Batzarrak. Sistema jurídico político original

Batzarrak. Sistema jurídico político original. Relectura y actualización.

Respondiendo  a la amable invitación de los buenos amigos del grupo Arturo Campion en el presente texto, he querido resumir los puntos principales sobre una propuesta que estamos trabajado en Euskal Herria y que escrita en euskera se ha llevado ya a modo de taller-debate a varias localidades.

La pretensión es hacer una relectura sobre el hecho social, jurídico, cultural y político de un órgano de decisión asambleario del que se dotó Euskal Herria (el Pueblo Vasco) desde muy antiguo que permanece vivo, al menos de forma residual en algunas prácticas e instituciones de la actualidad. Ese órgano se ha conocido con el nombre de Batzarre.

El Batzarre es una asamblea ciudadana donde cada “fuego”, cada unidad familiar, tiene (tenía) representación directa y atiende a asuntos sociales y políticos que han ido variando a lo largo del tiempo. En la actualidad solo quedan unos “retales” de lo que fue ese tipo de sistema jurídico-político debido a la aparición de Estado-nación como entidad jurídica dominante. Sin embargo, hay pocos lugares en Europa donde aún queden vigentes organismos y tareas competenciales variadas como las que aún se atienden en ciertos lugares de Euskal Herria donde aún existen batzarres y concejos y sobre todo, porque las llamadas Juntas Generales y Diputaciones Forales “de los cuatro herrialdes (provincias o territorios) del sur de país, tienen competencias que correspondían a los antiguos batzarres comarcales o de valle.

Apunte antropológico

Jaques Berque: “Occidente deberá beber el porvenir más racional de sus fuentes más telúricas”.

Lo que hoy conocemos como Euskal Herria, Pueblo Vasco, Pays Basque son los descendientes de un pueblo prehistórico que ha habitado una parte concreta del planeta desde la más lejana antigüedad a la que se le han ido aportando sucesivamente influencias y población procedentes de diferentes lugares.

Este pueblo en su dilatada historia ha conocido diferentes procesos etnogenéticos que marcan un antes y un después entre grandes etapas culturales e históricas.

Siguiendo al antropólogo estadounidense de origen judio-alemán, Franz Boas, en cambio, podemos afirmar que cada gran cambio de época, como pudiera ser el paso de una sociedad cazadora-recolectora a una productiva; o como pudo ser el impacto de la llegada del Imperio Romano, ha podido ser reinterpretado con elementos autóctonos y foráneos que han dado como resultado un cambio sociocultural identificable como original respecto a las culturas del entorno vecino. Y hablamos de Boas, porque fue él el que acertadamente afirmó que una cultura indígena no se identifica por su aislamiento del entorno, sino por su capacidad de reinterpretar con métodos propios los cambios de su contexto climático, temporal, cultural o histórico. Así, afirmamos sin ningún complejo que la Euskal Herria actual es la heredera de un pueblo indígena europeo que ha habitado desde antiguo esta zona del planeta y que aún hoy, como pueblo vivo, diferenciado y activo puede hacer su propia aportación a la historia y puede encontrar su lugar en la era de la globalización.

Sociedades cazadoras reproductoras y sociedades productoras

Sabemos que sobre esta tierra durante la mayor parte del tiempo se practicó la caza-pesca y la recolección. Como todos los pueblos indígenas del planeta y como todos los pueblos prehistóricos en los que se diversificó el género humano, la caza, la pesca y la recolección han sido las formas de alimentar a una población que era escasa aún y que vivía en pequeños grupos organizados por el parentesco biológico o simbólico.

Esta forma de organización social no separa la economía de la sociedad porque son un todo, ya que como conocemos economía significa la gestión sostenible de unos medios escasos, en este caso la comida, el vestir, el hogar y el fuego.

En todos los casos recogidos por los estudios etnográficos nos encontramos con que las sociedades cazadoras-recolectoras son sociedades fragmentadas en pequeños grupos sin liderazgos permanentes y con sistemas más o menos asamblearios de toma de decisiones y resolución de conflictos. Del mismo modo, estas sociedades atienden lo económico como algo intrínsicamente unido a la sociedad y que tiene como fin la subsistencia del grupo. En este sentido, permítasenos mencionar a Aristóteles:

“a todo tipo de comunidad (koinonia) corresponde un tipo de buena conducta (philia) entre sus miembros que se manifiesta en formas de reciprocidad.”

Así, las sociedades organizadas de esta forma crean comunidades (koinonia) que entre ellos/as permanentemente interactúan por el método de la reciprocidad definido exhaustivamente por estudiosos ya clásicos como Marcel Mauss y  C.Lévi-Strauss, entre otras/os.

El paso a una sociedad productora puede significar un cambio total con ese modelo o puede significar una mera adecuación. En el caso de las civilizaciones hidráulicas definidas por K. Wittfogel, significó la creación de entidades centralizadas por el binomio palacio-templo. En la mayoría de los casos en cambio, el sistema social apenas  cambió o fueron evolucionando de una forma más gradual.

