Está bien que los ministros del gobierno español hablen mucho, porque cuanto más hablan, más se retratan. A veces sin querer. Leo que el ministro español de industria ha criticado, pensando en el catalán, a aquellos gobiernos que prefieren tener una televisión autonómica que combatir la malnutrición de los niños. La frase tiene un fondo enorme. Si el señor don José Manuel Soria hubiera criticado a los gobiernos que prefieren tener una televisión que alimentar a los niños, habría sido simplemente un demagogo clásico, de manual.
Sería una contraposición absurda, pero efectista y populista. Ciertamente, difícil de hacer por parte de un ministro -y además del ministro de un gobierno que mantiene una televisión pública enormemente deficitaria- pero cosas más extrañas se han visto.
Pero lo que convierte la frase en deslumbrante es que habla precisa y exclusivamente de televisiones autonómicas. Se supone que quiere decir que es escandaloso y no tiene ningún sentido mantener TV3 si hay niños catalanes con malnutrición… pero que tiene todo el sentido del mundo mantener TVE aunque haya niños españoles con malnutrición. TV3, la televisión en catalán, es algo superfluo, prescindible, identitario, que sólo se explica por el capricho de un gobierno enloquecido por la lengua y la identidad.
En cambio, TVE -que como todo el mundo sabe no tiene ni lengua ni color, es celestial, no contaminada por ninguna manía partidista ni identitaria- es algo imprescindible. Por supuesto más imprescindible que la nutrición de los niños. Lo que hace el Estado, lo que se hace en favor del castellano, lo que hacen ellos en su favor, es imprescindible. Lo que hace la Generalitat, lo que se hace en favor del catalán, lo que hacemos nosotros -aunque sea en concepto lo mismo y en coste infinitamente menos- es ostentoso, lujoso, prescindible y sospechoso.
Pero hay una segunda lectura de la frase de Soria. Los gobiernos autonómicos prefieren tener televisión que alimentar a los niños. Mientras que la existencia de una televisión pública estatal no compite con la alimentación de los niños, porque alimentar los niños es cosa de las autonomías. No del Estado. ¡Caramba! Si la malnutrición de una parte de la población no es problema del Estado, ¿para qué demonios tenemos Estado?
La malnutrición de los niños no es un problema del sistema de enseñanza -competencia de la Generalitat- sino también el marco económico, de las políticas económicas, de las políticas sociales, del marco laboral, de la legislación básica, del sistema de financiación de cada una de las instituciones, y todo esto es competencia del Estado. Soria se ha retratado.
En su modelo, lo que hacen las autonomías por las lenguas y las culturas diferentes a la castellana es prescindible, redundante y pecaminoso. Y el Estado, que tiene todo el derecho a hacer lo que le valga por la lengua y la cultura castellana, no es responsable en absoluto del bienestar de sus ciudadanos. Esto es cosa sólo de las autonomías. ¡Y a eso lo llaman una España solidaria, descentralizada y respetuosa con la diversidad!








