EL fútbol es, además de un deporte, un gran negocio y un canalizador de sentimientos de pertenencia. Tres elementos que lo han ido convirtiendo en un fenómeno social para muchos desmedido. La selección española, más allá de sus méritos deportivos indiscutibles, conforma desde su apogeo un indiscutible potencial político-simbólico. Un icono cuya enorme capacidad movilizadora constituye un caramelo para el centralismo. La publicidad de algunas marcas ha tomado nota y se ha vestido de connotaciones ideológicas reafirmantes como las de Yo soy español, Sí, somos España, o Unir a todo un país. El imaginario de la unanimidad del pueblo español exultante ha asomado como consigna en bastantes medios: Todos con España o Todos con la Roja. Como en Fuenteovejuna, solo que pasando por alto dos pequeños detalles. Primero, que para muchas personas el fútbol tiene mucha menos importancia que la que nos pintan. Y segundo: que guste o no, la Roja es un combinado discutiblemente nacional en algunas comunidades, lo que hace que sus triunfos no se sientan homogéneamente. Y precisamente por esa realidad que no escapa a nadie, ABC aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid editorializó tras la victoria ante Italia tratando de llevar las aguas a su molino: España es mucho mejor cuanto más unidos están los españoles en torno a un objetivo, a un proyecto o a una idea común. En El Mundo el ministro José Ignacio Wert escribió: “este es un país que vuelve a creer en sí mismo”. Y el articulista Salvador Sostres extrajo del triunfo, como no, doctrina económica neoliberal. Tampoco se quedó atrás El País, que en un análisis titulado España sí puede se leía que la selección era un “ejemplo ante la crisis”. Como las ideologías se miden también en pequeños detalles, hasta el bueno de Vicente del Bosque antes de terminar la Eurocopa hizo una declaración con mucho fondo político: “Este equipo es el reflejo de la España ideal”. dijo el seleccionador en ABC. “Aquí no se nota si hay catalanes, vascos, madrileños o de cualquier otra comunidad”. Aparte de que por ejemplo, poco tardaron Piqué, Xavi o Cesc en sacar una senyera al término de la final, se trata de una sentencia profundamente reveladora. ¿De verdad esa es la España ideal, la uniforme, la que no se manifiesta plural y en la que se invisibiliza la diferencia? Según muchos sí. Al fin y al cabo es lo que implícita o explícitamente nos transmiten a diario la mayoría de los medios. Pero es un imaginario irreal y cuestionable. Y tampoco genera verdadera concordia.
http://www.noticiasdenavarra.com/2012/07/09/opinion/cartas-al-director/futbol-y-nacionalismos