En el caso de Euskal Herria, como en el resto de extremo occidental de la Península Europea, en cambio, en el paso de la sociedad recolectora-cazadora a la productiva, aparentemente tuvo mayor importancia la cría y el cuidado de ganado que la agricultura. Por ello, el sistema social propio de las culturas cazadoras-recolectoras no tuvo por qué variar de forma radical, ya que el pastoreo de diversos animales, aun necesitando un control mayor del territorio y permitir atender a la explosión demográfica (factor determinantes muchas veces del cambio social), se puede organizar por medio de bandas familiares ampliadas, que no serían sino la adecuación del modelo cazador-recolector a un medio en el cual hay más humanos con los que repartir el espacio y los medios de supervivencia.

El aumento de población causa y efecto, a la vez, de la mejor explotación de las proteínas animales, debió significar un mayor esfuerzo en la relación con las bandas vecinas, lo que pudo provocar la necesidad de crear confederaciones más allá de la estricta banda de parientes de las familias extensas. En los lugares que por orografía y climatología el pastoreo de animales es más efectivo (por menos trabajo para producir) que la agricultura, sistemáticamente los grupos humanos a lo largo del planeta se inclinan por este medio de vida. Esta es la forma principal que creemos adoptó el Pueblo Vasco de aquella época en la que ya no fue suficiente vivir de lo que se cazaba y se recolectaba.

También existió agricultura de antiguo. Cada vez están apareciendo más poblados de la Edad del Hierro con presencia de cultivo de pequeñas parcelas de cereal que se combinaban con la ganadería. Hay ya localizados más de cuatrocientos poblamientos amurallados de hace 2.800 años a lo largo de nuestra geografía. Una densidad que nos permite afirmar que para la Edad Del Hierro en Euskal Herria hay una profusa ocupación del territorio, una demografía amplia, formas de producción variadas y una sociedad compleja en la que tuvo que establecerse mecanismos de integración jurídica, seguramente en forma de coaliciones y confederaciones descentralizadas que regularan el uso de la tierra y los pastos con vistas a evitar enfrentamientos endémicos.

Antes de Roma

Resultaría muy interesante conocer mejor el tipo de sistema sociocultural y político del que se había dotado el Pueblo Vasco antes de la llegada del pueblo genocida por antonomasia de la Historia Antigua del Occidente europeo: Roma.

Las fuentes de la historiografía oficial poco nos han aportado hasta ahora. Poco nos pueden decir un puñado de menciones de escritores romanos, ni la arqueología oficial  que se centró en búsqueda de monedas, de villas romanas, mosaicos… El mundo de lo vasco preexistente a Roma, que convivió con Roma y que perduró a Roma, no puede aparecer sino difuminado en una historiografía que buscaba en lo romano el “sumun” de la perfección, el modelo civilizador de Occidente.

Intentar una aproximación al conocimiento de los que fue Euskal Herria anterior a Roma necesita no sólo de otros métodos historiográficos, necesita de otro paradigma global, multidisciplinar y crítico. La nueva arqueología social, la lingüística, la etnografía comparada, la sociología, la ecología… varias disciplinas usadas de forma entrelazada, nos pueden permitir una mayor aproximación a un escenario pasado difícil de reconstruir.

No podemos sino que reconocer desde ya nuestras limitaciones y exponer que las tesis que planteamos en este trabajo son una interpretación en construcción. Una interpretación subjetiva e interesada en remarcar aquellos aspectos que nos llaman más la atención y que nos pueden valer para la construcción del futuro inmediato.

De un, reconocemos humilde, análisis multidisciplinar, nos atrevemos a decir que el panorama social, jurídico y político ante el que se encontraron las legiones de Roma en Aquitania y al sur del Pirineo en el solar vasco, sería muy similar al que describe Ted C. Lewelleni (Antropología política. Edición Bellaterra. 2000) referido a las poblaciones africanas dedicadas al pastoreo, la caza y la recolección-producción limitada de cereales y hortalizas. Este en concreto:

“En la mayoría de los sistemas tradicionales, el poder es temporal y fragmentario, y está repartido entre familias, bandas, linajes y varias asociaciones. (…) a veces por temporadas se unen para formar unidades más extensas (…) lo político es algo constante en esas sociedades (…) Nunca se manifiesta a través del monopolio de la fuerza coercitiva ni a través de ninguna forma de sistema económico centralizado en impuestos y tributos (…). Parecen más democráticos en aspectos como la toma de decisiones y el acceso al liderazgo”

Así, opinamos que este sería el tipo de organización con la que se topó Roma y que a sus ojos debía ser clasificado en las ya muy conocidas “tribus”: vascones, aquitanos, várdulos, caristios, autrigones…

Rechazamos el esquema evolucionista y eurocéntrico popularizado por R. Servicek (Primitive Social Organization: An Evolutionary Perpective 1962) que se ha interpretado como una evolución lineal de lo simple a lo complejo en que separa el tipo de organización sociopolítica de los pueblos en cuatro estadios: banda, tribu, jefatura, estado.

Por el contrario opinamos que todo tipo de organización social humana es de tipo complejo y está preparada para responder a todas las necesidades sociales, biológicas, materiales, psicológicas y jurídicas que la convivencia entre sujetos diferentes puede producir. Por esto, en concreto y por otros motivos, nos parece muy interesante hacer partir el presente análisis desde este momento histórico anterior a Roma.

Por lo que parece, las denominadas por Roma tribus responden mejor a una realidad sociocultural que entienda estos conglomerados humanos como confederaciones de entidades más pequeñas organizadas a lo largo de los valles y ocupando diversos nichos ecológicos para asegurar la supervivencia del grupo.

