La batalla por el poder en UPN apunta a buenas dosis de dureza y malas artes. No son nuevas estas pugnas internas en UPN, casi forman parte de su propia idiosincracia como partido. Sólo el mandato de Sanz al amparo del poder en el Gobierno de Navarra tranquilizó las inquinas históricas en el seno del partido. Ahora, con la posibilidad democrática de que las urnas apeen a UPN de los sillones del poder, la trama se recrudece. Y no tiene fácil solución. Barcina, atosigada por la presión de su equipo más cercano, se ha revuelto contra el pacto que había aceptado inicialmente. Se ha convencido -o le han convencido- de que en efecto ése pacto era su derrota política, y ha optado por batallar. Barcina se lo juega todo a una carta. Sabe que si las bases no le apoyan, su pertenencia al establishment político foral en el que lleva cómodamente instalada desde 1996 habrá llegado a su fin. Por eso, el fin de ganar volverá a justificar los medios que sean necesarios. Ya lo están viendo los afiliados y el resto de la sociedad navarra. Catalán también arriesga con su decisión de competir con la Barcina, pero menos. Tiene el apoyo directo de Sanz, y eso y el conocimiento real de las bases del partido le otorga ventaja. Pero esta batalla pura y dura por el poder en UPN es también el síntoma de su debilidad. UPN es un partido surgido de las entrañas de aquella transición impuesta que acabó en desencanto democrático. Y es el mismo régimen que instauró aquella transición el que ahora está en crisis total. Su tiempo, su modelo político ha pasado. No tiene cabida entre las inquietudes y necesidades de la sociedad del siglo XXI, porque ni sus instituciones -todas en una profunda crisis-, ni su discurso, ni sus falsos consensos, ni sus representantes, muchos embadurnados de corrupción, son capaces de dar respuesta a las demandas y problemas de los ciudadanos ahora. Y a UPN le arrastra esa misma desconexión con la realidad social en Navarra tras más de 20 años de poder. A UPN le falla el discurso. No hay nada más allá del recurso al miedo, al tradicional que vienen los vascos. Ese antidemocrático o yo o el caos. La misma idea que utiliza Barcina para presionar a los militantes en su favor. O yo, o se acaba el Gobierno. Navarra está en juego si no gobierna UPN. Los otros navarros no son buenos navarros. Son gentes nacionalistas, vasquistas y de izquierdas. No son gente de ley y orden. Ha sido la única aportación ideológica hasta ahora en la batalla entre Barcina y Catalán. Lo de siempre. Vuelta al manido Navarra está juego. En realidad, el discurso del miedo descubre su miedo a perder el poder, su miedo a la voluntad libre y democrática de los navarros y navarras. El miedo de un régimen anclado en una visión particular, clientelar y reduccionista de Navarra, cada vez más alejada de la Navarra real que conforman las nuevas generaciones de ciudadanos y ciudadanas en este siglo XXI. Lo que ocurre es que ese miedo es ya pasado. Como la transición y su bipartidismo impuesto y forzado forman parte de un tiempo y una sociedad que ya no existe. Es otra, también en Navarra. Han intentado invisibilizar a una buena parte de la sociedad navarra y han fracasado.
http://www.noticiasdenavarra.com/2013/02/17/opinion/mesa-de-redaccion/la-batalla-en-upn







