, igualmente, una mirada estratégica, ya que permite tener confianza en la calidad democrática del futuro país independiente, premisa para abrir paso a las transformaciones necesarias para hacer una sociedad más libre, más justa y más igualitaria. Las votaciones, tanto en cuanto a la decisión de hacer el pleno como por los resultados del apoyo a la consulta, serán muy orientativas, porque proporcionarán datos de primera mano sobre la conciencia de la mayoría. También serán significativas para comprobar si las alianzas establecidas en el Parlamento tienen su correspondencia en los ayuntamientos, al tiempo que demuestran su capacidad de romper el frente de los que sólo esperan las señales del Gobierno de turno para sumarse al clamor popular por la consulta. En este sentido, la trama de votaciones municipales nos permitirá orientarnos, con gran rapidez, en torno a la conveniencia de hacer bloques, frentes, o alianzas por arriba, sin tener presente que está abajo, al nivel de la plaza de la villa, donde estos movimientos deben pasar la prueba de convencer a la gente, piedra de toque de toda decisión seriamente democrática.

Los analistas de la política, siempre preocupados por los protagonistas y las fuerzas que representan, suelen dejar de lado la corriente continua de actividad política, o de formación de conciencias, que representa el municipalismo, porque prefieren hacer conjeturas sobre cuestiones que, en última instancia, sólo pueden ser corroboradas por una voluntad popular que ellos prefieren ignorar, en beneficio de los titulares de los periódicos o de las opiniones de las tertulias. Pero, en esta trama sutil donde veremos articulados los intereses generales y los intereses locales, podremos discernir las líneas de fuerza que en los próximos meses señalarán el camino de nuestro futuro. Siempre habrá, por supuesto, quien niegue su valor, con las argucias típicas de la “democratitis” fulminante que ataca a ciertos concejales que se encuentran en una posición, digamos, delicada, por culpa de los aparatos del partido que representan: ¿ los ayuntamientos deben pronunciarse sobre asuntos que no son de su competencia?, se preguntarán los que no quieren que el Parlamento declare su voluntad soberana de poner en marcha una consulta, mientras aceptan que las decisiones últimas sobre nuestro futuro dependan del Gobierno español. La respuesta es obvia: allí donde hay gente, hay política, organizada en instituciones locales y nacionales, en asambleas de barrio o en encuentros vecinales, en charlas y coloquios, o en conversaciones de café. Cuando está en juego el futuro de un país, de unos Países, todos los espacios de debate son pocos para permitir que la gente se exprese, para saber con quién se cuenta, para tomar decisiones que conecten con el deseo de la mayoría. Y los ayuntamientos son un pilar fundamental. ¿Recuerdan las Consultas por la Independencia? ¿Saben desde donde se ha reunido la muchedumbre de la Diada? Pues eso.

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