No nos ha llegado en las citas históricas romanas más que unos pocos nombres y no es de extrañar, no solo por el tiempo transcurrido y sin duda por la falta de interés del ocupante, sino sobre todo porque seguramente en ese momento ninguna pluma romana era capaz de aproximarse para entender el tipo de sociedad con la que se topaba. Como tampoco casi ningún historiador europeo ha podido escapar de su etnocentrismo a la hora de aproximarse a la interpretación sociocultural de los pueblos con los que ha ido topándose, cuando no masacrado.

Vasconia y el reino Navarra

“Los gobernantes arbitrarios a lo largo de la historia han destrozado el bienestar de sus súbditos por lo que ellos consideraban honor y gloria.” (Isaac Asmov, La Fundación)

Como hemos comentado más arriba, se han producido cambios en Euskal Herria de calibre tal que podríamos llamar etnogenéticos, donde los cambios socioculturales, políticos, económicos y climáticos producían una adecuación al nuevo entorno que aportaba elementos de ruptura y continuidad con el pasado. El contacto con Roma y su posterior desaparición como entidad política dominadora de Europa y el norte de África produciría sin duda enormes cambios en el solar vasco.

En tiempos de Diocleciano (285-305), ya se establecen tropas de “limes”, defensivas respecto a los vascones en el sur y se separan las tribus aquitanas de las galas en el norte. Aparentemente se fue produciendo una reindigenización (como estaba ocurriendo en otros lugares del Imperio) del espacio entre el Garona y el Ebro con elementos autóctonos y sincréticos, de los que sin duda tuvo que tener un papel destacado la existencia de un idioma común, el euskera, que podría haber salido reforzado como instrumento de comunicación intertribal con los prestamos lingüísticos obtenidos del latín.

De hecho, desde esa época para todos los autores que dieron testimonio escrito: romanos, francos, godos y musulmanes, se habló ya solo de un mismo pueblo: Vasconia.

Nos es especialmente convincente la explicación de nuestro amigo Jon Nicolás López de Ituño, en la que habla de “vascones” como la interpretación en lengua romance del étimo “basokoak” que tal vez oirían a los/as pobladores bilingües o multilingües del “Ager vasconum” referido a sus hermanos/as el “Saltus vascomun”.

Roma se había ya encontrado con un pueblo organizado en una sociedad compleja que ya había desarrollado formas propias de urbanismo en al menos 30 núcleos calificables de “ciudades”. En algún momento las asambleas de las diversas confederaciones establecieron formas de coordinación que consiguieron hacer un marco geográfico estable capaz de organizarse, nada menos que ante las incursiones de francos y visigodos.

Las dos Vasconias, las de los dos lados de los Pirineos consiguen existir como marcos jurídicos diferenciados de los reinos visigodo y franco. Y por lo que parece consiguen mantener formas propias o reinventadas de sus órganos institucionales de organización social, económica y política. Aún Euskal Herria no es cristiana y aún en el solar vasco, el idioma abrumadoramente mayoritario es el euskera de la época.

Nos atrevemos a afirmar que el derecho consuetudinario que en forma residual ahora pervive en el régimen jurídico foral en Euskal Herria sur y en ciertas atribuciones municipales en Euskal Herria norte, tuvo su regulación en esta época remota previa a la configuración de los Estados medievales y que a su vez bebía de formas de organización tribal mucho más remotas correspondientes a un pueblo con su propia cosmología, cultura y lengua, que le daban la capacidad de poder reinterpretar su mundo ante los cambios que se fueron sucediendo con el paso de los tiempos.

Así, creemos que los Batzarres son la expresión institucional de ese mundo indígena reinventado a sí mismo en varias ocasiones, y que es muy probable que con ese mismo nombre o alguno equivalente los diversos grupos unidos en la entidad que los extranjeros llamaron Vasconia formaron una confederación independiente del mundo guerrero, germano cristianizado, que se estaba apoderando de Europa.

Los primeros reyes de Iruñea (Pamplona) no adoptan formas cristianas, ni romanas, ni germanas de poder. Tras la ruptura con sus parientes Banu Qasi, es cuando la Casa Jimena (la que sigue a la de los Aritza) empieza a emular a sus vecinos cristianos sobre un territorio y una población aun por cristianizar totalmente.

Es el famoso Sancho el Mayor, a inicios del segundo milenio de nuestra era, el que abraza con entusiasmo la formas carolingias y cristianas de justificación del poder real, atrayendo a población foránea romanzada (romanzada: que usan lenguas romances o latín, muchos de ellos gascones, étnicamente del mismo tronco que los vascones) y a monjes del Cluny que se caracterizaron por ser agentes al servicio de las monarquías, del poder temporal del Papa y del feudalismo. Hay que esperar siglo y medio más, hasta Sancho el Sabio, en concreto hacia 1154, para ver por escrito que los señores de Pamplona, empiecen a denominarse reyes de Navarra. En un contexto del que no es ajena la rivalidad con Alfonso VII de León y Castilla (tataranieto de Sancho de Mayor) que compitiendo por la Vasconia occidental, también había iniciado un proceso de centralización del poder.

