Nacedero del Urederra

LA Reserva Natural del Nacedero de Urederra es visitada por más de 73.000 personas al año, y gran cantidad de ellas no respetan las normas para gestionar el entorno, siendo fácil ver a visitantes fuera del recorrido pisoteando la flora que se pretende proteger, bañándose en sus pozas, … sin olvidar los kilogramos de basura que se nos caen por el recorrido. Da la impresión de que cuando abandonamos la civilización y las ciudades nos olvidamos de las sencillas normas de comportamiento que éticamente debemos respetar. Porque nadie es especial, y todos queremos sacar la mejor fotografía desde un ángulo que casualmente se encuentra fuera del recorrido, pero ¿qué ocurriría si las 73.000 personas nos saltamos el vallado para sacar esa fotografía? Pues que este privilegiado entorno se deteriorará con la rapidez con que lo está haciendo. Aunque quizás la razón principal de que no respetemos las normas de conducta que normalmente deberíamos es que a todas horas nos encontramos sometidos a tener que cumplir las normas (algunas absurdas) que nos imponen y que algunos privilegiados no las cumplen, y por una vez nos gustaría ser uno de ellos, para que sin tener conciencia de lo que provocan mis actos, pueda tener esa fotografía. O simplemente que la enseñanza que estamos recibiendo no nos inculca los valores adecuados, por lo que nuestro sistema educativo no funciona. Podemos ver innumerables anuncios en Internet, revistas de viajes, periódicos, panfletos en todas las oficinas de turismo, casas rurales, hoteles… Que hacen lógico que acuda la multitud que acostumbra.

Hemos podido leer en la prensa que el Gobierno de Navarra está estudiando medidas para llevar a cabo una gestión correcta (que sustituya a la desastrosa actual), por lo que podemos deducir que, quizás, se cobre una entrada para acceder a la reserva, por lo que puede parecer que en estos tiempos de crisis no vamos a poder hacer nada sin rascarnos nuestro desgastado bolsillo, ni siquiera dar un paseo por la naturaleza. Pero la crítica que todos hacemos no es que quizá tengamos que pagar sino, ¿en qué se va a invertir ese dinero? y ¿a dónde va a ir a parar? Otra opción que quizás se esté barajando es la de un cupo máximo de visitantes, que variará dependiendo del impacto que se estime que pueda soportar el Nacedero. Pero creo que no se le puede enseñar un caramelo a un niño y luego no dárselo. Porque no es lógico que se le dé una repercusión mediática tan grande a un lugar y después ponerte trabas y no dejar que lo visites cuando quieras o puedas. El problema está en que la decisión de cómo se gestiona este enclave tan singular corresponde a unos incompetentes que, sentados en los cómodos sillones de sus despachos, debaten sobre las posible soluciones para resolver el problema.

Llevo padeciendo todo lo explicado durante los últimos años en los que he trabajado como vigilante, y me parece muy complicado que las soluciones se obtengan de estas personas que no viven in situ el problema y que, por lo tanto, desconocen la realidad que día a día se vive en la reserva. Y prueba de ello son los absurdos cambios de normativa que se dedican a establecer, por ejemplo, si se permite entrar perros o no, como si esto fuera lo más importante. Porque parece que nadie sabe o nadie quiere saber qué es lo que de verdad ocurre, ya que los organismos que se deberían ocupar de mantener el orden (guardas forestales, Seprona, patrulla medioambiental de la Policía Foral) brillan por su ausencia, encontrando únicamente y durante un periodo de tiempo reducido la figura de un insignificante vigilante que no puede hacer más que informar. No se puede gestionar bien un lugar sin conocer de primera mano y sin vivir lo que allí ocurre, por lo que invito a las personas que van a decidir qué cambio de rumbo se va a llevar a cabo, a que reflexionen sobre las ideas y decisiones que van a tomar, ya que el único perjudicado hasta ahora es el Nacedero del Urederra.

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