Vergüenzas de Europa

Si la pasada legislatura del Parlamento Europeo representó una muestra del deterioro galopante del proyecto de integración, la que arrancará con la constitución de la cámara escogida este semana puede significar el naufragio de la UE.

 

Coincidiendo con la crisis económica y financiera que estalló en 2008, y en la que aún estamos inmersos, hemos asistido al espectáculo de constatar que las élites europeas han utilizado las instituciones de la Unión para usurpar los recursos que apuntalaban las políticas sociales. Los grandes poderes económicos se han refugiado en un marco continental de gobierno débil, incoherente, servil y con pocas estructuras de control democrático para exigir que las principales partidas de los presupuestos públicos estatales se destinen a mantener e incrementar sus beneficios a pesar de sus actuaciones especulativas e irresponsables. Bajo el pretexto de la austeridad, del control del déficit y de combate a la deuda no hay más que, como podría afirmar Karl Marx, el saqueo de las plusvalías generadas por las clases medias europeas desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. La UE se presenta como la principal garantía de paz en el marco de los Estados miembros pero, liquidada la amenaza que representaba la Unión Soviética desde 1989, el mérito de la ausencia de conflictos emerge como un chantaje del orden transeuropeo para perpetrar una depredación que ha llegado a su punto culminante en los últimos años. Los democristianos y la socialdemocracia, los dos pilares sobre los que se ha construido este orden, ahora se espantaron porque en algunos países puedan ganar los euroescépticos de ultraderecha o de extrema izquierda y vuelven a agitar el espantajo del “nosotros o el abismo” sin querer admitir que ellos son “el abismo”, los principales agentes del desastre, cómplices de un capital desbocado que ha campado a placer gracias a las reconsagrada libertades de la Unión y el mercado interior.

 

Pero tampoco se puede afirmar que la UE haya representado un liberalismo a ultranza. Al menos un sistema de libre competencia habría impuesto la expulsión del mercado de las entidades financieras que entraron en quiebra desde 2008. A través de las instituciones de la UE, en cambio, se ha fomentado su rescate a costa del contribuyente y a costa de la destrucción del modelo de bienestar europeo. En algunos casos, como en los de la Europa nórdica, severa y protestante, buena parte de los préstamos a las entidades temerarias han vuelto. En los lugares más acostumbrados a la impunidad de las élites extractivas como España, no. De los 100.000 millones de euros que ha recibido la banca española en las diversas oleadas de inyección de ayudas se calcula que sólo se devolverán unos 37.000 millones, el resto representan el particular sacrificio que la ciudadanía sufrida ha aportado a sostener el capitalismo europeo de casino del siglo XXI.

 

Para acabar de rematar la gestión infame que el sistema de la Unión ha ofrecido para superar la crisis económica los mandatos europeos que acaban este año tampoco han demostrado ningún tipo de competencia para perfilar una salida a la mayor crisis política que marcará el siguiente ciclo: la de las secesiones en Europa occidental. Las visiones enrocadas y burócratas procedentes de personajes como Barroso, Van Rompuy y Juncker permiten captar que no hay ninguna voluntad de defender procesos democráticos que apuesten por una nueva configuración territorial europea. No hay planes para asumir una declaración de independencia de Escocia o Cataluña, de la misma manera como tampoco hay planes para hacer frente a crisis de derechos y de democracia como las que se están viviendo ahora mismo en el corazón de la UE, como sucede en Hungría (con un trasfondo, asimismo, de disputas territoriales).

 

No hace falta ser un visionario para percibir la inminencia de los retos que pueden poner fin al equilibrio de poderes europeo forjado en el último medio siglo. Basta con encontrarse un poco cerca de la ciudadanía, lo que no sucede con la casta política que ha controlado las instituciones de la UE hasta ahora.

 

EL PUNT – AVUI