Sancho el Sabio se diferencia como rey de los reyes de aragoneses. Era nieto del mercenario castellano, El Cid campeador, enemigo de sus predecesores en el trono de Pamplona. Difícilmente se puede hablar de Sancho el Sabio como un rey vascón. De hecho, el mismo término rey “rex” es ajeno a la cultura vasca y corresponde a un término etrusco, importado por Roma en la antigüedad y exportado a todo Europa principalmente por la idea de cristiandad.

Pese a que nos gustaría decir lo contrario, y pese a lo que en la última década está defendiendo una nueva historiografía navarrista progresista felizmente antiespañola, desde muy tempranamente poco diferencian a los reyes de Navarra en actitudes, ideología y mundo mental de los demás reyes vecinos que además eran sus parientes.

Como todos los reyes coetáneos y como la mayoría de los nobles que funcionaban según los criterios medievales de la época, los reyes navarros basan su acción política en su lucro personal, en la acumulación del poder y en intentar hacer perdurar su estirpe valiéndose de cualquier método. Ningún rey dudó, si la relación de fuerzas se lo permitía, en violentar el sistema jurídico. Toda la Edad Media europea, también en Euskal Herria, es una pelea entre quienes defienden el derecho consuetudinario y quienes se apoyaron en el derecho canónico, el romano y el germano para centralizar el poder, imponer tributos, privatizar la tierra y justificar el uso de la violencia.

Sancho Ramirez de Aragón y Pamplona inició la concesión (en Jaca 1077) de fueros a la población procedente del otro lado de los Pirineos (gascones, normandos, champagneses…) y de hecho él y sus sucesores favorecieron a esta población romanzada frente a la vascófona. Es conocido que los “francos” de estas poblaciones tenían monopolios en muchos productos de comercio, exenciones en impuestos, derechos en inmuebles… mientras los vascones (habitantes de las navarrerías) del medio urbano debían pagar impuestos. Los monarcas debían violentar el derecho consuetudinario para tener súbditos para el comercio y para la guerra y fueron estos fueros uno de los métodos para obtenerlos.

Aragón y Pamplona compartieron varias veces rey. En Aragón con el tiempo, la nobleza se apoderó del derecho consuetudinario para asegurar sus privilegios respecto a los campesinos/as y respecto al rey. Algo que consiguieron blindar jurídicamente en 1287, con los llamados “Privilegios de la Unión”. En los territorios de lengua vasca: Navarra, Baja Navarra, Gipuzkoa, Araba y Bizkaia, el proceso fue distinto. Con la llegada de Teobaldo (unas  décadas  antes de los acontecimientos en Aragón), la firma del fuero, sin embargo no acarreó la perdida de derechos para la población común. O al menos, no más de los que ya les habían arrebatado por la fuerza reyes y los señores de la guerra. En las tierras conquistadas al oeste por los reyes castellanos, no se impuso el derecho feudal ni el romano.

Al contrario que en León o en Cataluña, en Euskal Herria la población campesina no perdió de manera generalizada la libertad jurídica. Todos aquellos valles que mantuvieron su organización originaria mantuvieron una serie de derechos individuales y colectivos que los defendían de las miserias del sistema feudal europeo. Afortunadamente está recogido que numeroso valles del territorio vasco mantuvieron sus batzarres como órgano rector de la vida comunitaria a pesar de todos los acontecimientos violentos.

Un escenario complejo, realidades jurídicas en conflicto

Rouseau: “en una sociedad civilizada no debería haber excusa para el único crimen verdaderamente inexplicable que consiste en creerse eterna o temporalmente superior y en tratar a los humanos como objetos: ya sea en nombre de la raza, la cultura, la conquista, la misión o simplemente en nombre de lo que es útil”.

Como hoy, como siempre, no solo había una realidad. Había diversos modelos coexistentes en conflicto. Lo mismo que hoy en día en Euskal Herria hay realidades sociales y políticas diferentes en relación conflictiva, en esa época en la que los Estados medievales iban prefigurado los futuros Estados nacionales, habían realidades coetáneas en relación dinámica y conflictiva.

Había un mundo procedente del trasfondo indígena vasco, ahora organizado en comunidades campesinas, pastoriles y también en las ciudades intramuros. Un mundo que mantuvo los derechos individuales y colectivos de una comunidad tribal que garantizaba la igualdad entre sus medios y la pervivencia simbólica, cultural y material del grupo. En este mundo los individuos respondían a las normas de comportamiento reguladas desde antiguo en el derecho consuetudinario que algunos llaman “derecho pirenaico”. Su lugar de reunión, de decisión, de resolución de conflictos: el batzarre, tanto en el entorno rural, como en el urbano donde se mantuvieron asambleas populares de vecinos que de hecho formaban una especie de república. (Recogido literalmente “republica” en textos hasta el siglo XVI).

Otro mundo era el dominado por las formas judeocristianas de poder y de representación del mundo. El sistema jurídico heredero del derecho romano y del judaísmo: patriarcal, jerarquizado, guerrero, individualista.

Y un tercero, el germano, el que apoyado en la super estructura romano-cristiana, quiso imponer la fuerza como generador de derecho. La conquista como generador de poder y que dividía la sociedad en los tres estamentos del mundo feudal: los que pelean, los que rezan y los que trabajan.

