Ferocidad

Un texto publicado en la sección de Cartas al Director de este diario el 18 del corriente mes de noviembre, recordaba al infame cura-verdugo, capellán del presidio de Ocaña, que remataba a los fusilados con su propia pistola.

Esto hecho nos recuerda que en su libro biográfico Fiesta, el escritor José Luis de Villalonga nos dice que en la pared de la mazmorra de Mondragón, donde los franquistas fusilaban a los que no pensaban como ellos, colgaba un espantoso cartel que decía: “Feliz el condenado, porque conoce la hora de su muerte. Tiene así la mejor ocasión de poner en orden su alma antes de morir”. Lo firmaba el llamado Padre Martín Torrent, titulado Capellán General de Prisiones de España.

Esas dos alimañas formaban parte de la manada que constituye el primer Estado del mundo que apoyó y bendijo el fratricidio franquista y del que no se sabe haya pedido todavía perdón por los crímenes que bendijo o que ejecutó directamente, por sí misma o por sus esbirros.

Deia