Henri Parot, cuyo apellido sirve para designar la doctrina jurídica que anuló recientemente el Tribunal de Estrasburgo, está y seguirá estando en la cárcel. Es perfectamente legal que sea así. Sin embargo, con la campaña de desinformación de la semana pasada se ha querido hacer creer a la gente que esta decisión no obedecía a la aplicación retroactiva de la ley -ésta es justamente la práctica que ha sido impugnada-, sino a una tipo de condescendencia, por no decir complicidad, con el terrorismo. Se ha llegado a afirmar, incluso, que la culpa era de una conspiración secreta que auspició Zapatero, un pobre hombre que, a fuerza de risitas insustanciales, apenas interpretaba un papel. El esperpéntica manifestación del PP contra la sentencia judicial de un tribunal internacional (premonición: a medio plazo vendrán otras sentencias de este tipo, pero relacionadas con Cataluña) permite entender un clima de degeneración política que lleva a un cambio profundo e irreversible. La inseguridad jurídica en España ya no es, desde hace unos días, un rumor: ha quedado nítidamente ratificada por la sentencia de un tribunal internacional. Esta sentencia, en todo caso, no afecta todavía al Tribunal de Orden Público (TOP) actualmente denominado Audiencia Nacional. ¿También esto es un rumor? Seguramente. El TOP fue disuelto el día 4 de enero de 1977, y la Audiencia Nacional fue fundada -¿lo adivinan?- El 4 de enero de 1977. ¿Son lo mismo, pues? ¡Bah, cuadrilla de malpensados! Pura casualidad. El artículo 24.2 de la Constitución española dice que todos tienen derecho a un “juez ordinario”, es decir, territorial, pero, evidentemente, este artículo se interpreta utilizando la parte del extremo superior de la barba, el que la conecta con el resto de la pilosidad craneal masculina, es decir, la patilla.
Desde finales de la década de 1970, hablar -o simplemente hacer una vaga referencia- a estas cosas constituye un tema tabú. El problema es que esto tiene un precio, y ahora está muy a la vista. Detrás, o debajo, de la doctrina Parot hay un debate que no tiene nada que ver con el tal Parot, sino con la voluntad de disponer de la figura de la cadena perpetua sin que esta figura conste nominalmente en ninguna parte. Como este círculo cuadrado es imposible, existe el zurcido que ahora acaba de ser anulado por los jueces europeos, o también trucos como el hecho de que sea “revisable”. ¿Es necesario que una persona que haya matado a docenas de inocentes a sangre fría, o un violador de niños multirreincidente, pase el resto de su vida en la cárcel? Yo tengo mi opinión sobre esto, pero no creo que tenga nada que ver con el contenido de este artículo. Primero conviene hablar de otra cosa, formular una simple pregunta: ¿abrimos un debate sobre la posibilidad de una reforma clara y sin eufemismos sobre esta cuestión, o bien dejamos las cosas como están? Más claro, el agua. En caso de que en España se implantara la cadena perpetua -lo que implicaría una reforma constitucional, porque modificaría la naturaleza de las instituciones penitenciarias como mecanismo de “reinserción social”-, los jueces de Estrasburgo no dirían nada. El asesino del cineasta Theo van Gogh, Mohammed Bouyeri, fue condenado a cadena perpetua porque resulta que en Holanda existe, y en muchísimos otros países también. La doctrina Parot era una manera muy curiosa de hacer tortillas sin romper huevos, y lo que se condena sólo es el uso de la retroactividad, no otra cosa.
¿Por qué, en vez de hacer juegos de manos “revisables” para niños, Gallardón no abre este debate, y termina así con esta situación de inseguridad jurídica? Porque podrían hacerse daño. Y siguiendo con otros tabúes muy diferentes, pero que también valen un ojo de la cara, ¿por qué no eliminan la inútil y monstruosamente cara estructura administrativa que llevó al café para todos? Porque podrían hacerse daño. ¿Y por qué -siguiendo con asuntos de una naturaleza muy diferente- no se cierra el tema del Sahara Occidental, cuya soberanía de jure continúa vinculada a España? Porque podrían hacerse daño. Para terminar: ¿qué hacemos de un monumento construido por personas esclavizadas, como el Valle de los Caídos? Nada, porque podríamos hacernos daño. ¡La lista sería tan larga! En todo caso, la lista de tabúes empieza a ser igualmente extensa, y con un personaje como Rajoy en la Moncloa lo será aún más. Los problemas se irán pudriendo, y esta podredumbre generará más y más infecciones, porque todo lo que sea diálogo o deliberación lo sitúan siempre a la altura de la capitulación.
ARA