Como en el resto de Europa estos tres mundos, al que hay que añadir el poco estudiado pero muy influyente mundo islámico, combatían para imponerse como formas de gobernar a las personas. En prácticamente toda Europa occidental se impuso esa combinación del judeocristianismo y la militarización germánica; en Euskal Herria la persistencia de elementos diferenciados que mantuvieron su propia manera del ver el mundo, sin duda, teniendo en el euskera uno de esos instrumentos principales para hacer una interpretación propia de los acontecimientos, la contienda dio otro resultado. Porque de hecho, aún hoy no ha terminado.

Tiene también especial interés analizar el hecho de lo que fueron los “Ahaide Nagusiak” (los parientes mayores de la Edad Media vasca). Por el admirado catedrático emérito J.L. Orella Unzue sabemos que aun en épocas tan recientes como en el siglo XVI (contemporáneo de un mismo fenómeno similar en Irlanda y Escocia) persistía la organización gentilicia en torno a los Ahaide Nagusiak que funcionaban con un código de conducta y bajo un régimen jurídico diferenciado de los que ya para entonces se denominaban Diputaciones. Diferenciado hasta tal punto en el que en vísperas de la conquista de lo que quedaba del reino de Navarra en 1512, la asamblea de Ahaide Nagusiak de Gipuzkoa era independiente de la Diputación. La Diputación envió tropas a la conquista fraticida. Los Ahaide Nagusiak no.

Evidentemente que no reivindicamos la figura de los “Ahaide Nagusiak”. Desde el siglo XIV, las sociedades del occidente europeo a falta de tierras que conquistar a los musulmanes y ante la pérdida de prestigio de la antigua nobleza militar, sufre un proceso de aristocratización tardía, que probablemente es uno de los factores para atender el fenómeno extemporáneo de los Ahaide Nagusiak. Toda aristocracia es contradictoria con las formas horizontales e igualitaristas de organización social. Así que, en ese aspecto, no nos interesa como referente esta clase social que mantuvo en su poder el derecho a portar armas a pesar de la existencia de reyes, Cortes y Diputaciones y que seguramente también violentó el derecho consuetudinario y aplicó el mayorazgo para enriquecerse y usurpar tierras comunales. Sin embargo, si duda también hubo otros factores, de ahí que fueran coetáneos fenómenos similares en el área atlántica europea, Irlanda y Escocia como hemos indicado y que posiblemente tiene que ver en parte con la realidad jurídica autóctona de Euskal Herria.

Esos otros aspectos sí son más interesantes, porque se mantuvieran en época tan tardía agrupaciones gentilicias con derecho a portar armas, con alianzas y códigos de comportamiento basados en los lazos de consaguinidad, también ponían en cuestión el proceso de centralización política de los monarcas y su intento de apropiarse del monopolio del uso de la violencia “legal”.

Competencias de los Batzarres; el Batzar como organismo soberano originario y superior.

Como decíamos, en aquellos lugares donde el derecho romano no se pudo imponer, en los batzarres se reunían los representantes de las familias (sua, cada fuego, cada hogar). Los representantes de cada unidad familiar amplia, la familia amplia propia de estas latitudes y de aquellas épocas.

En esos lugares los reyes no pudieron imponer su sistema jurídico, entre otras cuestiones por que no se produjo una usurpación de la soberanía popular originaria y creadora de derecho.

El derecho consuetudinario se basa en hacer ley de la costumbre. Una costumbre que por resultado de la interacción continuada de las personas en un mismo espacio y bajo unos mismos valores culturales y métodos de gestión de los recursos materiales y simbólicos se regula como ley escrita o no, porque tales costumbres han asegurado la pervivencia del grupo y la convivencia pacífica intragrupal.

Sabemos que los batzarres (incluso hasta el siglo XIX) tenían competencias políticas, sociales, económicas, judiciales, defensivas y religiosas. Procedentes del derecho consuetudinario, como era lógico, mantuvieron todas aquellas atribuciones que la Iglesia y el Estado han querido monopolizar. La población se resistió mientras pudo a que le quietaran el control sobre su vida, un control que se les hacía más posible mantener a través de estos órganos paritarios.

Perder las atribuciones del Batzarre significaba pasar a ser dependientes de órganos supravecinales, pagar impuestos, trabajar para otros, tener que ir a guerras ajenas… Por ello, no es de extrañar que en todos aquellos lugares donde la comunidad permaneció fuerte como para responder a los intentos centralizadores de obispos, reyes y nobles, el Batzarre sobrevivió.

Las personas que se autodefinían como reyes, condes, señores o duques, ya sea de Castilla, Bizkaia, Gascuña, Navarra o Aragón, sabían que el derecho asistía a las poblaciones originarias. Sabían que si no era por la fuerza, las comunidades no iban a admitir su jurisdicción sobre su tierra ni sobre sus personas. Allí donde había fuerza suficiente, o allí donde los reyes necesitaban de reservas demográficas, reservas de carnes, madera, etc, el rey negociaba, se atribuía un título, pero el régimen jurídico no variaba. (Casos muy interesantes, por ejemplo en Baztan y El Roncal).

Por ello, afirmamos que el Batzarre es el órgano originario soberano del que se dotó la población vasca desde la antigüedad y que todos aquellos que trataron de soliviantar ese derecho se valieron de modelos jurídicos jerarquizados, centralizadores y ajenos a las costumbres de Euskal Herria.

