El ministro Cristóbal Montoro compareció ayer por la mañana en el Congreso de los Diputados con la cabeza de Jordi Pujol en lo alto de una pica. La exhibió con euforia, mostrando la enorme importancia que el Gobierno de España concede al humillante final del hombre más importante del catalanismo desde Enric Prat de la Riba.
Movido por resortes que seguramente nos conducirían a sus simpatías juveniles por el trotskismo, Montoro explotó con delectación el más rotundo éxito de la policía fiscal española. No todos los días se puede salir en el telediario exhibiendo la cabeza de un burgués catalán, nacionalista y defraudador.
Llegó al Congreso con un discurso escrito. Escrito en su despacho, con guión acordado con Moncloa. ¿Redacción visada por el gabinete de Rajoy? La pregunta es pertinente, dado el tono con que fue leído y los comentarios que lo acompañaron.
Cristóbal Montoro Romero nació en un pueblo de la provincia de Jaén (Cambil, 1950), hijo de una familia de clase media que tuvo que emigrar a Madrid por dificultades económicas. Se hizo a sí mismo. Estudió duro, se esforzó, obtuvó el doctorado en económicas y una cátedra en Santander. En los noventa, cuando trabajaba para el Instituto de Empresa, José María Aznar le cooptó. Hace años que dejó de creer en la revolución permanente, pero conserva el sello de “lo social”, como se decía antes en España. Sus críticos en el PP le acusan de ser un “socialdemócrata camuflado”. En estos momentos se considera un vencedor estratégico. La economía se está recuperando y la UDEF ha conseguido cazar el degradante fraude a Hacienda de la familia Pujol. Un escándalo mayúsculo. Madrid huele que la victoria puede estar cerca. Montoro exhibió ayer en el telediario la cabeza del burgués que ha fabricado la matriz de la Catalunya soberanista.
El guión estaba acordado y fue interpretado con euforia. Hay ganas de humillar al adversario. Algunos dirigentes del PP hubiesen preferido una intervención más sobria en vísperas del Onze de Setembre. Pero el discurso del ministro desveló, por su contenido, un dato crucial. El Gobierno cree posible la implosión del soberanismo. Implosión, previo colapso del actual grupo dirigente de Convergència Democràtica de Catalunya. Al diputado Pere Macias le temblaba la voz en el turno de réplica.
Con su desbordante satisfacción, Montoro dio pistas inequívocas sobre la estrategia que en estos momentos se abre paso en el círculo gubernamental: explotar a fondo la brecha abierta, esperar la implosión del soberanismo y en el momento en que el radicalismo haga chup-chup, aguzar el oído y escuchar con atención cómo el empresariado -grande y pequeño- y el catalanismo moderado piden ayuda.
Montoro sólo cometió un desliz. En un momento dado, sosteniendo la cabeza cortada de Jordi Pujol, se refirió al tesorero encarcelado como “don Luis Bárcenas”. A la misma hora, Mariano Rajoy recibía en Moncloa al jefe de Gobierno de Andorra.
La Vanguardia