El batzarre es en origen un órgano jurídico superior a cualquier entidad política posterior. De ellos dependían los temas sociales, penales, económicos, de defensa y culturales. Y otro muy importante, el de decidir quién era parte de la comunidad, porque pasar a ser parte de la comunidad era una decisión que afectaba a todo el grupo, acarreaba deberes, pero donaba un paquete de derechos que aseguraban al admitido la protección del grupo y de las leyes para su supervivencia.

Históricamente, en Euskal Herria, es el acceso a la “vecindad” la que ha acarreado la admisión de todos los derechos correspondientes, algo muy interesante en nuestro contexto, donde los Estados ocupantes de Euskal Herria se han apropiado de la posibilidad de dotar o denegar la “nacionalidad” a las personas, a la vez que conculcando nuestros derechos, nos prohíben adquirir la propia. El modelo de los batzarres puede permitir responder con justicia y solidaridad ante las personas que huyendo de la miseria, o por otras necesidades, han venido a compartir su vida con nosotras/os.

Batzarra como asamblea del pueblo, no asamblea de guerreros

Muchas de las asambleas políticas que se han conocido en Europa proceden de las asambleas de guerreros, esto es, de las asambleas más o menos horizontales de las personas con capacidad de usar las armas, en defensa o en ataque. En casos como el castellano, solo podían tener representación política en villas los hombres con capacidad de dotarse de un caballo de batalla.

Sin embargo, en muchas culturas y en la vasca también, las asambleas (los Batzarres) que regulaban la vida social de la comunidad son la representación directa de la comunidad de mujeres y hombres en una asamblea horizontal en la que cada familia (cada fuego) tenía su representación paritaria. Además, no se trataban de asambleas de guerreros. Muy al contrario, el Batzarre es la colectividad organizada para la resolución pacífica de los conflictos.  Fue común a toda la zona donde existió el llamado derecho pirenaico que la llamada a armas solo se podía hacer en defensa del territorio propio.

Los batzarres estaban formados por los representantes de las familias de un territorio cercano, el valle normalmente. Un espacio cercano donde se desarrollan las llamadas red íntima y red eficaces analizadas en sociología y antropología. Muchos de ellos emparentados de forma biológica o simbólica. Personas y familias que interactúan continuamente y que viven con un horizonte de seguir compartiendo vida, recursos y territorio con las generaciones por llegar. Desde esa perspectiva, la resolución pacífica de conflictos es una necesidad primordial para el grupo.

Está perfectamente recogido, y aún se aplica en el ámbito local en numerosas localidades, que uno de los fines del batzarre es poner límites a la ambición de una familia concreta por medio de la negociación en el uso de las tierras, bosques y pastos comunales.

En una sociedad precapitalista la economía no está separada de la sociedad y en el régimen jurídico, cultural, socioeconómico y político que representan los batzarres se evidencia la indisolubilidad de la sociedad de lo económico. Los batzarres cuidan por mantener el equilibrio entre las familias de la siguiente manera: permitiendo la propiedad privada de un espacio intimo concreto: la casa, el huerto, algunos animales; y regulando el uso y propiedad colectiva de pastos, tierras, bosques y algunos ganados. De esta manera se asegura tanto la autonomía familiar como la interdependencia a través de dispositivos económicos y sociales que obligan a la negociación y al respecto de los pactos. Si por necesidad una familia pide más ganado y con ello más pastos de las tierras comunales, debe ser explicado y aprobado por la asamblea. Recordemos que “rico” en euskera se dice “aberatsa” (abere animal; hatsa: aliento, olor). Como en muchas otras culturas agropecuarias, la riqueza se medía por las cabezas de ganado. Controlar que una familia no pida más allá de sus necesidades, equivale a pasar a la asamblea vecinal la regulación del sistema socioeconómico y a que se vigila posibles desequilibrios.

Aún hoy es identificable en los valores culturales de la sociedad vasca y en muchas de las prácticas de nuestras gentes, ese doble hecho aparentemente contradictorio y realmente complementario de mantener un espacio privado autosuficiente y transferible intergeneracionalmente, con otro público necesario, transferible colectivamente. En definitiva combinación satisfactoria de soberanía personal y soberanía popular. Combinación sabia que como todo sistema de organización social pretende responder a las necesidades biopsicosocioculturales de ese animal complejo que llamamos humano.

Batzarra asamblea de vecinos, materialismo cultural

Como comentábamos, el batzarre es una asamblea de vecinos construida desde la igualdad y para la igualdad de derechos entre sus miembros. Nos parece interesante interpretar el porqué de su existencia desde la óptica del materialismo cultural iniciada por el celebre M. Harris.

El ya clásico materialismo histórico se ha ido enriqueciendo con aportaciones que analizan lo humano desde una perspectiva multidisciplinar que atiende a todo lo humano de forma más holística, integral y compleja. Heredero del materialismo histórico, pero aplicado al hecho social y cultural, en este caso el materialismo cultural, nos sirve especialmente bien para analizar el porque de los entresijos del sistema organizado en torno a los batzarres.

Como hemos dicho, en el batzarre hay una igualdad de voto en las familias. No hay diferencia jurídica entre personas que son libres y que tienen igualdad de derechos y de deberes. El batzarre vela porque no se quiebre esa igualdad y vela porque la comunidad tenga aseguradas sus necesidades materiales por medio de las propiedades colectivas.

Es común a muchas culturas el utilizar el árbol como lugar de reunión. En Euskal Herria, robles, nogales y otros árboles de fruto de otoño fueron los lugares escogidos para las reuniones y con ello, lugares en el que se daba carga simbólica a un elemento de la naturaleza, transgeneracional, trascendente a la etapa vital del individuo y que era necesario para subsistencia del grupo.

En los lugares donde nació una sistema social jerarquizado y centralizado, el poder sacralizado se hizo con las reservas colectivas. Las reservas colectivas son necesarias para tiempos de penurias. El binomio templo-palacio en Mesopotamia, el faraón en Egipto, el panhelénico santuario de Elfos, el templo de Saturno en Roma… Los fondos de reserva y fondos ceremoniales de las sociedades campesinas y pastoriles eran atesorados por los poderes estatales a fin de conseguir la dependencia de las personas, personas a las que se tratará de súbditos y sobre los que pronto se impondría el derecho a decidir sobre su vida y su muerte a través de un código penal que sustituyó los códigos tribales.

En Euskal Herria, cada familia dispuso de un fondo de reserva y ceremonial propio gracias a sus pequeñas propiedades privadas intransferibles y no sujetas a venta. La tierra no se podía partir, ni vender, algo muy propio de las culturas indígenas que no entienden la mercatarización de  la tierra (teóricamente  al  menos). Y por medio del Batzarre se tuvo socializado el fondo de  reserva que no era otro que el bosque y los pastos de verano.

Sacralizar el árbol y el bosque tiene sentido práctico. Al contrario de lo que ha querido transmitir el eurocentrismo filocapitalista afectado del mito-enfermedad del “crecimiento permanente”. Las sociedades indígenas y campesinas de cualquier época y de cualquier latitud, son sociedades prácticas, racionales y afectivas. Sacralizar el árbol colocándolo en el centro de lugar donde se deciden las cuestiones importantes que atienden al grupo es una decisión de lógica aplastante.

En los lugares, como Euskal Herria, donde hay verano e invierno bien definidos, el invierno es el tiempo de escasez. Los árboles de frutos de otoño almacenables representan el fondo de reserva para el siempre difícil y largo invierno. Donde no hay nada que recolectar, la caza disminuye, se multiplican las enfermedades y es necesaria la ingesta mayor de alimentos al calor del hogar.

El bosque daba tres productos imprescindibles para la vida: fruto almacenable rico en proteínas, madera para construir y fuego para calentarse y cocinar. Como hemos dicho, es cada” fuego” el representado en la asamblea. De esta manera, los bienes necesarios para la vida individual y colectiva era de propiedad colectiva, estaban socializados y cuidados por el grupo.

Batzarres hoy y para el futuro, convivencia y economía social

Hacer un análisis retrospectivo siempre tiene su interés. Como decimos en euskera: “ izan zirelako, gara, garelako izango dira” (porque fueron, somos, porque somos serán). Somos pasado, presente y futuro a la vez, como colectivo y como persona. De la misma manera que somos, individuo, grupo y especie a la vez. Pero nos parece más interesante en análisis retrospectivo que esté dirigido a la sociedad del presente y preparando la sociedad del futuro.

Por eso, confesábamos al principio que hacemos una lectura subjetiva del pasado. Porque queremos hacer mayor hincapié en esos aspectos originales y más interesantes del pasado para la Euskal Herria de hoy y del futuro inmediato. Una Euskal Herria que permanece dividida  territorialmente y sometida a dos Estados extranjeros.

Hoy la sociedad de Euskal Herria, no es una sociedad rural. Somos un pueblo instalado en Europa occidental profusamente urbanizado. Ahora las personas nacen en un lugar concreto, pero con una esperanza de vida alta y en una sociedad vertiginosamente cambiante, vivimos varias vidas en una misma vida. Somos locales, somos globales, somos mixtos.

Los batzarres juntaban a personas que convivía un mismo espacio cercano, cotidiano, transgeneracional. Personas que además de forma simbólica o biológica eran parientes y que como tales se trataban, aunque como en toda sociedad humana, tendieran a la creación de antagonismos que son intrínsecos al hecho social.

Hoy en cambio, la mayor complejidad, la mayor pluralidad, se da precisamente en lo local. Es más común que las personas busquen afinidades a través de las redes exteriores de intereses, aficiones, gustos, ideologías, costumbres, que en el barrio donde el vecino es el “otro” sartriano. La individualización producida por el capitalismo, o por el Estado, ha roto las otras redes de solidaridad para hacernos dependientes de ellos.

Sin embargo, lo mismo que somos algo globales, también somos siempre algo locales. Y es en el marco más cercano geográfico y vital donde podemos volver a tejer los lazos de solidaridad que crean la colectividad.

Esos lazos de colectividad se están volviendo a sentir ahora como necesarios, ante la aculturalización que puede producir los fenómenos comerciales de la globalización. Esos lazos también se ven ahora necesarios cuando han caído los referentes colectivizantes del siglo XX y cuando el capitalismo financiero se apodera de las propiedades, del tiempo y del futuro de las gentes.

Los batzarres vascos respondían desde lo local a las necesidades materiales y sociales de las personas. Los batzarres de hoy, en un marco más complejo y más variable, pueden ser los lugares de resocialización, de creación de comunidad y que como aquellos, sean el lugar donde se atiendan esas mismas necesidades que tenían las gentes del pasado, que son, en el fondo, las mismas que los humanos de hoy.

El batzarre ofrece mecanismos de socialización. Mecanismos para integrar a diferentes en una misma colectividad, a los que nacieron aquí, a los que vinieron, a los que vendrán. Ofrece una resocialización de la economía y la posibilidad de hacer una democracia participativa y radical donde las decisiones que nos afecten puedan ser tomadas lo más cerca posible de las personas sobre las que tienen efecto.

El batzarre como organización básica del sistema institucional soberano vasco es el que mejor pude responder a los valores culturales que queremos transmitir y a la realidad social plural que va ser característica permanente en el futuro.

La Euskal Herria independiente y confederal

Toda sociedad compleja dotada de Estado tiene componentes dialógicos de jerarquía, polijerarquía y anarquía y también de centrismo, policentrismo y acentrismo. (Edgar Morin Metodo V, pag 221 )

La forma de organización originaria del pueblo vasco fue una red de asambleas de valle. Una red que persistió y que tuvo también formas urbanas en forma de asambleas de vecinos a modo de repúblicas.

El modelo centralista nunca ha sido el modelo propio de Euskal Herria. Nunca hubo una capital, porque el derecho pirenaico no nace de la expansión de derechos de una ciudad-Estado, ni las cortes, diputaciones y demás instituciones tuvieron un lugar único de reunión que creara espacios centro-periferia. Las cortes navarras y el propio rey se movían, la llamada a juntas se hacía de forma rotativa. Sólo cuando las confederaciones de valle que funcionaban exclusivamente por medio de la expresión oral empiezan a usar el medio escrito, se van convirtiendo en usuales unos mismos lugares de reunión, como fueron Gernika en Bizkaia y Uztaritz en Lapurdi, pero en ningún momento se puede hablar de “capital”. La tendencia a centralizar el poder y los servicios en una ciudad en Euskal Herria es posterior a la revolución francesa, una revolución centralista.

La importación de modelos jacobinos para el proceso de reconstrucción nacional y social de Euskal Herria como república independiente es contrario a un modelo horizontal que resulta más satisfactorio y más apropiado a nuestros modelos culturales y de comportamiento. La creación de espacios centro-periferia lleva a modelos de ocupación del territorio, de oferta de servicios, de infraestructuras que no son compatibles con nuestra orografía ni con las necesidades sociales, culturales y ecológicas de la población. Copiar los modelos dominantes de los Estados-Nación de nuestro entorno es volver a repetir los errores del pasado. Los errores de aquellas personas, nobles y ricoshombres del pasado, depredadores financieros del presente, que copiaron modelos contrarios a un sistema que primaba las necesidades sociales a la avaricia personal.

Mecionábamos a Jaques Berque al principio de este texto: “Occidente deberá beber el porvenir más racional de sus fuentes más telúricas”. Acertada propuesta perfectamente aplicable a Euskal Herria, porque estamos en disposición de poder elegir un modelo propio racional que utilice todos los medios que nos dan las ciencias sociales, humanas y técnicas actuales con la herencia del último pueblo indígena de Europa occidental, para atender las necesidades materiales, psicológicas, sociales y culturales de los habitantes del país.

Inspirados/as  en una de las caras de nuestro pasado, para pisar suelo en el presente y poder volar hacia el futuro, nos parece viable hacer una reinvención del sistema político vasco basado en los batzarres, que hoy en día tendría sería un modelo municipalista de democracia radical y participativa, donde las comarcas fueran el marco autocentrado de la vida social, laboral, económica, asistencial, cultural y política de la población. En una Euskal Herria unificada en una república confederal de entidades comarcales (eskualdeak) unidas voluntariamente en un sistema siempre dinámico y conflictivo.

Euskal Herria permanece ocupada por dos de las potencias coloniales que quisieron controlar el mundo en el pasado. Somos uno de esos pueblos que aun no han escapado del sistema colonial y que permanecemos bajo jurisdicción extranjera, minorizados social y culturalmente, dependientes económicamente del nuevo poder internacional  financiero y sin resortes legales soberanos que nos permitan hacer nuestro propio modelo de producción y distribución justa de la riqueza. Y todo ello, ahora, en la era de la globalización con riesgo inminente de desaparecer como pueblo y cultura.

Sólo la soberanía y la independencia en términos del siglo XXI nos sirve para el presente y para el futuro. La viabilidad del proyecto independentista vasco necesita de la integridad territorial de todos los territorios.  Y el deber de no discriminar a nadie por razón de nacimiento nos obliga, afortunadamente, a no dejar a ninguna persona que quiera ser parte del sujeto de decisión vasco fuera del proceso de emancipación nacional. Con ello nos referimos evidentemente, a todas las personas que han venido a Euskal Herria de cualquier parte del mundo; a todas las personas que tuvieron que partir de aquí y forman la diáspora vasca; y a todas la personas que en un proceso dinámico quizás, queden momentáneamente en lo territorial en una zona donde sea imposible formar parte territorialmente de la república soberana independiente.

Creemos que Udalbiltza, única institución que puede actuar por encima de las divisiones administrativas impuestas por los Estados, puede ser el motor institucional de un proceso popular, participativo, pacífico hacia la soberanía, el cambio socioeconómico y la integridad territorial. En un proceso que tenga en la institución más cercana a la ciudadanía, el municipio y el batzar su marco estructuralizante.

GUREGANDIK